Cayetana Álvarez de Toledo, nueva portavoz de los populares en el Congreso, foto PP

Llama poderosamente la atención la capacidad que tienen las derechas para ponerle etiquetas y adjetivos al feminismo con el fin de domarlo, moldearlo, diluirlo y en definitiva anularlo como movimiento que lucha por los derechos de la mujer. Si hace algún tiempo Inés Arrimadas y Albert Rivera inventaban aquello tan paradójico y hasta surrealista del “feminismo liberal”, hoy es Cayetana Álvarez de Toledo, portavoz parlamentaria del PP en el Congreso de los Diputados, la que se ha proclamado “feminista amazónica” de la escuela de Camille Paglia, una polémica autora considerada como “feminista post-feminista”.

Paglia, la referencia cultural de Álvarez de Toledo, ha dicho cosas como que “el resentimiento contra los hombres que enseña el feminismo moderno es puro veneno” y que no le hace “ninguna gracia la proyección histérica según la cual la sexualidad ha quedado reducida a depredadores masculinos y víctimas femeninas”. Además, rechaza “todo lo que tenga que ver con presentar a las mujeres como víctimas” y se opone “a toda protección especial para las mujeres, adopte la forma que adopte”. Y para rematar, denuncia que la gente ya no sea “capaz de diferenciar entre un hombre horrible como Harvey Weinstein y un gran artista como Plácido Domingo (…) Se están destruyendo carreras porque sale una mujer de la nada y lanza una acusación referida a hace decenas de años”, ha aseverado.

No cabe duda de que Camille Paglia es una provocadora más próxima a la derecha política tradicional que al feminismo, un movimiento que siempre ha sido progresista y alejado de cualquier posición retrógrada o conservadora. Pero Álvarez de Toledo y las autoras en las que dice inspirarse son así, expertas manipuladoras del lenguaje, trileras de la retórica que tratan de convencer a la opinión pública de que se puede ser más de derechas que Franco y seguir siendo feminista. Evidentemente, esa idea es una aberración no solo intelectual, sino también lógica y filosófica, pero se abre camino en las sociedades modernas a base de propagar mentiras y crear falsas polémicas, un territorio en el que la portavoz parlamentaria del PP se siente como pez en el agua.

Pero más allá de que Álvarez de Toledo se inspire en alguien que como Camille Paglia se encuentra a años luz de un feminismo genuino y sincero y que vive ya de la provocación por la provocación, conviene preguntarse qué demonios será eso del “feminismo amazónico” que dice profesar la representante del Partido Popular. Sin duda, estamos ante otra broma de mal gusto de la señora diputada, alguien que se toma a chanza el grave problema de la desigualdad de género. Inventar coletillas y adjudicarlas al concepto inicial del feminismo, más por desvirtuar el movimiento legítimo de liberación de la mujer que por avanzar y superar el problema del machismo (que existe, claro que existe), solo contribuye a generar confusión en la sociedad. Y ese es el gran peligro que entrañan los juegos retóricos de la número 2 de Pablo Casado. Porque confundir al personal y denigrar la democracia es precisamente lo que pretende hacer la extrema derecha de Vox, un partido del que el PP debería mantenerse alejado.

Cayetana Álvarez de Toledo asegura que ella vive el 8M como una “celebración de los logros conseguidos por la mujer en los últimos años” y niega que España tenga un problema con el machismo. Todo para terminar desmarcándose de las manifestaciones organizadas para ese día, a las que dice que no irá alegando que no comparte el “feminismo imperante en España”. Por eso Álvarez de Toledo ha pedido que no se la incluya en “un bloque monolítico llamado mujeres”, otra gran contradicción, ya que no se puede defender el derecho a la igualdad cuando alguien ni siquiera se reconoce como parte de ese colectivo del que forma parte, cuanto menos, el cincuenta por ciento de la población.

Todo en Cayetana es desmesura, abstracción y paradoja. Según explica, existen dos formas de vivir el Día de la Mujer: una como “una protesta enfadada y pesimista contra una presunta cultura heteropatriarcal capitalista, formada por hombres decididos a oprimir a las mujeres” y otra como “un día de celebración de la impresionante modernización de España, antes incluso de la llegada de Pedro Sánchez, Carmen Calvo o Irene Montero al poder”. El argumento de Álvarez de Toledo no resiste una mínima crítica intelectual, ya que por lo visto la señora diputada del PP no ha entendido que el 8M las mujeres salen a manifestarse por la mejora de sus derechos como personas, por la igualdad y sobre todo para que no las maten unos señores que creen que sus parejas les pertenecen, como un mueble, un coche o un perro. Hoy el 8M es más necesario que nunca, no solo porque siguen existiendo abusos y discriminaciones de ellos contra ellas, como demuestran los datos oficiales −sobre todo los que se refieren al mercado laboral y a las diferencias de salario−, sino porque las cifras sobre violencia machista (el machismo es lo que en realidad está detrás de la violencia de género) se incrementan año tras año, de una forma espeluznante, sin que el Estado sepa dar una respuesta eficaz.

No se trata de decir que toda mujer es víctima de sus “hermanos, padres, maridos, hijos o parejas”, como asegura muy demagógicamente Cayetana Álvarez. Faltaría más. Por supuesto que hay mujeres felices que no sufren ningún tipo de daño ni discriminación (en buena medida gracias a la lucha secular de generaciones de mujeres que antes dieron sus vidas para que hoy otras puedan disfrutar de derechos civiles). Pero también las hay que sufren esa persecución y no son pocas. En cualquier caso, los circunloquios y retóricas vacías de la portavoz parlamentaria popular parece que últimamente están perdiendo su poder de influencia en su propio partido. Así, la secretaria de Políticas Sociales de los populares, Cuca Gamarra, ha anunciado que su formación política acudirá este año a las celebraciones del Día de la Mujer, aunque aprobarán un manifiesto propio sobre este tema. Y voces importantes como la del líder gallego Núñez Feijóo o el andaluz Juanma Moreno Bonilla ya han desautorizado a la joven portavoz, quien por lo visto se queda cada día más sola en su intento de radicalizar al Partido Popular y de escorarlo todavía más a la derecha hasta confundirlo tanto con Vox que sean la misma cosa.

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