Foto: José A. Gómez

En la misma medida en que la democracia iba madurando en España, el Banco Santander iba ganando poder e influencias. Han sido muchas las operaciones en las que se ha visto beneficiado por la indulgencia de los tres poderes y, sobre todo, de la mayor parte de los medios de comunicación. En las últimas décadas, antes y después de la inesperada muerte de Emilio Botín, la ciudadanía española ha visto cómo se pagaron jubilaciones multimillonarias a José María Amusátegui y a Ángel Corcóstegui para que dejaran el campo libre al presidente del Santander sin que fuesen condenados; se ha visto cómo se archivó la querella presentada por Rafael Pérez Escolar en referencia a la intervención de Banesto por delitos como apropiación indebida, falsedad en documento mercantil, revelación de secretos, uso de información privilegiada, cohecho, prevaricación, estafa o malversación de caudales públicos que fue archivada por Baltasar Garzón justo antes de que se marchara a Estados Unidos en un viaje pagado por el Santander. Todo ello por no hablar de la doctrina Botín o de los 2.000 millones ocultos en el HSBC de Suiza ni, por supuesto, del caso Banco Popular.

El Santander se ha convertido en una razón de Estado y, en cuanto tiene dificultades, ahí ha estado el gobierno de turno, ya fuera Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero o Mariano Rajoy. Esperemos que Pedro Sánchez no se incluya en esta lista negra, aunque todo indica que va camino de ello, en este caso por omisión pasiva.

Respecto al Caso Popular, hay que decir que el sistema sabía de las dificultades que estaba pasando el Santander y se puso a trabajar para evitar su caída. El modus operandi del primer movimiento es tan similar a la operación del Popular que se podría interpretar que fue un simulacro de lo que vendría después.

Ahí hubo un hombre clave, Fernando Restoy que fue subgobernador del Banco de España y presidente del FROB de 2012 a 2016. Antes había sido vicepresidente de la CNMV, organismo del que salió entre polémicas. A Restoy se le llegó a vincular al PSOE. De hecho, fue nombrado subgobernador a sugerencia socialista mientras que Luis María Linde fue gobernador por la del PP. Durante esos años mantuvo una relación tirante con el «padrino» del Gobernador, Luis de Guindos. Con el paso de los años, la relación entre el actual vicepresidente del BCE y Linde se agrió por la oposición del segundo a algunas decisiones atrabiliarias del primero durante la reestructuración financiera y, en cambio, la relación entre De Guindos y Restoy se fue destensando. Ya saben, la ley de los vasos comunicantes.

Desde mediados de 2015 la preocupación sobre la situación del Banco Santander era vox pópuli en el mercado. El banco cántabro era y es una cuestión de Estado. Fernando Restoy maniobró para que el banco portugués Banif (Banco Internacional do Funchal), intervenido y bajo custodia del Estado portugués cayese en manos del Santander, en detrimento de otros competidores, en una solución atípica ya que contenía un esquema de protección de activos a pagar por el Estado y que los técnicos estiman que proporcionó más de mil millones de euros de beneficios al Santander. Restoy se implicó personalmente en la adjudicación de Banif, para perplejidad de Carlos Costa, Gobernador del Banco de Portugal.

Banif —un problema mayúsculo para el país vecino— era una pieza menor y sólo alivió transitoriamente las cuitas de Santander. Otra cosa diferente era el Popular, sus once mil millones de patrimonio, su capacidad de generar beneficios y su liderazgo en el negocio de pymes; un objetivo prioritario para arreglar las cuentas del Santander, sobre todo desde que en el mes de febrero de 2016 el primer ministro británico, David Cameron, anunciara la celebración del referéndum del Brexit. Concretamente, ese anuncio se produjo tres días después de que Emilio Saracho contratara al despacho de cabecera del Santander y el mismo día en que fue nombrado presidente de la entidad a la que llevó a la resolución. Nada es casual, créannos, na-da.

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1 Comentario

  1. Hay Rajoy que verguenza para los gallegos,venderse al Sanladron.Este tio junto con el ladron de <Guindos fueron de los principales artifices del robo del Banco popular arruinando a mas de 1200.000 españoles.Disfrutar con las prebendas recibidas,tarde o temprano lo pagareis.Y se mete en el mismo saco a Ponce del frob y a la botina entre otros.Dais asco a las mas de 300.000 FAMILIAS robadas.

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