El año 1992 trajo las luces de la Expo Universal sevillana, Olimpiadas y medallas españolas a Barcelona más la capitalidad cultural europea que centró Madrid. Sin embargo, desde el 13 de Noviembre se congregaron las sombras de la peor España. Desparecieron tres niñas, Miriam, Toñi y Desirée, de 14 y 15 años, cuando hacía autostop. Pretendían divertirse en discoteca del vecino Picassent desde Alcasser, donde vivían, en la provincia de Valencia.

El 27 de enero de 1993, justo 75 días después de una desaparición que no quedó huérfana de búsquedas y angustias familiares, aparecieron los tres cadáveres. Estaban vejadas tan desafortunadas jóvenes en un barranco próximo al pantano de Tous, también en las entrañas de la provincia valenciana.

Las cuestionadas pesquisas policiales y la conmoción por tan trágico desenlace condenaron a dos delincuentes, Miquel Ricart y Antonio Anglés. El último huyó hasta hoy, ni lo apresaron ni nadie sabe dónde está. Esa incógnita, las desavenencias entre familiares de las víctimas, teorías alternativas y conspiraciones, oportunismos de técnicos, periodistas y demás factores que sobrepasan el sentido común hicieron del caso ‘Niñas de Alcasser’ un antes y un después en la historia reciente del crimen español. La ética en la información periodística salió trastocada.

Netflix y los huesos

Pocos saben que en España hay un oficioso ‘turismo del crimen’. Puerto Hurraco (Badajoz) o Paradas (Sevilla) serían parada obligatoria. Una serie televisiva, rigurosamente sustentada por Ramón Campos y Elías León capitaneando un equipo que dio voz a quienes se relacionaron y sufrieron este caso criminal ha resucitado -ante la opinión pública- hasta los más nimios detalles del magnicidio. Las incógnitas siguen intactas, aunque ahora parecen mejor explicadas y justificadas.

Una pareja de televidentes viajó hasta el barranco donde aparecieron las niñas para conciliar su morbo. Descubrieron osamenta de miembros superiores humanos. Los analiza el laboratorio de Criminalística de la Guardia Civil por orden judicial. La marca negra ‘Alcasser’ retoma actualidad. Hora de que aparezcan ‘expertos’ sobre lo que haga falta. El hoy forense jubilado Dr. Frontela fue raudo ante la pequeña pantalla pronosticando que ‘en unos meses habrá novedades’. En los noventa analizó parte de los cuerpos contratado por las familias a las que se ofertó gratuitamente, según declaró a los medios en su día.

Pocos saben que en España hay un oficioso ‘turismo del crimen’. Puerto Hurraco (Badajoz) o Paradas (Sevilla) serían parada obligatoria

Las más palpitantes informaciones sobre ‘caso Alcasser’ jubilaron anticipadamente de la televisión a Nieves Herrero en su día. La periodista inyectó morbo prescindible a entrevistas y comentarios cuando el caso estaba vivísimo. Acaso no supo marcar terreno entre información y vísceras. El reto lo sobrelleva ahora con excelencia publicando bestsellers y entregada a la radio, medio donde Herrero es una voz necesaria.

Netflix, en cuatro capítulos, diseccionó una conmoción popular. Abordó los cimientos de la sociedad española y traspasó las fronteras de cómo se elabora la información. No solo por la brutalidad que se empleó para matar y desprenderse del cuerpo. También por la explotación que los medios informativos hicieron del caso ‘Alcasser’. Aquel punto negro que, obviamente, multiplica el sufrimiento de un pueblo, muchas familias y quienes tuvieron nexos con un asunto que a nadie deja indiferente.

Muere Juan Ignacio Blanco

Tras una penosa enfermedad, la desaparición del criminólogo y periodista ha destapado la peor España negra, la que sonroja. Es un personaje que centró los últimos años de su vida en sustentar una tesis que le sentó en el banquillo y condenó. Todo lo obró un público entregado a las más peregrinas teorías conspirativas.

Blanco no es un advenedizo, ni un cualquiera. Curtido reportero de EL CASO recorrió España informando sin estridencias en un semanario (1952-1997) que hoy centra tesis doctorales, documentales televisivos, ensayos y antologías. Especializado en información criminal y hechos insólitos fue el precursor del periodismo de investigación español. Fundado por Eugenio Suárez, alojó en su redacción a Margarita Landi, la reportera pionera, a Juan Rada, Jesús Carlos Fernández Sedano, Enrique Rubio, Pedro Costa o quien suscribe, que fue su corresponsal andaluz entre 1983 y 1986. Blanco ascendió, desde enviado especial y reportero experto hasta la dirección de EL CASO.

Ese bagaje le valió para frecuentar capítulos del programa de Tele5 ‘Esta noche cruzamos el Missisipi’ que digiera Pepe Navarro entre 1995 y 1997. Ahí, junto a Fernando García, padre de una de las niñas asesinadas en Alcasser que acabó divorciado, repetía que las muertes tuvieron ‘cabezas de turco’ en el dúo Anglés & Ricart. Los verdaderos culpables eran poderosos que pagaban platino por videos ‘snuff’’ donde abusaban menores, los violaban hasta asesinarlos. El trofeo sería una mano de la víctima. Blanco dijo atesorar unos videos de tan repugnantes prácticas pero jamás los vio nadie, pues lo negaron varios señalados: un párroco, García y su círculo íntimo.

Los excesos de Blanco y García fueron el detonante para que Pepe Navarro corriera la misma suerte que Nieves Herrero en la pequeña pantalla. Desde que cruzó al lado malo del Missisippi ha desaparecido de las parrillas televisivas y protagoniza demandas de toda clase, incluidas las relativas a su vida sentimental. A Tele5, no obstante, le ha ganado sentencias con sustantivas indemnizaciones por atribuirle en falso infidelidades. El caballero cordobés y antaño líder televisivo suele estar muy bien acompañado

Al César lo que es del César

La técnica del montaje (frame up, según los norteamericanos) la hizo suya Blanco. E hizo negocio del caso, dando conferencias, publicando artículos y hasta un libro (¿Qué pasó en Alcásser? 1998) que fue secuestrado por publicar fotos inconsentidas de las autopsias de las menores. Blanco, además, fue condenado en firme por quienes se sintieron difamados por una palabrería carente de prueba. La nómina de difamados incluye policías, guardias civiles, familiares y quienes le insistían que sacara los dichosos videos del escondite. Es decir, la verdad es que hay videos ‘snuff’ y son tesoros para pederastas VIP, pero de los Blanco no aparecen. Preguntamos ¿Existen?.

Más condenas y dinero compartieron Blanco y García recaudando calderilla en ferias de pueblo apostolando un mensaje, el de la conspiración, que acaso será verdad si este caso tiene más verdades, más videos, más objetividades que quienes hacen caja con el morbo y la pena. Obviamente, Blanco tiene legión de seguidores que creen en las mentiras que, repetidas muchas veces, parecen verdad.

Hay una duda: si se evidencian esas orgías de poderosos con las niñas de Alcasser al alma de Blanco deberíamos pedirle perdón. Pero ya pasó con el Papa Clemente (el palmariano Gregorio XVII), un ex vidente de vírgenes que se quedó ciego. Si hubiera recuperado la vista en vida, la Iglesia vaticana derrumbaría sus dogmas y milagros. Ese Papa sevillano y bon vivant murió ciego, tras disfrutar placeres mundanos del dinero ajeno. Blanco murió sin entregar a la Justicia los videos que decía tener. Su negocio fue otro: la obsesión conspiranoica.

No esperamos que la resurrección del ‘Caso Alcasser’ suma novedades sobre lo ya manido. Si son verdad los pronósticos del Dr. Frontela tras el verano ’habrá novedades’, pero esta frase la repitió en otros casos donde participó como forense y, como la canción de Julio Iglesias, ‘la vida sigue igual’.

Geografía de la impunidad

HUELVA. En 1988 a Rosa de Lima Sanz la asesinó –torturada- una secta en Mazagón tras serle seccionados sus genitales en un ritual donde bebían orines de animales y se euforizaban con coca adinerados profesionales madrileños. La líder sectaria se desposó con un muerto del que recibía órdenes. La Audiencia de Huelva condenó al grupo, pero aquella semilla germinó en otros lares.

Una sentencia del Supremo dice que a la menor Ana María Jerez Cano la asesinó un delincuente, ‘El Boca’, que insistía en su inocencia desde 1991, cuando le detuvieron. Un curandero agonizando, en 1995, dio tan precisos detalles de cómo murió la menor que vinculan la muerte a rituales satánicos. En los ochenta profanaron cementerios de la provincia. Los luciferinos siguen impunes, sobre camposantos y menores.

SEVILLA. Desde 1984 la muerte de Paquito Reyes, que apareció maniatado, violado y calcinado dentro de un saco no halló culpable; aunque fueron detenidos tres jesuitas de parroquia próxima a su domicilio en un barrio obrero en el extrarradio hispalense. El ‘caso Torreblanca’ sigue impune 35 años después.

La verdad judicial del ‘caso Arny’ absolvió a famosos y millonarios. Condenó a los responsables de un garito donde se prostituían menores hasta 1996. El asunto tapó una sutil especulación inmobiliaria y orgías de VIPs, clérigos, aristócratas y profesionales con chicos forzados en la capital, campo de Gibraltar y el Norte de Marruecos.

ALMERÍA. En 1987 aparece el cadáver de Ana Lirola brutalmente agredido y desangrado tras ser violada en una zanja de El Ejido. Negligencias investigadoras, autopsias parciales y alternativas a lo obrado por la Guardia Civil no descartan que una trama se cobrara la vida de Lirola. Un sospechoso, de nacionalidad cubana, fue absuelto aunque estuvo encarcelado meses. Nadie sabe quién mató a una mujer cuya libertad y vitalidad la frenó una noche. La impunidad cercó el caso.

SAN SEBASTIÁN. Las diligencias policiales y judiciales desvelan abusos, chantajes y más orgías con menores que se ligan al prestigioso fotógrafo donostiarra Kote Cabezudo. Políticos, empresarios y adinerados de la cúpula social aparecen en sumarios que avanzan lentamente y amenazan más actuaciones legales. La trama del abuso a menores con el ansia de ser modelos tendría tentáculos en Senegal.

VALENCIA. En 1989 tres jóvenes aparecen muertos en Macastre tras ir de excursión. La última vez fueron vistos en un bar de Catadau. 30 años después nadie ha sido procesado, ni existen pistas válidas para establecer la autoría de las muertes. Las teorías del triple crimen no aclaran la identidad de sus probables responsables. Es un antecedente del ‘caso Alcasser’ al tener triplete de víctimas que fallecieron en escenarios próximos.

CASTELLÓN. En Benicarló, un bar de carretera con camas llamado ‘España’ centra las peores tramas de prostitución y abuso infantil. Un centro de menores cercano, una casa de lujo y una probable trama franco-italiana de pederastas ‘a la carta’ culminan una trama increíble donde maridan fabuladores con público que les aplaude con políticos, una jueza, empresarios y los demonios privados de mentes calenturientas. La verdad nadie sabe dónde está. Pero hay incontables sumarios y trabajos periodísticos con la macabra marca ‘Bar España’

INTERNET. Su parte oculta, grupos de mensajería y las denominadas ‘redes sociales’ es donde más anonimato e impunidad encuentran pederastas, abusadores y mercaderes repulsivos. Expertos policiales no cejan en el empeño de desvelar estas tramas, perfectamente organizadas y ubicuas. Cada vez cometen fechorías con más sofisticación. Llamativamente, cuando hay redadas, o se da por ‘desarticuladas’ las tramas poco sabemos de las identidades de los encartados y si éstos sobreviven en sumarios. Suelen tener medios para zafarse de cualquier responsabilidad, extender su impunidad y seguir delinquiendo con otras identidades, espacios y soportes. Así es la cara ‘B’ de la tecnología vanguardista, la fibra óptica, las TICs y ese ‘Gran Hermano’ que sólo ve una parte de lo que quieren que sea vea, o dicen que sea ve, o se denuncie.

1 Comentario

  1. Perdona, compañero, te equivocas en decir que JIB pasó por el caso sin estridencias. En El Caso, tú no lo sabes porque nunca estuviste allí, todos despreciábamos profundamente a Juan Ignacio Blanco por ser un inventor de historias y no un periodista. Por ejemplo, una de las mentiras que ha difundido, y que tú difundes, es que llegó a ser director de El Caso. Eso es falso. Fue redactor jefe durante una corta temporada cuando Joaquín Abad, el director por entonces, se llevó a Almeria la tirada de El Caso. JIB, al que el resto de redactores conocíamos con el sobrenombre de El Chota (ya sabes lo que es un chota en términos carcelarios), era un sobrevenido al mundo del periodismo de sucesos. Debió trabajar no más de año y medio en El Caso. Os engañó a todos. Pero no tenéis culpa. Engañó a media España contando esas demenciales teorías sacadas de MANIPULAR el sumario de Alcasser. Un saludo muy cordial. Pedro Avilés, periodista en plantilla de El Caso, y de Interviú que siguió e investigó el tema. Un tema más para nosotros, para los que realmente éramos periodistas especializados en sucesos. Nunca consideramos a Juan Ignacio Blanco periodista, sino lo que era, un buscavidas vendedor de crecepelo en ferias de pueblo.

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