Cada vez que Pablo Casado se dirige a Bruselas causa un destrozo irreparable a la imagen y los intereses de España. No hace falta recordar aquella infame carta que la europarlamentaria popular Dolors Montserrat envió el pasado verano a la Comisión Europea, en la que mostró su “fundada preocupación” ante los supuestos “abusos” cometidos por el Gobierno de Pedro Sánchez durante el Estado de Alarma y por el hecho de que el fondo de 140.000 millones de euros en ayudas a España contra la pandemia –mayoritariamente en forma de subsidios a fondo perdido– pudiera convertirse en un “rescate” financiero encubierto ante la “nefasta gestión económica” del Ejecutivo de coalición. Además, el PP criticó la gestión que Sánchez quiere hacer de todo ese dinero y el excesivo peso que socialistas y podemitas pretenden dar a las cuestiones sociales. Aquella maniobra política de Casado dejó boquiabiertos a los representantes de la Comisión Europea, que nunca antes habían presenciado un caso tan flagrante de antipatriotismo y deslealtad de un político contra su país.

La conjura/traición del patriota Casado saltó a las primeras páginas de los periódicos nacionales e internacionales y desde entonces el PP había bajado el nivel intensidad beligerante contra Sánchez en Bruselas hasta que hoy el licenciado máster por Harvard-Aravaca ha vuelto a las andadas. La ambición desmedida del jefe de la oposición y su sueño de derrocar a los socialistas a toda costa le lleva a hacer casi cualquier cosa, incluso torpedear unas ayudas fundamentales para la reconstrucción del país. Ayer mismo, fuentes oficiales del Partido Popular informaban de que Casado volverá a denunciar al Gobierno español ante las instituciones europeas si Pedro  Sánchez lleva adelante su reforma del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), que permitiría renovar a los altos cargos de la judicatura sin necesidad de contar con el tradicional acuerdo entre PSOE y PP. Cabe recordar que el sucesor de Rajoy ya denunció en su día ante Bruselas el nombramiento de Dolores Delgado como fiscal general del Estado al considerar que su anterior puesto como ministra de Justicia la inhabilita para ese cargo. En realidad la reforma que prepara el presidente del Gobierno es un intento desesperado por acabar con el bloqueo sistemático del jefe de la oposición, empeñado en paralizar las altas instituciones del Estado como los órganos judiciales superiores, el Defensor del Pueblo y el Consejo de Administración de Radio Televisión Española. El propio Casado ya ha anunciado que volverá a dar la batalla en Bruselas: “Es a donde iremos si [Sánchez] pretende tomar al asalto el Consejo”.

Una vez más, la queja del PP pondrá en serio peligro la adjudicación de las ansiadas ayudas europeas, un maná caído del cielo que España necesita como agua de mayo para llevar a cabo la reconstrucción del país. Sin duda, Europa podría dar un golpe en la mesa y decir hasta aquí hemos llegado por culpa del gallinero que Casado monta de cuando en cuando con la intención de perjudicar los intereses españoles en la UE. Ya hay serios precedentes. En las últimas semanas la Comisión Europea ha amenazado con cancelar las subvenciones a Polonia y Hungría debido a que ambos países suspenden el examen de calidad democrática, un test que la UE suele poner como condición sine que non entre los 27 socios de la UE.

Es cierto que el caso español jamás podrá compararse con Polonia y Hungría (por mucho que insista Casado) ya que hablamos de Estados donde los gobiernos nacionalistas influidos por la extrema derecha llevan meses aplicando medidas más propias de sistemas políticos autoritarios que de democracias avanzada. El compromiso de España con la democracia es indiscutible y así se percibe en Bruselas, pero en ello está el líder popular: en intentar demostrar que nuestro país es una especie de dictadura chavista y bananera del Mediterráneo donde no se respetan los derechos humanos. Y si para conseguir sus fines tiene que cargarse las ayudas europeas tan necesarias para la subsistencia de millones de familias españolas en apuros sin duda no le temblará el pulso.

La barahúnda que Casado pretende montar en Europa para dinamitar la Moncloa y de paso la credibilidad de España no gusta en el PP. La defensa cerrada que el líder popular está haciendo de Isabel Díaz Ayuso, pese a la nefasta gestión sanitaria de la presidenta en la pandemia, desagrada a determinados barones de Génova 13. A algunos les chirría el tono duro y por momentos ultra que emplea el joven dúo Casado/IDA, una estrategia de crispación y tensión constante que aleja al partido conservador español de la imagen de alternativa seria de Gobierno y del siempre aparcado giro al centro, donde Ciudadanos le está comiendo parte de la tostada. Las últimas encuestas son demoledoras y dan una pérdida de al menos 18 escaños al PP en las próximas elecciones generales. Hay quien incluso, en petit comité, reniega abiertamente del “ayusismo” y dice aquello de “a mí que no me mezclen con esa señora”. Tampoco gusta el excesivo centralismo, ya que Casado se ha volcado en Madrid como bastión desde el que reconquistar el poder algún día, mientras otras comunidades como Galicia o Andalucía se sienten desplazadas del centro neurálgico en la toma de decisiones.

Es evidente que Casado se está encontrando con núcleos fuertes de resistencia entre nombres importantes del PP que tampoco ven con buenos ojos su disparatada táctica de torpedear las ayudas de Bruselas, unos fondos que no benefician al Gobierno sino en última instancia a los españoles y a las empresas en apuros. El “cuanto peor mejor” y el “así reviente España mientras nosotros lleguemos al poder” no convence en los sectores más moderados del partido de la gaviota, de modo que este nuevo intento de Casado por boicotear los 140.000 millones de subvenciones europeas va camino de ser un tiro que al líder del PP le puede salir por la culata.

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