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Casado tiene un problema que se llama Núñez Feijóo

El líder gallego sale fortalecido tras lograr que la comunidad autónoma que gobierna sea la primera del país en llegar a la fase de “nueva normalidad” tras la pandemia de coronavirus

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Galicia ha sido la primera comunidad autónoma en volver a la “nueva normalidad” tras superar la pandemia. Sin duda, es todo un triunfo que el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, tratará de capitalizar al máximo de cara a las próximas elecciones regionales que todas las encuestas le dan como seguro ganador. El líder gallego ha trabajado con eficacia, tesón y en silencio a lo largo de toda la crisis epidémica y ahora recoge los frutos cosechados. Ha cumplido a rajatabla con los protocolos sanitarios (sin protagonizar caceroladas de ricos, ni rebeldías absurdas ni desafíos impostados con el Gobierno de Madrid); ha gestionado con eficacia los recursos sanitarios siempre escasos; y no ha entrado en sucios montajes contra Pedro Sánchez o en polémicas teorías conspiranoicas contra el vicepresidente Pablo Iglesias o el ministro Grande-Marlaska, como sí ha hecho el líder del PP nacional, Pablo Casado, o su homóloga madrileña, Isabel Díaz Ayuso.

Indudablemente, Feijóo sale limpio, fuerte e inmunizado del brote contagioso que a los gallegos les ha tocado de refilón. Todo lo contrario que la cúpula de Génova 13, que tendrá que cargar con el peso de la vergonzosa oposición que hizo y que fue denunciada hasta por el New York Times. Hoy ya no cabe duda de que el líder gallego lo ha hecho bastante mejor que el jefe e infinitamente mejor que otros barones territoriales, como la presidenta de Madrid, cuya gestión ha resultado un auténtico fiasco (ahí está el horror de las residencias de ancianos que la perseguirá siempre).

Ayer, el hombre de moda del PP decidió que había llegado el momento de sacar pecho por los exámenes aprobados con nota y se ponía en modo estadista, apelando a la “estabilidad institucional” ante las “borrascas” que asoman en el horizonte tras la crisis del covid-19. Además, defendió trasladar al Congreso de los Diputados el “sosiego dinámico” de autonomías como la gallega frente a la “crispación que atenaza la política nacional”. Por si fuera poco, ha alabado la gestión de los presidentes regionales, ha defendido la “cogobernanza” puesta en marcha por Pedro Sánchez durante las semanas de desescalada y ha defendido a capa y espada el modelo autonómico, el “punto fuerte del Estado y no su talón de Aquiles”. ¿Qué más se puede pedir de un líder centrado y centrista que parece llamar a la puerta del futuro PP para inquietud de Casado?

Feijóo se presentó ayer como un demócrata fiable y aseado, un descentralizador federalizante, un representante de la derecha racional, moderna y a la europea frente a ese PP montaraz, carpetovetónico y trabucaire que se ha echado al monte con la extrema derecha de Vox en busca de aquella España mítica, la España una, grande y libre franquista y preconstitucional.

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Las palabras del presidente de la Xunta llamando a la moderación y criticando la política de trincheras o barricadas ya se han interpretado en el partido como una declaración de intenciones y una crítica directa a la estrategia de Pablo Casado. A buen entendedor pocas palabras bastan, dice el viejo refrán castellano, y esta vez el barón territorial gallego le ha enviado a la dirección nacional un mensaje subliminal, escueto, casi telegrafiado en un tuit, del que en Madrid han debido tomar buena nota.

El mandatario gallego emerge de esta crisis sanitaria como un líder sensato que sabe lo que hace y que es consciente de lo que más le conviene al país, sin dejar de fiscalizar duramente a Sánchez pero situado en las antípodas de la retórica argentina cainita, dura y vacía representada por Cayetana Álvarez de Toledo. Sin duda, a Núñez Feijóo le chirría y le pitan los oídos cada vez que la portavoz parlamentaria popular en el Congreso, mano derecha de Casado, sube al atril para montar uno de sus habituales pollos en las sesiones de control al Gobierno. Los circos y espectáculos poco edificantes a los que los españoles han tenido la desgracia de asistir todas estas semanas de epidemia no van con el presidente de la Xunta. “No albergo dudas de que la crispación que atenaza la política nacional no tiene sustento social. España no es así y los españoles no somos así”, ha sentenciado casi al nivel de Ortega y Gasset. Si esto no es un dardo envenenado para su superior y su delfina, la XIII marquesa de Casa Fuerte, que baje Dios y lo vea. No obstante, Feijóo demuestra ser un viejo zorro que siempre tiene unas palabras de consuelo a mano para que sus compañeros de Madrid no vean amenazadas sus poltronas: “El PP ha estado a la altura de las circunstancias, sin duda”.  

El presidente orensano cree que se podría haber luchado con mucha mayor eficacia contra la pandemia sin gobiernos “minados por debates estériles”. Una vez más, Núñez Feijóo quiere aparecer como el buen gestor que busca el bien común y que rehúye el navajeo político, el sainete, el esperpento y el “debate bizantino” (véase si fulano o mengano es hijo de uno del FRAP o de un camionero, lo cual no le interesa a nadie). “Basta con alejarse del cráter del volcán y acercarse a la mayoría de las comunidades autónomas para respirar un ambiente distinto” al de Madrid, añade en otra frase lapidaria para la historia que redondea diciendo que los gallegos están muy lejos de “ruidos ajenos a su idiosincrasia”.

Escuchando al presidente de la Xunta disertar sobre el “galleguismo español y europeo”, sobre el “autonomismo solidario”, la cogobernanza y el modelo territorial que ha superado con éxito “la prueba”, uno tiene la sensación de que está hablando un melenudo con gafas de pasta del Bloque Nacionalista y no un señor del PP de derechas de toda la vida. Y es que Casado ha llevado el partido tan a la derecha, tan cerca del falangismo de Vox, que ahora Núñez Feijóo parece un peligroso batasuno a la gallega.

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