Esquerra Republicana de Cataluña amenaza con salirle rana a Pedro Sánchez y el presidente del Gobierno en funciones ha pasado al plan B, o sea buscar apoyos allá donde pueda. Esta misma mañana se ha reunido con Pablo Casado, líder del PP, en los despachos del Congreso de los Diputados. Una reunión de tres cuartos de hora de la que no parece haber salido ninguna noticia interesante. Los populares siguen en sus trece de no abstenerse en la sesión de investidura. Prefieren que no haya Gobierno y dejar que España siga hundiéndose en el fango de la parálisis antes que dar su brazo a torcer. Pablo Casado, El Empecinado, pasará a la historia como el gran bloqueador de una España que necesita reformas con urgencia. Su discurso no se sostiene. Por un lado abomina de un Ejecutivo socialista con el apoyo de los independentistas mientras por otro insiste en la obstrucción, la demagogia y el filibusterismo parlamentario. Es como el perro del hortelano, que ni come ni deja comer. Pocas veces en democracia hemos visto a un político con tan poca generosidad, con tan escasa talla como estadista y con tan poco amor por su país.

Pero Sánchez, consciente de que Esquerra puede fallarle en cualquier momento, se ha reunido a primera hora con el presidente del PP. Eran las 9.40 cuando ambos líderes políticos escenificaban un apretón de manos ante los medios de comunicación que ha tenido más de actuación, de puesta en escena, que de intento eficaz por sacar al país de la grave situación en la que se encuentra. El gesto serio de los dos interlocutores lo decía todo. Esa foto era la viva imagen de la impotencia, de la decadencia del sistema bipartidista, del cainismo permanente y estéril como forma de entender la política. Un hombre que ha ganado las elecciones y que quiere poner en marcha las reformas que necesita el país y otro que ha hecho de la pequeñez, del palo en la rueda y de la patada en la espinilla un estilo propio inconfundible.

Casado insiste en que “Sánchez ya ha elegido” y en ese mantra, en esa cantinela de disco rayado, se ha atrincherado sin ver más allá. En realidad su decisión ya estaba tomada desde el pasado sábado cuando, durante la comida de Navidad del PP, decidió elevar el tono contra Sánchez. “Que no espere nada el lunes porque va a encontrar un partido que es la alternativa para acabar con esta deriva nacionalista y anticonstitucional de un socialismo que ha perdido su esencia”, afirmó Casado, que por momentos recuerda a aquellos músicos del Titanic que seguían tocando la misma melodía una y otra vez mientras el transatlántico se iba a pique. En este caso lo que puede hundirse es el buque agrietado del PP, que prefiere arriesgarse a sufrir el sorpasso de Vox en unas nuevas elecciones antes que facilitar un Gobierno en España.

La ceguera de Casado puede llevarnos de nuevo a la ruleta de las elecciones y en esa ordalía o juicio final de las urnas el PP puede sufrir un nuevo y definitivo revés de los ultras, que andan disparados en las encuestas. La obstinación del líder popular es tal que no ha caído en la cuenta de que una nueva convocatoria electoral puede terminar con Santiago Abascal de líder de la oposición y él relegado al gallinero del Congreso. Algo así ya le ha ocurrido a Ciudadanos, cuyo presidente, Albert Rivera, ha terminado en la cola del paro por su terquedad y su irracional cordón sanitario a Sánchez. Vox lo adelantó por la derecha como ahora puede adelantar al PP pero, lejos de rectificar, Casado insiste con contumacia en el error de cálculo.

Cerrada la vía de la abstención de la derecha, el próximo movimiento de Sánchez será tratar de recabar apoyos en Cs. Hoy mismo se reúne con la portavoz de la formación naranja, Inés Arrimadas, de la que espera una abstención que se antoja imposible. No parece que haya ninguna posibilidad de que Arrimadas facilite el desbloqueo, de modo que la sucesora de Rivera ha decidido seguir los pasos del Inem de su ya exjefe retirado. Unas nuevas elecciones supondrían para Ciudadanos el certificado de defunción de ese partido, pero una vez más nos encontramos ante una profecía autocumplida sin que Arrimadas parezca dispuesta a evitar el suicidio naranja. Aquí todos caminan alegres y ufanos hacia el negro precipicio con el crepúsculo decadente del régimen del 78 como telón de fondo.

Lo que le queda a Sánchez no es mucho. A partir del martes contactará por teléfono con los presidentes autonómicos, también con Quim Torra. De Esquerra no puede esperar nada, ya que lo primordial ahora para los republicanos catalanes no es el futuro del país, que le importa más bien poco, sino la decisión que tome el Tribunal Europeo sobre la inmunidad de Oriol Junqueras. De modo que el inmovilismo y el egoísmo sectario de unos y de otros nos aboca sin remedio a nuevas elecciones. El capítulo final de ese desastre llamado España. Un país que vive instalado en el revanchismo, el odio y la mediocridad infantiloide de sus políticos. Y así no se puede.

Apúntate a nuestra newsletter

Dejar respuesta

Comentario
Introduce tu nombre