Pese a que la Comisión de Reconstrucción del país ha terminado como el rosario de la aurora, Ana Pastor cree que no todo está perdido y que aún es posible alcanzar un acuerdo in extremis entre el Gobierno y el PP. “Esto es una votación en una Comisión, pero el momento definitivo es el Pleno del Congreso”, recordó a los periodistas a las puertas del Congreso de los Diputados tras finalizar la última sesión de la mesa de trabajo, donde las distintas fuerzas políticas redactaron el documento de conclusiones. Pastor, una veterana de la política que sabe manejar los tiempos de la negociación, sigue siendo optimista y considera que hay “muchos días por delante” para lograr un documento pactado que “sea bueno” para los españoles. “Quedan casi 20 días, podremos avanzar y acercar posturas”, insistió en su canutazo televisivo ante la prensa, que la abordó a los pies de Daoiz y Velarde.

Sin embargo, pese al voluntarismo y las indudables buenas intenciones de la que fue ministra de Sanidad con Mariano Rajoy, da la sensación de que todo el pescado está ya vendido, salvo sorpresa de última hora antes de la semana del 20 de julio, cuando las conclusiones de la Comisión de Reconstrucción pasarán al Pleno del Congreso de los Diputados para su debate y votación. Cada día que pasa parece más evidente que Pastor fue elegida como portavoz popular en la Comisión porque quedaba bien su perfil dialogante y constructivo, porque suavizaba tensiones en medio del fragor de la crispación entre Gobierno y oposición y porque su talante negociador ayudaba al juego del despiste, mientras eran los duros de Génova 13 quienes en realidad marcaban la estrategia obstruccionista y filibustera entre bambalinas.

Hoy ya sabemos que Ana Pastor quería hacer mucho y no la han dejado hacer nada. Si de ella hubiese dependido, habría consensuado con el Gobierno, sin dudarlo, un documento bueno para todos los españoles. Como médico, Pastor sabe bien lo que es la Sanidad española. Conoce las carencias y el sufrimiento de sus profesionales, el problema endémico de la falta de inversión y recursos y las eternas promesas incumplidas. Por eso es plenamente consciente de que la Seguridad Social se nos está cayendo a trozos. La Sanidad pública española no era la mejor del mundo, como nos habían contado los políticos, y tras el tsunami de muerte y devastación del virus ha quedado para el arrastre. Tal es así que los expertos advierten de que un nuevo brote similar al del pasado mes de marzo colapsaría totalmente los hospitales, urgencias y centros de salud de todo el país.

Pastor está al corriente de todo eso porque se lo cuentan sus compañeros de carrera que están al pie del cañón y porque fue ministra del departamento. Por eso, a lo largo de las últimas semanas de debate en la Comisión de Reconstrucción siempre ha intentado dialogar, pactar, consensuar un plan de choque con el Gobierno. Ella es perfectamente consciente del enorme peligro que corren los españoles si la Sanidad no se refuerza con más medios humanos y materiales antes de que llegue el temido rebrote o estalle una nueva pandemia. Cuando Pablo Casado la colocó como portavoz popular en la comisión parlamentaria parecía que la intención última del PP era lograr cuanto menos un acuerdo de mínimos en algo con lo que no se debería hacer demagogia barata o política basura, ya que está en juego la vida de millones de personas. Fue el momento en que el presidente del Partido Popular optó por ella en detrimento de Cayetana Álvarez de Toledo, dispuesta a dinamitar la mesa de trabajo desde el minuto uno.

Algunos quisieron ver en aquella apuesta por la veterana exministra del defenestrado Rajoy un indicio del posible giro al centro de Casado tras meses de crispación y maniobras de acoso y derribo contra el Gobierno. Nada más lejos. Fue otro espejismo. Ayer, el PP volvió a las andadas y votó en contra de todo, de las medidas económicas urgentes para la reactivación de las empresas y de las ayudas sociales para proteger a las familias más castigadas por la crisis. Los populares ni siquiera fueron capaces de apoyar el ansiado y necesario plan de choque para la Sanidad pública y se abstuvieron contra todo pronóstico, como también votaron abstención cuando llegó el momento de debatir el documento que pedía unidad y un frente común de las fuerzas políticas españolas a la hora de pelear por las ayudas europeas en Bruselas. Entonces se vio que todo había sido un paripé, un brindis al sol, una trampa más de Casado. Había quedado claro que el líder del PP nunca había tenido ni la más remota intención de firmar un solo acuerdo. Fue así como Pastor, la moderada, dialogante y negociadora Pastor, quedó desautorizada por el jefe por la vía de los hechos. Justo en ese momento, cuando salió a dar explicaciones a los periodistas sobre el resultado de la frustrada Comisión de Reconstrucción, quedó al descubierto el montaje, la tramoya, el papel de figurante que le habían asignado en esa obra de teatro, mientras la estrategia del “no a todo” la seguía marcando, en la sombra, la verdadera elegida por Casado: la dura durísima Cayetana Álvarez de Toledo.

Finalmente, a Pastor la enviaron a dar la cara ante los periodistas y tuvo que hacer verdaderos ejercicios de equilibrismo retórico para defender lo indefendible, es decir, para argumentar por qué el PP no se había sumado al trascendental pacto por la Sanidad votando a favor. Sus excusas sonaron vacías, incomprensibles para la mayoría de los españoles, y llegó a poner como endeble excusa que PSOE y Unidas Podemos habían suprimido del documento final de conclusiones la palabra “víctima” para referirse a los afectados por la pandemia. Pastor tuvo que improvisar las justificaciones injustificables y las débiles coartadas, entre ellas que el Gobierno había rechazado casi todas las propuestas del PP relacionadas con el sector sanitario, entre ellas el reconocimiento de una paga extraordinaria al personal afectado por el covid-19 y la creación de una oficina de atención a las víctimas de la pandemia. Con esas vanas argumentaciones, Pastor explicó una de las abstenciones del PP más infames de los últimos tiempos, lo cual ya es decir. El partido que pretende gobernar España algún día se puso de perfil cuando tocó votar “sí” a mejorar la salud de los españoles. Tras garantizar que su grupo seguirá trabajando con el Gobierno para conseguir un acuerdo antes del Pleno del 20 de julio, Pastor se despidió de los periodistas, bajó la cabeza y enfiló lentamente por la Carrera de San Jerónimo. Una vez más, la disciplina de partido la obligaba a callar cuando tenía mucho que decir.

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