El presidente del PP, Pablo Casado, ha tendido la mano a Pedro Sánchez para colaborar en la reconstrucción del país tras la pandemia. El líder popular se ha puesto en modo elecciones gallegas y hoy tocaba sacar a pasear el traje de moderado, para no desentonar e ir a juego con Núñez Feijóo. Por descontado, en Moncloa ya se han dado cuenta de que la jugada huele a chamusquina y han advertido que la oferta ni es sincera ni es leal. Pero más allá de postureos y actos de propaganda electoral, cabe entrar a analizar la propuesta de pacto de un hombre que en lugar de remar todos a una para superar la crisis galopante, se ha pasado los meses de epidemia insultando al presidente, montando pollos en el Congreso de los Diputados y aliándose con la extrema derecha montaraz en turbias conspiraciones para derrocar al Gobierno. La última es esa antipatriótica ‘Operación Bruselas’ desplegada en los últimos días en el Parlamento Europeo, con la que el Partido Popular pretende torpedear desde el extranjero el paquete de jugosas ayudas que la UE ha adjudicado a España. Así es como entiende Casado la política: hay que sacar a Sánchez de la Moncloa a cualquier precio, incluso a costa de que los racistas hombres de negro holandeses recorten los fondos de los que tienen que vivir millones de españoles arruinados por el coronavirus.     

“En ese plan de recuperación económica el PP va a estar, pero va a estar con medidas eficaces”, aseguró a la prensa este fin de semana en tierras gallegas, donde acompañó al candidato Núñez Feijóo en su campaña para las elecciones autonómicas del 12 de julio. Sin embargo, el plan de choque económico que Casado se saca ahora de la manga –ese del que nunca hablaba en las sesiones de control parlamentario en los peores días de la epidemia, cuando por lo visto tenía otras prioridades políticas, como batir su propio récord de insultos contra Sánchez–, es bastante cuestionable desde el punto de vista político y técnico. De entrada, la pieza clave de su supuesto plan económico consiste en impulsar una bajada de impuestos como la llevada a cabo en Alemania para afrontar la recesión que deja la pandemia. Cabe preguntarse cómo diablos piensa Casado financiar el enorme gasto en Sanidad que deberá afrontar España en los próximos años para reforzar su red pública asistencial, tanto en hospitales como en centros de salud, de cara a prevenir próximas pandemias. Organizaciones sociales y sindicatos reclaman un incremento del gasto de 1.000 euros por persona y año para salvar el Sistema Nacional de Salud, hasta alcanzar el 10 por ciento del PIB en Sanidad en 2023 (en la actualidad España viene gastando poco más del 6 por ciento, lo que sitúa a nuestro país por detrás de 16 países occidentales). Pero es que además la mayoría de los grandes gurús del neoliberalismo mundial van en la dirección opuesta, es decir, creen que el Estado debe gastar más en protección social y en Sanidad para que los ciudadanos puedan estar abrigados ante los malos tiempos que se avecinan. Hasta Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional, ha defendido las políticas socialistas de Pedro Sánchez y el ingreso mínimo vital, que es un “buen instrumento por la igualdad” y que saluda con un efusivo “bravo”.  Pero Casado vuelve una y otra vez a las viejas recetas de siempre, de hecho, le molesta que Bruselas haya sido generosa con España y es partidario de que “las ayudas que vienen de Europa y que han sido propuestas por el Partido Popular Europeo, se administren bien”. Nada dice, por supuesto, de dónde estaban él y su partido cuando Sánchez y el primer ministro italiano, Giuseppe Conte, daban un puñetazo en la mesa exigiendo préstamos a fondo perdido para los países pobres del sur, ante la cicatería y el egoísmo de las potencias xenófobas europeas. Probablemente, Casado andaba entretenido organizando las caceroladas de los “cayetanos” y revisando los informes manipulados de Pérez de los Cobos para abrir una causa general contra el feminismo y el 8M.

Por tanto, nada parece cambiar en la estrategia de Casado. Su ofrecimiento al Gobierno para pactar un plan económico se antoja una trampa más de las que ha ido colocando a lo largo de la pandemia. La leve subida que le dan las encuestas del CIS es una escasa ganancia, una pírrica victoria, sobre todo teniendo en cuenta que el Gobierno ha llegado a estar contra las cuerdas a causa del lógico caos que supone toda pandemia. Nada hace pensar en un cambio de conducta del líder del PP, el traje de estadista le viene grande, pese a que hasta el propio Núñez Feijóo le ha afeado de alguna manera su oposición cruenta, visceral y a machete de las últimas semanas. “Las divisiones, los enfrentamientos, las subastas, las provocaciones no forman parte de nuestro ideario político”, alerta el solvente candidato gallego. “Somos un partido de Estado y el Estado nos reclama cautela, prudencia, gestión, certezas y confianza”, remata Feijóo, que de salir victorioso en las gallegas podría dar el salto a la política nacional, perfilándose como candidato a la Moncloa por el PP. Que vaya tomando nota Casado, porque alguien le puede comer la tostada por el centro, mientras él sigue en su enfermiza obsesión con Pedro Sánchez.

Apúntate a nuestra newsletter

2 Comentarios

  1. “Casado propone bajar los impuestos pero no dice cómo piensa financiar la Sanidad en los próximos años”.

    PSOE y Podemos proponen; mantener el poder adquisitivo de las pensiones, implantar una renta básica a perpetuidad. aumentar el gasto en sanidad y ampliar el estado social.

    Y saben como piensan financiarlo; ¿haciendo crecer la economía par recaudar más?¡, ¿bajando el nivel de paro para ahorrar en prestaciones?, ¿racionalizando el estado de las autonomías cerrando embajadillas, tv públicas y chiringuitos de amiguetes?, ¿potenciando el sector industrial, o de investigación?; NO ¡¡¡subiendo los impuestos¡¡.

    Una idea brillante que no se le había ocurrido antes a nadie. Veamos los ricos y las empresas tiene dinero; se les sube los impuestos y asunto resuelto. Más fácil imposible.

    Habida cuenta que incluso en los países mas pobres hay ricos, por qué no aplicar en todo el mundo, la solución milagrosa, de nuestros afamados economistas Pedro y Pablo.

Dejar respuesta

Comentario
Introduce tu nombre