El tiempo y las investigaciones judiciales van confirmando que las cloacas del Estado existían, como las meigas, y que han funcionado a pleno rendimiento en los últimos años de gobiernos populares. Baste como ejemplo el caso Villarejo y el feo asunto del chantaje policial y mediático al que fue sometida Dina Bousselham, la colaboradora de Pablo Iglesias a quien unos desconocidos robaron su teléfono móvil en un centro comercial para luego extraer información personal y del partido con la que supuestamente extorsionar al líder de Unidas Podemos. El sumario está en manos de la Justicia y será el magistrado Manuel García-Castellón quien determine si la sustracción del aparato, con sus archivos digitales, tenía por objetivo llevar a cabo una maquiavélica operación política y periodística de acoso y derribo contra Podemos.

El pasado domingo Iglesias, en un acto público, aseguró que los seis años de vida de la formación morada han sido “muy difíciles” debido a la “campaña de cloacas” que algunos sectores del Estado desplegaron a partir de 2015, cuando el proyecto de Unidas Podemos empezó a carburar con fuerza. “Hoy podemos sonreír y decir que no han conseguido sus objetivos, todos los aparatos del Estado y sus brazos mediáticos trabajando para que no entrásemos en el Gobierno, y hoy les decimos: Queridos amigos de las cloacas, estamos en el Gobierno”, afirmó Iglesias con rotundidad. Su mensaje ha sido claro y directo: el vicepresidente del Gobierno quiere encarcelar a los agentes de policía y periodistas que participaron en el chantaje contra él y contra Dina Bousselham.

Como no podía ser de otra manera, las palabras de Iglesias han sido recogidas de inmediato por el líder del PP, Pablo Casado, para hacer uno de sus habituales estofados dialécticos, un revoltijo donde cabe todo, desde la reunión en Barajas del ministro Ábalos con la enviada de Nicolás Maduro, Delcy Rodríguez, hasta la mesa de negociación abierta con Pedro Sánchez para tratar de resolver el problema catalán. Para Casado, Iglesias no ha sido víctima de ninguna extorsión, sino más bien al contrario, es el líder de Podemos el que “amenaza” a los medios de comunicación y a la oposición por “extremista” y “radical”. Además, ya puestos, ha arremetido contra Pedro Sánchez, al que ha acusado de no tener “ningún tipo de principios” y de hacer “daño a todas las instituciones”.

Por lo visto Casado se ha levantado hiperactivo esta mañana, con ganas de pelea, pero no deja de producir cierta extrañeza que el líder del partido que durante años dio cobijo a las cloacas del Estado se ponga ahora estupendo y exquisito invocando las leyes, la Constitución, el Estado de Derecho, la moral política y la Biblia en pasta. No deja de ser un sarcasmo que Casado quiera dar lecciones de ética política cuando su partido, el Partido Popular, aún no ha pedido perdón a los españoles por tantos años de latrocinio y corrupción y por haber dado cobertura a la mal llamada “Policía Patriótica”, un diabólico cuerpo de mercenarios, espías y oscuros sujetos policiales que no tenía otra misión que urdir montajes a destajo para desacreditar, desprestigiar y arruinar las vidas ajenas, sobre todo de los políticos de la oposición, como en los peores estados totalitarios. “Un vicepresidente del Gobierno de España amenazando a medios de comunicación es algo que debería analizarse en sus justos términos. Iglesias prefiere un sistema como el venezolano”, ha asegurado Casado poniéndose muy flemático y digno.

El presidente del PP cree que Podemos va “contra los medios de comunicación libres, contra los periodistas que sacan información de ellos y contra la oposición”, una afirmación si no peligrosa, cuanto menos arriesgada, sobre todo porque el juez García-Castellón ha abierto una potente investigación tras el robo del móvil de Dina Bousselham y todo apunta a que el montaje planeado por las cloacas del Estado −que Génova 13 consintió durante años en complicidad con cierta prensa amarillista sin demasiados escrúpulos−, puede reventar en cualquier momento, salpicando de nuevo, una vez más, al Partido Popular.

Más le valdría a Casado mantener la prudencia y la discreción de su lengua sobre un asunto que está sub judice y en el que hay demasiados ángulos oscuros y demasiados indicios que anticipan una verdad demasiado terrible, como es el hecho de que elementos incontrolados de la Policía trabajaron clandestinamente, fabricando pruebas, espiando y grabando la vida privada de las personas bajo las órdenes de altos mandos de Interior. De eso nunca habla Pablo Casado, que es como una ametralladora dialéctica capaz de lanzar ráfagas de infundios y bulos a cien kilómetros por hora, sin importarle lo más mínimo, como a todo buen retórico sofista, si lo que dice es cierto o no.

A Casado nunca le ha interesado la verdad, tan solo desgastar al Gobierno y llegar al poder a toda costa y al precio que sea. Una estrategia, la de falsear la realidad, negarla y tratar de manipularla a su antojo que −por la experiencia reciente del PP en múltiples escándalos de corrupción−, ha resultado nefasta para el partido, si nos atenemos a los descalabros electorales cosechados por los populares en las últimas citas electorales. Produce sonrojo escuchar a este hombre hablar de ética política y dignidad con todo lo que está lloviendo en los juzgados. “Hay una doble vara de medir entre lo que hace la izquierda y la derecha, sobre todo en los casos de corrupción. La izquierda tiene patente de corso y superioridad moral”, ha asegurado no sin cierto patetismo. Casado se mueve entre la pura palabrería, la verborrea barata y la mentira. Una realidad distorsionada que ni él mismo se cree ya.

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1 Comentario

  1. Mira porque el Casado no quiera hablar de las cloacas del estado,porque el ppladron esta metido en las cloacas,y mas todavia desde que robaron el Banco Popular quitando la propiedad a mas de 1500.000 españoles.Verguenza te deberia dar Casado.

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