Estimado Pablo: Siempre trato de seguir tus excelentes discursos que me llegan gracias a la tecnología moderna. Esperemos que este espacio para la libertad de expresión no caiga en las garras de los inquisidores de este tiempo. En verdad, los contenidos de tus discursos contribuyen a echar luz entre las impenetrables sombras que ha dejado el franquismo. Cosa que te agradezco. Sin embargo, hace unas horas me sorprendieron algunas breves palabras que le has dedicado al papa Francisco. Es claro que antes de expresar tu opinión favorable dirigida al argentino Jorge Bergoglio confesastes tu postura de no creyente. Pero el juicio de valor ya estaba dicho y se convirtió en una suerte de sentencia de altísimo valor por provenir justamente que de un ateo. Nada menos. Pues me sorprendió sobremanera que un hombre de izquierdas, crítico de las derechas y ultraderechas, buceador permanente de la historia, le dedicara una especie de bendición a quien, como Jorge Bergoglio, ex arzobispo de Buenos Aires, fue activo cómplice-como lo fue la Iglesia Católica- de la sangrienta dictadura cívico-militar-clerical que en la Argentina cometió uno de los mayores genocidios de su historia. Por si faltara algo para confirmar aquella complicidad, el Papa Francisco sigue negando la apertura de los archivos que el Vaticano mantiene bajo siete llaves sobre los miles de desaparecidos en la Argentina, entre ellos decenas de niños repartidos como simples mercancías. Sinceramente, Pablo, no encuentro un solo punto de coincidencia entre un hombre de izquierdas como tú y la máxima jerarquía de una institución que también en España estuvo estrechamente ligada a sistemas de exterminio como el nazismo, el fascismo y el franquismo.

Te saludo con todo respeto.

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