Un año de cárcel por hacer bromas con la voladura de Carrero Blanco.

En este país se abrió, por utilidad, una espita que no va a gustar que yo reflote aquí. Existe un delito claro cuando con palabras se quiere hacer daño a una persona o un colectivo concreto, todos los códigos penales lo recogen y han recogido, pero no se puede condenar a nadie por defender con palabras lo que le dé la gana. ¿Quién pone los límites?

En España tú puedes celebrar una “cruzada” (guerra santa, la Nacional) sin que nadie te imponga límites salvo en lo técnico, todos conocemos qué tipo de historiadores se acogen al negacionismo en todas partes, sus inexistentes prestigios sólo sirven para confirmar las locuras de sus seguidores. No apoyo que lo hagan, sólo afirmo que basta la legislación tradicional para acudir a los Tribunales y que cada caso sea juzgado, no es bueno abrir causas generales salvo en extremos de subversión de una legitimidad democrática o crímenes de lesa humanidad. Sí, por esto deberían ser perseguibles todos los delitos en torno al 36; con carácter particular, empero, los vinculados a la sediciosa rebeldía golpista y el genocidio inmediato acaecido en los territorios sometidos, son diferentes. No es lo mismo cometer un crimen contra un terrateniente en nombre del anarquismo, contra un sindicalista en nombre de la propiedad, que son delitos con nombres y apellidos, que construir estructuras políticas y estatales para eliminar a una parte de la población y crear un Estado nuevo sobre la muerte de los demás. Y cada palo que aguante su vela. Yo lo tengo claro, a pesar del calamareo de algunos para mantener sus años de paz “ad nauseam”.

La espita abierta sirvió para asfixiar al entorno de ETA, encomiable fin pero ¿hermosos medios? Promover, constituir, organizar o dirigir grupos o actividades terroristas está y debe estar penado, coincidir intelectualmente con esos fines y expresarlo debería poder ser denunciado caso a caso, para comprobar si alguien promueve, constituye, organiza o dirige hechos de esa tipología… que puede ocurrir, pero no podemos legislar el pensamiento por repugnante que pueda parecernos, ¿qué deberíamos hacer con esos no-españoles-poco-patriotas que el día de lo de Carrero esbozaron una tenue sonrisa de alivio, con testigos que pudieran denunciar tibieza tal hoy?

Esta costumbre de sobrelegislar con ideología cutre y no con Derecho está viciando nuestros códigos hasta llevarlos al paroxismo. Hay que amparar a la familia de las víctimas para evitar el escarnio, pero este país debería poder llamar asesino a Franco y sus huestes… porque buscando la democracia hemos encontrado la horma de nuestro zapato, a medida, terminamos protegiendo a quien debería ser juzgado… Hace bien Podemos en solicitar la derogación del artículo 578 del Código Penal, que expresa la persecución del enaltecimiento del terrorismo, porque una cosa es ir contra los canallas con el Derecho en la mano y otra es clasificar prejuiciosamente los motivos por los que la ciudadanía defiende lo que quiera. Eso es la Justicia, lo otro: censura.

Por no hablar del humor negro, tan necesario como el verde, siempre nos piden corrección quienes nos “recomiendan” qué es lo correcto. Odio la bobería solemne de estos engominados punkies de corbata antisistema. Aunque ahora no sé si insulté a algún bobo (o boba o punk). Recuerdo a un Monthy Python preguntando a un soldado colonial de su Majestad Graciosa por su herida… y éste mostrando de repente un muñón: “Seria”, le contesta, o Ernst Jünger diciendo que el olor a cadáver les incitaba a guerrear en las trincheras… En este puto país (he dicho puto) se nos está yendo la pinza: los cristianos dicen que están perseguidos, algunas víctimas de terrorismo reparten carnés de patriota, la gente duerme en fosas perdidas y los dictadores en mausoleos megalíticos, les decimos a los argentinos, chilenos, uruguayos, guatelmatecos, salvadoreños… qué hacer con sus regímenes y represiones, mientras aquí languidecen las causas y hemos dejado que nuestros terrorismos más atroces perfundan una sociedad anestesiada con ignorancia pura, dura y maligna, hasta rellenar los intersticios de un poder que nunca han soltado.

¿Podemos hacer bromas con la voladura de la dictadura que representó Carrero Blanco? Quizá la Justicia española termine justificando encarcelar a quien lo haga… nuestro viaje a ninguna parte es imparable. Necesitamos una sociedad de pensamiento, no de sátrapas moralizantes.

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