En Santo Domingo, donde me encuentro para asistir a un acto cultural, a la premier de la película Culpables, protagonizada por mi hijo Juan Carlos Sued y dirigida por José Pintor, Pinky, me han llegado diferentes menciones a la excelencia de la entrevista concedida por Carmen Calvo en la Cadena SER. Me sorprendo de que muchas de ellas han venido de personas no muy cercanas a la vicepresidenta, incluso en el lado opuesto de lo que Carmen Calvo representa.

Realmente, lo que ha dejado claro en esta entrevista es que el presidente del Gobierno va a poder dormir tranquilo o marchar a viajes institucionales porque deja al Ejecutivo en manos de una mujer que representa lo que todo el mundo espera de un gobierno progresista, además de aportar coherencia ideológica y experiencia en la gestión.

Hoy Carmen Calvo ha dado una lección de todo ello repasando todos los aspectos de la actualidad política y social de este país. Además, ha analizado aspectos fundamentales para el desarrollo democrático de España, es decir, reformas que son clave para evitar que el sistema político de libertades y derechos se convierta en un coto privado gobernado sin control por poderes ocultos que no piensan más allá de sus cuentas de explotación.

La reforma más importante que tiene que acometer España es la de su Administración de Justicia, la revolución que quedó pendiente en la Transición y que está generando algo que es impensable de un tercer poder democrático: injusticias que siempre favorecen a las élites y perjudican gravemente al pueblo. Por esa razón, Carmen Calvo ha ratificado la intención del gobierno de coalición progresista de reformar el Código Penal y ha dejado claro que «no es tanta urgencia como necesidad. Hay tipos penales que no están a la altura del derecho comparado en Europa, que son anteriores a la Constitución, a nuestra democracia, se acompasan mal con acontecimientos no queridos». Estas palabras, dichas por una catedrática de Derecho Constitucional, son la muestra de cómo el sistema jurídico español está anclado en realidades muy anteriores a los tiempos actuales.

Evidentemente, hay sectores de la derecha «asilvestrada» por Vox, que ven en esta reforma un camino para suavizar el camino legal de los acusados y condenados por el procés. Por eso, Calvo ha remarcado, con buen tino, que el presidente Sánchez no hablará de este tema con ningún presidente autonómico, ni estará dentro de los temas a tratar en la mesa de diálogo con Cataluña.

En referencia a este tema, Calvo ha recordado que el procés fue un problema político heredado del Partido Popular, de la incapacidad de la derecha de resolver el conflicto político desde el diálogo y, por ello, ha sido contundente al reconocer que la apertura del camino del consenso no será fácil porque, si así lo fuera, «no habríamos vivido lo que hemos vivido. Los independentistas no van a dejar de serlo. ¿Hay otra opción distinta a sentarse con los que no piensan de la misma forma? Escuché a Esquerra decir durante la campaña que la vía unilateral se había acabado. Este Gobierno ya sabe cuál es nuestro sitio». Estas palabras son un ejemplo de cómo desde el gobierno se puede intentar solucionar el problema territorial desde el entendimiento y no desde el enfrentamiento.

Este Gobierno ha nacido con la oposición frontal de la patronal y de las élites económicas, empresariales y financieras por la derogación de la reforma laboral, la subida del Salario Mínimo o el aumento del gasto social del Estado. En este punto es donde Carmen Calvo ha dado una verdadera lección de democracia, de libertad y de saber quién es y lo que representan los dos partidos que forman el Ejecutivo, puesto que ha sido muy contundente a la hora de analizar la realidad a la que llevó esa ley de Mariano Rajoy redactada e implementada para proteger los intereses de las clases dominantes y someter a las clases trabajadoras.

Por esa razón Calvo ha afirmado que «estamos en el diálogo social, vamos a ver lo que ajustamos con los sindicatos. Hay asuntos de la reforma laboral que son urgentes y graves» y ha recordado que los despidos por baja laboral rozan la inconstitucionalidad que «una persona pueda ser despedida del trabajo si tiene un problema de salud». En referencia a la subida del Salario Mínimo Interprofesional Carmen Calvo ha dejado claro que no se puede continuar con la precariedad salarial que arrastran los trabajadores y trabajadoras de este país desde la crisis económica, una precariedad que fue impuesta por las derechas. Un socialista, una socialista en este caso, jamás debería ser cómplice de este hecho puesto que su misión es la de buscar los beneficios de la clase trabajadora y Carmen Calvo ha demostrado, una vez más, su coherencia ideológica al afirmar que «Queremos subir el salario mínimo profesional. No destroza empleo, sino que hace crecer otros elementos como el consumo […] El mundo empresarial sabe que somos un Gobierno que toma decisiones, pero que es prudente. Necesitamos cohesión social, que los ciudadanos sientan que el sistema les apoya. No hay crecimiento económico si no hay paz social».

Con respecto al pin parental, Calvo ha vuelto a ser coherente y ha defendido no sólo los derechos de los hijos, sino que ha mostrado una batería de argumentos democráticos y sociales que van más allá de cualquier discusión: «Es un ataque a la educación pública, que violenta los equilibrios de la comunidad docente. Todo eso ha costado 40 años hacerlo […] Vox es el fascismo organizado del XXI. Está intentando acabar con varios consensos que alcanzamos tras la dictadura, para que España fuera una democracia. Han empezado con la educación pública, capaz de fomentar la igualdad».

En consecuencia, Carmen Calvo hoy ha puesto en valor la Política, con «P» mayúscula. Por ello, Pedro Sánchez y el resto del gobierno deben estar tranquilos porque la vicepresidenta encarna los valores que este nuevo Ejecutivo de coalición progresista lleva implícitos y, en consecuencia, será la que aúne sensibilidades tan diferentes como, por ejemplo, la de Irene Montero con la de Nadia Calviño. El nuevo gobierno abre un nuevo camino a la esperanza y a la justicia social. Qué mejor que la coherencia, la experiencia y el conocimiento como elementos sobre los que cimentar el objetivo de la justicia social.

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