Lo ha ganado todo en el mundo de los rallyes, y lo sigue ganando: el alucinante último Dakar, pero nos hemos enterado por la prensa francesa -aquí nunca lo habíamos oído- que Sainz empezó en los circuitos, en la velocidad pura. Su nombre figura en un interesante reportaje titulado 17 CAMPEONES QUE NUNCA CORRIERON EN F1.

Cuando tuvo la ocasión de probar el inolvidable McLaren TS020 en Barcelona y en 1998 los observadores se quedaron ojiplátios cuando vieron que Carlos, en aquel momento casi tan joven como su hijo el piloto de Ferrari lo es ahora, era el más rápido en la pista, y le sacaba al siguiente clasificado nada menos que un segundo, y el piloto al que superó en Barcelona a bordo de un monoplaza era nada menos que Martin Brundle, ex ganador de Le Mans y piloto de F1 que ahora es un muy conocido comentarista y no olvida lo grande que era capaz de ser Carlos Sainz padre en un circuito.

Su carrera en el mundo de la velocidad no pudo seguir por falta de presupuesto, pero de algún modo el grandísimo campeón español, el más grande en el mundo de los rallys, siguió luchando y ahora él, su espíritu -porque de tal palo tal astilla- está en su hijo.

Cuando Carlos Sainz hijo gane su primer título mundial, y lo hará, nadie estará más contento y en paz consigo mismo que su progenitor: Carlos Sainz padre, “El Matador” como les gusta llamarle a los franceses.

Tigre tigre.

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