Es el aliento del público, la magia de todas las almas que le están mirando y le empujan y le inspiran, y logra que haga increíbles maravillas: Carlos Sainz en Montmeló: chapó.

Un error en la clasificación, en la cuali, le impidió salir entre los diez primeros. Su puesto era el doce. Pero ya en la salida -es brillante saliendo siempre- ganó dos posiciones. Y luego, tras larga batalla, consiguió adelantar al mismísimo Daniel Ricciardo: el hombre que ocupaba su puesto en la escudería Renault.

Pero sobre todo fue al final, en las trece últimas vueltas. Magnífico e impecable su adelantamiento a Dani Kvyat. Renault, Toro Rosso. Dos heridas quedaban cerradas y restañadas. El McLaren no tenía ninguna ventaja sobre sus rivales excepto las manos de su primer piloto.

Porque aún quedaba lo mejor por llegar. La lucha contra Roman Grosjean fue la perla más brillante del Gran Premio de España 2019. Tras pasar Sainz al francés, éste se coló por el atajo del bolardo y volvió a quitarle la posición; una maniobra al borde de la ilegalidad que ya había realizado dos veces Grosjean en su pulso contra Magnussen. Pero Carlos no se achantó. Volvió a por más… y recibió más: los dos bólidos se chocaron… pero ahí estaba la magia de toda la afición, la suerte que en esta ocasión sí se inclinó hacia el lado del piloto madrileño; y finalmente logró adelantar al francés y quedar en octava posición, con cuatro hermosos puntos y la alegría de todos los suyos, de todas las almas que le apoyaban y alentaban.

La mayor remontada de la carrera, de decimosegundo a octavo. Impresionante

La prensa internacional no ha dejado de aplaudirle. Y a nosotros aún nos duelen las manos.

El piloto de día oficialmente fue Max Verstappen, pero -en nuestra opinión- el pequeño premio simbólico lo mereció infinitamente más el gran Carlos Sainz.

Chapo.

Tigre tigre

 

Fernando Alonso muy cerca de su tercer título mundial

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