Necesita el agua, Carlos Sainz. En la lluvia las manos del piloto hacen más pequeña y menos crucial a la bestia mecánica, a la máquina.

Pero no se trata sólo de la carrera en Sochi, en Rusia. No es sólo la carrera ni la clasificación.

Se trata de lavar de una vez por todas la racha, ya demasiado larga, de pequeños infortunios.

El error en Monza de los mecánicos al cambiar la rueda aún sigue doliendo, aún sigue ensuciando el alma del piloto español, de El Español de Hielo.

Hace falta agua, agua de puntos, el agua de un buen resultado, el agua maravillosa -ojalá- de un podio, para limpiar los sinsabores y los malos momentos.

Agua.

Rusia y la lluvia. Pero es difícil mantener la esperanza. El McLaren parecía el viernes perezoso y dormido, como sin ganas. Dos segundos y medio más lento que su antiguo compañero de equipo en Toro Rosso, el afortunado Max Verstappen.

Carlos Sainz y Charles Leclerc y Max Verstappen, con monturas iguales darían un espectáculo maravilloso.

Aún todo puede suceder en Rusia. El Español de Hielo sabrá hacer honor a su apodo, mantenerse frío y sacar lo mejor de sí mismo.

La lluvia podría ser el aliado perfecto. Pero ahora hace falta que McLaren no vuelva a traicionarlo, que el motor Renault aguante, que Hülkenberg no se empeñe en darle otro beso…

El agua y la lluvia y Carlos Sainz. Cerremos los ojos, empujemos con el corazón y soñemos con ello.

Tigre Tigre

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