Lo de Carlos Sainz es para quitarse el sombrero y marcarse una sardana en la Puerta del Sol de Mad Madrid. Qué guapo se lo está montando el hijo del mejor piloto español de rallies de todos los tiempos.

Sainz estaba octavo, pero ha salido como el Correcaminos de los dibujos animados. Se ha zampado a su compañero, el excelente Lando Norris, y al piloto número dos de RedBull: Pierre Gasly (no le llamamos el Coyote, porque en Hungría hoy el Coyote ha sido Hamilton, y sí ha atrapado a su Correcaminos).

Lo alucinante amén de la salida fantástica, lo que para nosotros lo convierte en piloto del día, por delante de su antiguo compañero Verstappen, es cómo ha mantenido detrás al RedBull durante las ochenta vueltas de carrera.

Los TorosEnergéticos y el Doktor Marko estarán lamentado haberlo dejado escapar del equipo. Si Carlos hubiese seguido en RedBull ya tendría unas cuantas carreras ganadas, y habría que verlo -sería interesantísmo- luchando en las mismas condiciones con Max Verstappen.

En Alemania estuvo espléndido, y si hubiera arriesgado un poco más probablemente habría subido al podium, en Silverstone aguantó detrás nada menos que al mejor adelantador de la parrilla: Daniel Ricciardo; otro piloto que tampoco han sabido mantener en RedBull.

El control de sí mismo y la frialdad de la que ha hecho gala una vez más Carlos Sainz, el único piloto español en el momento actual en la F1, nos reafirma en el apodo que le pusimos en Silverstone: Carlos Sainz El Español de Hielo.

Una pena, Lobato y los demás comentaristas han protestado hasta quedarse con la boca seca, la poca atención que ha dedicado la realización internacional al español y a McLaren. La semana que viene haremos una sugerencia a Liberty Media, porque las retransmisiones de las carreras de Fórmula1 tienen mucho -muchomuchísimo- que mejorar.

Tigre tigre.

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