Nos ha salido de manera espontánea y rara el titular de esta entrada en Las Almas y la Fórmula 1. Pero hay algo de heroico, muy difícil, casi milagroso, en lo que está logrando Carlos Sainz en Fórmula 1 esta temporada. Y por algún reflejo extraño hemos pensado en las gestas también casi imposibles que protagonizaba Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid Campeador. Cuenta la leyenda que incluso ganó batallas de muerto, cuando los suyos ponían su armadura sobre un caballo y el enemigo huía sin presentar batalla.

A Carlos Sainz la realización de las carreras sigue ignorándolo, apenas aparece en pantalla. Y sin embargo…

Sin embargo en el Mundial de Pilotos Carlos Sainz El Español de Hielo ha saltado de la clase media a la clase alta. Está sexto. Cierto que en ello influyen las circunstancias, que Pierre Gasly ya no está en Red Bull y Albon está teniendo muy pocas carreras para ir sumando puntos.

Aún así, los números implacables y fríos nos dicen que Carlos Sainz está sexto y le saca a Alexander Albon doce puntos.

Y creemos que tiene muchas posibilidades de acabar en esa sexta posición teóricamente  reservada para la clase alta de la Fórmula 1, esta temporada.

Ay si tuviera uno de los coches de la clase alta… aunque no parece imposible que McLaren siga evolucionando y termine por alcanzar a RedBull.

Pero a pesar de las buenas noticias nos hemos quedado un poco tristes al final del Gran Premio de Japón, en el que el tifón ha sido más una amenaza fantasma qué algo que haya influido en la carrera.

Nos hemos quedado un poco tristes porque el podio para Sainz parecía posible, porque los Ferrari no han sabido maximizar su posición de ventaja en la salida, porque Daniel Ricciardo, el mejor adelantador de la parrilla, ha quedado sexto con un Renault pero si hubiera tenido el coche adecuado hubiera estado también luchando por la victoria.

Mercedes ha ganado su sexto título mundial consecutivo. Y el séptimo de su historia, el primero y único que ganaron antes de la era híbrida lo consiguió para ellos Juan Manuel Fangio en 1954. Nuestro aplauso, claro.

Pero al espectador el dominio apabullante le aburre y cansa.

Sonreímos y cerramos los ojos imaginando a Charles Leclerc, Daniel Ricciardo, Carlos Sainz… y otros muchos de nuevo en batalla. El Cid cabalga.

 

Tigre tigre.

 

Carlos Sainz haciendo magia en Suzuca, su circuito favorito

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