En el contexto actual, lavarse las manos a menudo e incluso de manera obsesiva se ha convertido en una práctica habitual para muchas personas. Pero hay quienes antes de la llegada de la crisis de la Covid-19 ya tenían por costumbre lavarse las manos más de lo necesario. Las personas que padecen un Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) se caracterizan por desarrollar rutinas compulsivas que pueden ir desde lavarse las manos, encender y apagar las luces, repetir series de números, recitar determinadas palabras, a un sinfín de comportamientos que a primera instancia les relajan, pero que los condenan a no poder librarse de su peor enemigo: la obsesión. Los dispensadores de geles instalados por todos lados han convertido a nuestra sociedad en maniática de la higiene, algo que parecía reservado para las personas que padecen algún tipo de trastorno. “Una persona que padece un TOC se lava con una tensión diferente; como queriéndose quitar de la piel algo que le causa verdadera ansiedad”, explica a Diario16 Carlos T. que padece un TOC asociado al escrúpulo.

Neutralizar las obsesiones

“Es un trastorno más común de lo que nosotros pensamos”, cuenta a Diario16 Consuelo Tomás, especialista en psicología clínica en el centro que lleva su nombre. Y es que, para las personas que padecen este tipo de trastorno el día a día se convierte en un auténtico calvario: “ Este tipo de trastorno ocasiona en la persona que lo sufre un deterioro muy importante”, continúa la Psicóloga. Parece que el desencadenante de todo es la obsesión. “personas con un TOC se ven atrapadas por pensamientos obsesivos. “Para neutralizar estas obsesiones, las personas que padecen un TOC realizan acciones compulsivas; es decir, llevan a cabo conductas o actos mentales con la finalidad de poder ignorar o suprimir estos pensamientos”, señala Tomás. Las rutinas repetitivas que pueden darse son muy variopintas, “pero no se trata de volver a casa porque uno no se acuerda de si ha dejado la luz encendida o el gas abierto, sino en hacerlo más veces de lo normal”, señala Carlos.

Tranquilos por un rato

El fin de estos comportamientos es siempre el mismo: neutralizar los pensamientos. “Pero esto solo les tranquiliza un rato; las obsesiones vuelven a aparecer y con ellas los comportamientos compulsivos”, remarca la psicóloga. Dejando claro que se trata de “un círculo vicioso”. Tomás también indica que, por un lado, a las personas que padecen un TOC la crisis sanitaria les ha hecho empeorar y, por otro, aparecen más trastornos y obsesiones. “Nos encontramos personas que desarrollan otro tipo de trastornos que se encuentran dentro de lo que definimos como trastornos de síntomas somáticos. Como en el caso del trastorno de ansiedad por enfermedad”, continúa Tomás. Este tipo de trastorno consiste en una preocupación extrema por contraer una enfermedad y una manera compulsiva a la hora de buscar síntomas. “Estas personas están continuamente consultando al médico”, apunta. Con la llegada de la Covid la preocupación se centra en contraer la enfermedad y en informarse sobre ella. “Tienen que estar continuamente consultando noticias relacionadas con la COVID”, apunta la profesional de la salud mental. Y es en esta búsqueda cuando los pacientes acaban en las redes sociales y se convierten en víctimas de los bulos y la desinformación.

El enemigo invisible

Pero curiosamente también se dan situaciones que ayudan a la normalización del TOC. “Antes de la pandemia ya me lavaba las manos a menudo”, explica Carlos. Otro de los retos a los que se tienen que enfrentar los pacientes de TOC es a los desplazamientos en transporte público: “Me preocupa si alguna persona lleva mal puesta la máscara o se pone hablar por teléfono; me da mucho repelús y entonces me alejo y me voy a otra parte del vagón”, continúa Carlos. Quizá estos tiempos de pandemia nos ayuden a entender un poco mejor que la salud mental mejora con la comprensión y no juzgando a quienes la padecen como si fueran bichos raros o responsables de padecer un trastorno. Nosotros nos lavamos las manos ante un enemigo invisible, ellos también. Pero que sea invisible a simple vista no significa que no exista.

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