“Patxi, hay que ser chulo de puro honrado. De puro honrado”. Así era Carlos, Carlos B. Pérez, que repetía esta frase como símbolo de una manera de ser de quien no se doblegaba a las presiones, ante las circunstancias desfavorables, y era capaz de mantener su rumbo fiel a sus creencias hasta sus últimas consecuencias. Una manera de ser que le hacía ganarse el respeto de quienes le conocieron, de quienes tuvieron –tuvimos– el privilegio de aprender de este maestro de periodistas que dio impagables lecciones –también de vida– por todo el mundo al más alto nivel y, lo más importante, el cariño de quienes tuvimos la inmensa fortuna de que nos considerase amigos suyos.

Excelente conversador, compartía las experiencias que había tenido durante los innumerables viajes que realizó por los cinco continentes, esos que preparaba con tanto detalle junto a su compañera de vida, Montse –excelente persona, profesional de bandera y, sobre todo, amiga– a los que dedicaba tantas horas para evitar zonas turísticas y descubrir lugares espectaculares. Como cantó Joan Manuel Serrat, “…con las alas de tus cartas, José (Carlos), atravesé todos los cielos de América contigo, amigo”. A mi queridísima María José Pintor –que tanto disfrutaba con las fotografías espectaculares que nos enseñaban a su vuelta– y a mi nos ha faltado compartir uno de esos viajes, aunque ya estaban haciendo el esfuerzo de encontrar algún destino menos ‘arriesgado’ para urbanitas…

Tantas sobremesas compartidas durante este cuarto de siglo, tantas memorables conversaciones disfrutadas entre amigos, siempre llenas de sentido del humor, ironía e inteligencia de la que hacían gala Carlos y Andrés Gilibert, a quien tengo el privilegio de tener como amigo y admirar como profesional de élite. Andrés, amigo Andrés. ¡Qué pena y qué vacío queda…!

Los dos rivalizaban divertidos por quedarse la autoría de haberme puesto de nombre ‘Patxi’ cuando nos conocimos, mientras me halagaba que esa ‘discusión’ fuera algo recurrente, porque es un orgullo lo bien que suena ese nombre pronunciado por ellos cuando hay tanto cariño al dilucidar esa co-autoría.

Carlos siempre ha sido un líder. Pura pasión contagiosa, honestidad y mucho sentimiento.La ternura es patrimonio de los fuertes”, decía en esos momentos entrañables cuando asoma el interior de las personas. Ahora, muy dentro de muchas de ellas que tuvimos la fortuna de aprender de él, queda su legado que servirá para dar más valor a las cosas importantes de la vida. ¡Hasta siempre! compañero del alma, compañero…

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