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¿Cansado de la ideología de género? Este es su libro

Santiago Aparicio
Doctor en Ciencias Políticas y Sociología. Contador de realidades. Guitarrista de rock en mis tiempos libres. Y cazador de doxósofos.
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análisis

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Un nuevo libro de Alain de Benoist que se traduce al español, gracias al esfuerzo de la editorial EAS, debería ser motivo de curiosidad periodística cuando menos. Entre otras cosas por la influencia del autor entre numerosos grupos, a izquierda y derecha, de esas que se califican de exaltados, rojipardos, populistas, postfascistas, etc., y que pueblan el paisaje parlamentario europeo. En la propia Francia natal del autor, por ejemplo, es alabado tanto por Marine Le Pen como por Jean-Luc Mélenchon.

Padre de la Nueva Derecha, nada que ver con el neoliberalismo de Thatcher y Reagan, paganista (por si las dudas) y siempre al tanto de las corrientes, evidentes o subterráneas, de pensamiento que navegan en esta época de claroscuros y decadencia en Occidente. Un autor que hay que leer en profundidad porque, más allá de la propia posición política que uno crea tener, genera dudas razonables en certezas que no son más que producto de los aparatos ideológicos del neoliberalismo.

Moralismo liberal

El libro que nos presenta EAS en esta ocasión se titula Los demonios del bien, en clara referencia al libro de Phillipe Muray, El imperio del bien (Nuevo Inicio), y lleva como subtítulo “Del nuevo orden moral a la ideología de género”. Algo suficientemente provocativo y que pondría los dientes largos a cierto espectro político, si no fuera porque al final nada es lo que parece con De Benoist. Desde luego el ataque, como se verá, a la ideología de género supone el grueso del libro, pero no crean que existen culpables a priori claramente. Si usted quiere utilizar el libro para lanzárselo a la cabeza de un enemigo político, tenga cuidado que igual le cae encima antes.

Nada más comenzar, para que los espíritus cándidos sepan a lo que se enfrentan, aduce el autor que hoy en día existe mucha más moralina de lo que se piensa (respecto a tiempos pretéritos): “La nueva moral quiere moralizar a la sociedad misma, sin imponer reglas a los individuos. […] La nueva moral describe lo que la sociedad debe convertirse. […] La moral antigua estaba ordenada al bien, mientras que la nueva moral está ordenada a lo justo” (p. 11). Una diferencia clave que hace ver la existencia de una cierta permisividad amplia pero que en realidad no deja de estar bajo los parámetros de la hipermoralidad. Cierto que esto lo han trabajado otros autores, con otro lenguaje e intenciones,  como Byung Chul-Han. En resumidas cuentas, se ha pasado de la lógica del ser a la del deber-ser, al encorsetamiento del deber-ser… tal y como ciertas élites han decidido que es el deber-ser.

Los mercenarios del sistema

Para todo ello, cuenta en el primer capítulo, se necesita la ayuda de un cuerpo de mercenarios del buenismo, los cuales serán bien recompensados, o falsarios de la pluma como les llama De Benoist. Simples animadores (de significantes vacíos y mucho renombre –buen golpe que lanza a Bernard-Henri Levy-) de la “hipertrofia del instante” y “el consumo de lo efímero”. Tan banales como eficaces al sistema en el desarrollo del “individualismo de masas”. Dicho de otro modo, se ha producido la transformación del espacio público de un lugar de debate y generación de opinión, a un espacio del “hacer casito” a experiencias individuales, dramas personales o prefabricados y todo ello siempre marcado por la lógica consumista de tener derecho a todo porque sí, porque me considero víctima de una opresión inventada. Un psicologismo que excluye cualquier análisis de las causas objetivas de los problemas sociales para centrarse en la compasión y la piedad. Intentando poner la Justicia Social en el centro del tablero no hacen más que alejarse de ella, a derechas y esencialmente a izquierdas. Así señala en la página 31: “El estatuto de víctima es, además, eminentemente rentable”.

Como no es cuestión de destripar el libro y que ustedes no lo compren, es mejor pasar al meollo del mismo, la ideología de género. Sí cabe apuntar, sin más, que encontrarán una crítica a las leyes de memoria de todo tipo que tan de moda están, al cambio moral del socialismo, a las enfermedades generadas por el sistema, al hedonismo post-moderno, al Estado como homogeneizador y a la Nueva Clase (dominante). Cuestiones todas que ha tratado con mayor amplitud en otros de sus libros como El momento populista (también editado en EAS) o Contra el liberalismo (Ediciones Insólitas).

Ideología de género

Respecto a la ideología de género comienza el autor por ubicarla en su contexto histórico-intelectual, la postmodernidad. Una época de hibridación, de la diferencia carcelaria y de sinfronterismo coaligado con el turbocapitalismo globalista. No se pueden disociar los efectos de las causas y la ideología de género está vinculada con la fase superior del capitalismo actual.

El intento de quitarse de encima la dominación patriarcal del feminismo clásico “estaba totalmente justificada” a decir de De Benoist. De ahí que analice las dos posturas principales del feminismo en su desarrollo hasta llegar a la ideología de género: el feminismo igualitario y el feminismo identitario. Más partícipe el autor del primero que del segundo, en tanto en cuanto cree que es un error situar los valores de la mujer como superiores a los del hombre (virilidad y cuidados). Ambos son complementarios. Lo que preocupa realmente a De Benoist es esa “nueva moda de literatura aburrida, repetitiva y de una esterilidad intelectual” (p. 80). Esto es, Judith Butler y sus amigas (o ¿debería decirse amigues?).

Todo el intento de acabar con el binarismo sexual asombra al autor, no tanto por la boutade intelectual que representa sino por las consecuencias sociales que de ello se deriva. “El erro comienza cuando se pretende negar la naturaleza en nombre de la cultura o de la cultura en nombre de la naturaleza” (p. 94), algo que un buen número de feministas españolas firmarían. Esa acción generista, que se acerca según De Benoist al lyssenkismo, acaba por suponer que “la cultura no puede absorber íntegramente la naturaleza como si las culturas cayesen del cielo y no tuviesen nada que ver con nuestra condición de seres vivos” (p. 95), lo que no deja de ser una falacia. Toda la neolengua del generismo, toda su victimización, todo el intento de destruir la cultura y a heterosexualidad no deja de ser una “deconstrucción” con el firme objeto de eliminar los obstáculos a la “implantación de la ideología mercantil en los espíritus” y el libre mercado de las relaciones humanas.

Lo natural

En un esfuerzo por utilizar lo racional frente al subjetivismo puro de la ideología de género, el autor empleará gustosamente numerosas páginas a describir las diferencias, científicamente probadas, entre mujeres y hombres y lo que ello supone para las relaciones sociales, para la conformación cultural y para la igualdad necesaria. En algún tramo, De Benoist podrá parecer un machista a ojos feministas (cuando señala que la dinámica es hacer del hombre un culpable a priori), en otros un feminista clásico, pero no dejará indiferente su crítica a toda esa construcción del generismo que se quiere imponer en Occidente. No sólo acaba con la mujer y el hombre, sino con la propia cultura y da pie a aberraciones explotadoras como los vientres de alquiler (algo a lo que se niega el autor). Y, al final, es un elemento de distracción de las desigualdades de clase, del poder destructivo para las personas del sistema capitalista.

Lo peor, continua, es que la paternidad (o la maternidad) como hecho biológico acaba convirtiéndose en “un juego de roles abierto a todo el mundo”. Puede parecer gracioso pero tiene un efecto desintegrador en la institución básica social que es la familia. Si el padre no puede ejercer esa función al final acaban generándose individuos narcisistas, inmaduros y que no han podido superar su complejo de Edipo. Un infante eterno construido a mayor gloria del dio actual, el mercado. Un infante consumidor compulsivo y con una terrible adicción a la gratificación inmediata. Un ser que encaja en la civilización liberal, esa que es la primera en la historia en privar al individuo de los apoyos simbólicos necesarios para convertirse en humano. Al fin y al cabo, la creación de un hombre nuevo.

Conclusión

El atrevimiento de De Benoist es que señala con datos y acierto lo que llevan más de un siglo criticando los liberales de todo pelaje, el constructivismo y la génesis del hombre nuevo de las utopías de izquierdas. El autor francés deja entrever que toda esta construcción del generismo es la fórmula que han encontrado desde el liberalismo para establecer su propia utopía, mucho más destructiva en tanto en cuanto hacer del ser algo completamente inhumano. La dignidad humana, para finalizar, no está establecida por el sexo o el género, sino por el simple hecho de ser humano. Un ser humano que se desarrolla en comunidad. Un libro muy recomendable para ver otra perspectiva contra la ideología de género y contra el capitalismo actual.

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