¿Quién se escondía realmente tras aquellas gafas de finas monturas redondeadas y esa mirada melancólica ajena a lo real? Diez años después de su fallecimiento en Málaga el 27 de octubre de 2009, el inclasificable narrador y poeta pontanés Juan Campos Reina (Puente Genil, Córdoba, 1943-2009) sigue acaparando para sí y su exquisita obra un rincón de excepción entre los escritores más imponderables y enigmáticos de la literatura española de las últimas décadas.

Debolsillo ha presentado recientemente bajo el título genérico de Parques cerrados tres volúmenes que resumen, a grandes rasgos, la tremenda personalidad literaria de una de las plumas más reconocibles y personalísimas de la literatura española contemporánea, que aunque se le agrupe en la denominada Generación del 46 junto a autores de la talla de Eduardo Mendoza, Juan José Millás o Álvaro Pombo, entre otros, siempre anduvo ajeno a clasificaciones y encasillamientos. El póstumo De Camus a Kioto (2010) es presentado en una nueva edición junto a su Poesía completa (integrada por los libros de poemas Seppuku y El quinto jinete, además de su prosa poética) y el Diario del Renacimiento, ambos inéditos hasta ahora, de ahí que Campos Reina siga siendo a día de hoy referente de una literatura muy particular y perfectamente reconocible por su originalidad, que eclosionó en la década de los ochenta con Santepar (1988), una novela que presentó públicamente a un escritor de vocación e inspector de trabajo en el día a día anodino que, ya superada la barrera de los 40 años, aportaba una prosa deslumbrante, exquisita y culta que enamoraba a la mismísima Carmen Balcells, la mítica agente literaria de los Nobel del ‘boom latinoamericano’.

Dejó escrito a modo de diario los aspectos más relevantes de su biografía, y lo plasmó con ese estilo suyo tan depurado, sutil y elegante de su poesía, relatos, novelas y ensayos

En De Camus a Kioto, el escritor cordobés, creador del ya mítico conde de Santepar, parte de una frase de Van Gogh para unir dos mundos y por ende dos formas de entender la vida: “¿Y no iríamos al Japón, al espejo del Japón, al Sur? Creo que el futuro del arte nuevo se halla aún en el Sur”.

En ambos extremos de estos dos universos geográficos e intelectuales antagónicos halla sentido el transcurrir de las páginas de De Camus a Kioto, que por supuesto inicia su navegación por las palabras que el escritor francés pied-noir escribió al comienzo de El mito de Sísifo: “No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar si la vida vale o no vale la pena vivirla es responder a la pregunta fundamental de la filosofía”.

“Siempre trabajador y meticuloso”

Su hijo, el también escritor Álvaro Campos Suárez, perfiló al reputado escritor en un artículo publicado en el diario El Mundo con motivo del quinto aniversario de su fallecimiento: “Para cada libro, se servía de múltiples borradores antes de alcanzar una versión que le satisficiera; siempre trabajador, meticuloso y alejado de los vientos comerciales. Así era mi padre”.

En Diario del Renacimiento Campos Reina dejó escrito a modo de diario los aspectos más relevantes de su biografía, y por supuesto lo plasmó con ese estilo suyo tan depurado, sutil y elegante que solía plasmar en su poesía, sus relatos, novelas y ensayos. Vida personal, arte y creación literaria se dan la mano

 

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