Algún crítico mal intencionado, de los neófitos en las redes, ha calificado a Campeones, el peliculón de Javier Fesser, con las magníficas interpretaciones de Javier Gutiérrez y el elenco de discapacitados intelectuales, de previsible. Es lo mismo que llamar previsibles a las animaciones de la Disney. El final, el espectador lo sabe, en ambos casos, debe ser amable debido a la feroz ternura de las subtramas.

Pero más allá de la ternura de Campeones, destaca en la comedia la parte trágica tratada desde el humor al estilo de Esquilo. Los distintos miedos del protagónico van menguando mientras observa cómo sus pupilos, con menores recursos mentales, afrontan los problemas con un valor encomiable, el que concede no vivir acorde a las normas sociales y lo políticamente correcto, grandes lastres de nuestra sociedad, se padezcan o no enfermedades cerebrales, aclarando que en política hay un exceso de descerebrados que nos están conduciendo a un precipicio que no se comprende en demasía por la ineptitud de sus señorías para explicar lo que sea que tengan en molleras de hollejos revenidos. Y así nos va.

Campeones llega más lejos de las pantallas, es una lección de civilización, de cómo debería comportarse occidente con los que carecen de ciertas aptitudes, crítica plasmada con maestría en la escena del autobús donde los aborregados pasajeros se sienten molestos con ese equipo de baloncesto que exuda afabilidad; los dejan literalmente en la cuneta. Nos habla la película también del amor con mayúsculas en todas sus expresiones, en especial del amor al prójimo, el no religioso, indispensable en una sociedad cómo la nuestra donde la crisis y la recesión han extraído lo peor de cada un@ y, en ocasiones, las menos, lo mejor.

Lo que produce vergüenza ajena y además irrita es que no haya sido seleccionada a fin de competir en la categoría de mejor película extranjera en los Oscar. Tanto hablan los cómicos americanos de la diversidad y ahora los productores, en género y raza, que se les ha olvidado el otro gran segmento, los discapacitados intelectuales. La industria de Hollywood es la más subvencionada del mundo con las desgravaciones fiscales. ¿Será que la industria que tanto lamenta la segregación ha decidido excluir a Campeones porque Trump piensa cargarse el Obamacare y le quieren gratificar de algún modo? ¿O por qué a Trump le repugnan los discapacitados y pretenden sobarle la espalda? Nunca se sabe lo que ocurre detrás de las bambalinas, pero sea como fuere dejar fuera a Campeones hay que considerarlo motivo de queja nacional. Eso sí, sabiendo que gane premios o no la película ya ha triunfado en nuestros corazones. El gobierno tendría que tomar nota y hacer que los colegios de secundaria la exhiban para acrecentar la educación en valores.

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