Nos estamos acostumbrando a ver máscaras en todas partes, hasta en las pelis de adultos como comentábamos hace unos días en un artículo para esta santa casa que nos protega y acoge: Diario16.

En las terrazas y por la calle hay mucha gente que desnuda la cara, pero en el metro o en el autobús es más difícil ver un rostro sin enmascarar. Y parece que en la F1 que empieza dentro dentro de tres semanas va a haber muy poquitos, como demuestra la imagen de Lewis Hamilton: elegante mascarilla negra (hay clases también para esto de las mascarillas) en una reunión con su equipo en Silverstone donde él y Bottas se están readaptando a los circuitos reales conduciendo un monoplaza del año pasado.

A Hamilton siempre le ha interesado la estética de la lucha libre, un año celebró su mundial subiéndose a un ring, y quizá esté encantado tras esa máscara que oculta su sonrisa o su rictus de desprecio o de cabreo.

Va a ser extraña la primera carrera de la temporada en el RedBull Ring. Pero ¿acaso no es extraño todo en estos tiempos que jamás nadie habría imaginado?

Otro burbon, por favor.

Tigre tigre.

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