Un informe del Centro de Análisis de Datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) asegura que desde el año 2014 muere un niño inmigrante en el mundo cada día. El mar Mediterráneo y la franja entre México y Estados Unidos son las fronteras que más alta mortalidad infantil registran, según esta agencia de Naciones Unidas que vigila el flujo migratorio en los cinco continentes.

Entre las 32.000 víctimas de este tipo de movimientos demográficos masivos hay 1.600 niños, algunos de apenas seis meses, según asegura OIM en su informe titulado Viajes fatales. La OIM destaca además el aumento de las muertes a lo largo de la frontera entre México y Estados Unidos, con un total de 1.900 muertos en cinco años.

Cruzar la frontera mexicana sin documentación se ha vuelto cada día más peligroso, según el informe presentado el pasado viernes. La imagen de la pequeña Valeria y su padre, ambos ahogados cuando trataban de atravesar el Río Bravo para llegar a tierras norteamericanas, ha golpeado la conciencia de la población mundial. Según el informe Viajes fatales, el número de migrantes muertos en la frontera pasó de 306 en 2014 a 444 en 2018. En total, señala este estudio, se produjeron 1.907 decesos en el último lustro. El año pasado 376 de las muertes de menores ocurrieron de lado de Estados Unidos y 68 en territorio de México.

“Los datos sobre muertes de migrantes indican que la frontera entre Estados Unidos y México se volvió más peligrosa para las personas que intentaron cruzar irregularmente en 2018, basándose en la proporción de muertes conocidas en comparación con el número de personas detectadas que cruzan la frontera ilegalmente”, asegura el informe de OIM.

Al intentar no ser detectados por la Patrulla Fronteriza estadounidense, los migrantes optan por contratar a traficantes de personas, que suelen poner en “situaciones peligrosas” a los conocidos como “espaldas mojadas”. Sólo entre el 20 de agosto y el 12 de octubre de 2018, esta unidad policial en Tucson (Arizona) documentó más de 1.400 casos de personas indocumentadas abandonadas en el desierto cerca de la frontera.

La gran mayoría de las muertes de migrantes en la frontera ocurrieron en Texas y Arizona, mientras que en México las áreas más conflictivas son los estados de Tamaulipas y Coahuila. “Desde el cruce del desierto de Sonora, con calor abrasador y pocas fuentes de agua, hasta los intentos de cruzar el río Bravo, hay severos riesgos físicos y ambientales para la vida de las personas”, apunta el informe de OIM. Entre 2014 y 2018 se registraron 242 muertes de migrantes al intentar cruzar la frontera a través de ese río. Casos muy similares a la tragedia que se cruzó en el camino de la pobre Valeria y de su padre.

Por su parte, según ACNUR (la Agencia de la ONU para los refugiados), más de 2.000 personas se dejaron la vida en el Mar Mediterráneo durante el pasado año. ACNUR ha llamado en repetidas ocasiones a tomar medidas sobre esta situación pero lejos de escuchar a la ONU gobiernos como el italiano siguen haciendo oídos sordos. El Mediterráneo ha sido durante años la ruta marítima más mortífera para refugiados y migrantes. “Que continúe siéndolo debería ser inaceptable para todos”, asegura ACNUR, que recuerda que aproximadamente 100.000 solicitantes de asilo y migrantes alcanzaron Europa en 2018, lo que representa una vuelta a los niveles previos a 2014. Sin embargo, la cifra de 2.000 ahogados indica que la frecuencia de muertes, particularmente en el Mediterráneo central, ha aumentado considerablemente. En septiembre murió una de cada ocho personas que cruzaban. Algo que se debe en gran parte a la importante reducción de las capacidades de búsqueda y rescate.

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