AGENCIA ANDALUCÍA VIVA / TEATRO MAESTRANZA.

El Teatro de la Maestranza de Sevilla se concibió, desde la Expo Universal de 1992, para ser Meca sureña de la ópera. El tiempo añadió ser sede de la Orquesta Filarmónica y Barroca local, atraer lo mejor del Jazz, Danza, Flamenco y a grandes artistas cuyos agentes insisten en actuar en un escenario mágico. El público hispalense -además- sólo aplaude, y vibra, con arte; no con medianías, ni apaños de productoras o discográficas.

El ciclo ‘Cita en Sevilla’ del Maestranza hereda un festival al aire libre en el Prado de San Sebastián hispalense antaño. Pero este espacio, con excelentes cualidades sonoras y amplio aforo, reúne propuestas para llenar el calendario. La sustancian los mejores bailarines, actores, cantantes y músicos en sus respetivas ramas del arte.

La noche del martes 21 de octubre la clave fue Buika. Sus más encendidos seguidores ven en ella hechizos, talento, inocencia y el sincretismo africano-americano que aplaude Europa. Lo que nos encantó de Nina Simone, Aretha Franklin o Tina Turner. No van descaminados quienes así opinan.

Precedida del halo legendario de la fusión, de su singularidad lingüística de raíces africanas (aunque nació en Mallorca en 1972; sus padres son exiliados políticos de la Guinea española) de Buika, su enérgica voz atrapa. La crítica es unánime sobre sus cualidades. Ya subyugó al Jurado de los Grammy y al público que visibiliza los maridajes que interpreta.

El bagaje que traía a Sevilla eran discos de platino (El último trago, Niña de fuego, Mi niña Lola, En mi piel, La noche más larga, Vivir sin miedo, Deadbeat, Para mi…), conciertos multitudinarios en cuatro continentes y ganas de conquistar a Sevilla en el Sancta Sanctorum del Maestranza.

Aunque vive en Miami para atender a su público norteamericano, no descarta residenciarse en Sevilla, donde actuó en el Maestranza, por sus querencias por el flamenco

Se plantó [Concha] Buika en un escenario entregado, con altas expectativas de disfrute. Aunque vive en Miami para atender a su público norteamericano, no descarta residenciarse en Sevilla por sus querencias por el flamenco. Quiere equilibrar esas filias desde su tierna infancia en el barrio San Gotheu palmesano, cuando convivía con los gitanos del lugar. Buika canta a la pobreza, la marginalidad con el tesón que da el trabajo bien hecho. Su marca artística –Buika- es el apellido que le legó su madre.

Mujeres que suman música

El programa del concierto tenía sorpresas. Pero la realidad es que el grupo que acompaña a la palmesano-guineana son virtuosas de sus instrumentos. Es el plantel de su World Tour (gira mundial) de 2019. Lo demostraron con oficio a la batería y percusión la fuerza de Camia Akhamie Hies, la pasión a los teclados de Yoonmi Choi y un bajo de Porcia Angelia cargado de sinuosidad. El saxo, académico y versátil, de Nicole Glover completaba el grupo. Se cruzaban, las músicas, miradas cómplices bajo la batuta oficiosa de la asiática Yoonmi y los palillos africanos de Camia. La multiculturalidad no es teoría en tan brillante grupo de féminas.

Biuka compareció en el escenario vestida de gala como sus ancestros bubis, una de las tribus predominantes de Guinea Ecuatorial. Antes de proyectar su empatía e inigualable voz se santiguó, derramó agua y rezó al alma de deidades centroafricanas que tanto protegen su excelencia vocal. Le dio al botón de camaleonismo y se adaptó a varios registros para deleitar.

Prometió que sería una noche inolvidable con la sinceridad de quien desafía retos. ‘Niña de fiesta’ arrancó el tono que rompió el hielo. Varios temas más consolidaron esa mixtura musical que representa Buika. Se suelta con reggae, genuino Jazz y le merodean ritmos caribeños que tanto heredan de África Central. Un punto de mejora sería enriquecer los tonos de su banda con el potencial caribeño que adivinan las notas vocales de Buika. Especialmente, cuando canta en inglés. Y desde que vive en la Florida.

Muy locuaz al micrófono, la cantante se humanizó ante la concurrencia desde la atalaya que escaló con sus registros tímbricos. Contó que ideaba residenciarse en Sevilla, que adoraba el flamenco y que superó adversidades mil para llegar a ese podio en el que indiscutiblemente vive. Abandonada por su padre (Juan Balboa Boneke, escritor y adversario de los Ngema), colmata la orfandad con su voz y un saber-hacer de aplauso, difícil de ver últimamente en los escenarios.

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‘Tiger Eyes’, ’Vete que te quiero’ y una excelente versión de ‘Puro teatro’ de La Lupe -aquella cubana inolvidable- redondearon esas expectativas que lleva quien paga una entrada. Los más entendidos intuían en Biuka, cuando se desenvuelve con su voz y cuerpo, el desgarro de Koko Taylor, la elegancia de Ella Fitzgerald y la fuerza de Celia Cruz. Y no se equivocan quienes comparan a Buika con esas estrellas imperecederas de la canción donde sólo el color de sus pieles es oscuro. Sus almas revoloteaban por el Maestranza junto a ese humo iluminado que emergía del escenario.

El elenco de vocalista y músicas atrapó al público que aplaudía también la fuerza de la artista que centró el concierto. Sus canciones incidían en el desamor, las mentiras, el coraje, la locura sana…

Flamenco según Buika

La sorpresa del concierto no constaba en el programa. El público veía que el escenario tenía dos sillas y bongos sin nadie atrás. Buika llamó, para completar la plantilla de artistas, a Ramón Porrina (hijo de José el Portugués y nieto de Porrina de Badajoz) al cajón, a Isidro al bongo y a un ‘Paco’ a la guitarra del que la cantante no dijo más.

El añadido flamenco completó una noche inolvidable, como prometió al respetable Buika. De pronto, el Maestranza vistió de ébano a una gitana que parecía la vis femenina del Camarón con su torrente de voz y sentimiento. A una cantaora que poco debe envidiar a las grandes, a las mejores. Ni los solos del bonguero Isidro al mismísimo Tito Puente

Esa fuerza que lleva en sus cuerdas vocales Buika se multiplicó para presentar sus respetos al flamenco con el tema ‘Oro Santo’. Lo dedicó a quienes cantan un arte declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Las mejores credenciales transitaron con ‘El último trago’ que resucita a Chavela Vargas. Soberbia, proverbial, desgarradora…

Faltan palabras aquí para describir más temas como ‘Nostalgia’ y el tango perenne de Cobián, que bordó con su sello personal Buika. El público estaba enardecido cuando aplaudía. No creía que alguien pueda cantar flamenco alejada de cánones, ortodoxias y los límites del purismo. Los que despedazaron Paco de Lucía, Tomatito, Camarón o los Pata Negra, por ejemplo. El Maestranza fue testigo de nueva revolución flamenca con Buika.

García Lorca dejó escrito que la música negra tiene duende. Se inspiró en Harlem para llegar a tal conclusión, cuando se inspiraba para ‘Poeta en Nueva York’. Buika, señoras y señores, es un duende encarnado que canta en español o inglés añadiendo a ese ‘melting pot’ vocal unos tonos de reggae, blues o jazz. Los flamencos, pues, están de enhorabuena con Buika. Suma, enriquece. Entérense. Estamos ante una artista total. Y fue un privilegio disfrutarla una noche inolvidable.

‘Mi niña Lola’, la pieza que hizo famosa a Buika, lo dejó para un final espléndido de un concierto memorable. ’Ojos verdes’ fue el remate de emociones, vibraciones y lágrimas. Muchos, y muchas más, asistentes las derramaron por sus mejillas por la pasión y entrega que Buika imprime a su sello de cantante y cantaora que ella gana a pulso.

Cuando termina esa noche inolvidable que prometió, y cumplió, Buika la euforia se apodera de cualquiera. El programa del concierto recalca que ya ha cantado con músicos de talla: Chick Corea, Chucho y su inolvidable padre, Bebo Valdés, Carlos Santana, Pat Metheny, Charles Aznavour, Armando Manzanero, Niño Josele…. Obviamente, esa fusión y fuerza la aprecian en el firmamento de las estrellas citadas. El arte canta con Buika.

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