Botifler, traidor. No contra la clase trabajadora, a la que representó de forma fidedigna y comprometida hasta el último segundo. No necesitaba másteres del todo a cien ni asiento en ninguna secta pseudo-universitaria para tratar de entenderla, pues formaba parte de la misma. Fue campesino, obrero metalúrgico, sindicalista. Luchador contra el fascismo cuando eso te llevaba a la cárcel o al exilio. O al pelotón de fusilamiento. No tuvo que hacer ningún exceso retrospectivo más o menos folclórico para hacerse perdonar su connivencia con el poder, porque siempre estuvo en frente, porque siempre fue consecuente con sus ideas. Un hombre intelectualmente honrado, tenaz, comprometido. Le vi en dos mítines recientemente, tuve ocasión de saludarle, de escucharle un par de admoniciones tajantes con su voz tan característica, para reconstruir la izquierda. Reuniones, iniciativas, estaba abierto a todo con ese objetivo. No contemplaba capitular. Cómo iba a hacerlo él, siempre del lado de los desheredados, de los perdedores de la batalla. Siempre dispuesto a librarla sin importarle las consecuencias.

En un programa de televisión, conté que habíamos estado en Barcelona, en un acto político con Paco Frutos. Con orgullo, claro. Un diputado de Podemos, dizque ecologista pero sobre todo esforzado a la hora de defender privilegios territoriales, conciertos económicos y componendas neofeudales, vino a despreciar el asunto preguntando con sorna si la izquierda que queríamos construir la representaban personas como Paco Frutos. Ese fue el trato que se le dispensó estos últimos años. Para mis adentros pensé, y también lo exterioricé, que en esa alternativa de izquierdas gente como Paco Frutos no es que cupiera, es que podían estar en la línea de batalla que les diera la gana. Tanto había que aprender de ellos, y no precisamente de esos críticos, entusiastas del desmantelamiento de la izquierda.

Comunista de los que no tenía que ocultarse, por qué iba a hacerlo. De los que no importó ni comulgó con ningún refrito teórico ajeno a la tradición materialista de la izquierda, ningún pastiche infumable sobre pueblo y gente, sobre significantes vacíos y núcleos irradiadores, tan engolados y crípticos conceptos en los que algunos se escudan para ocultar lo ajenos que son a los conflictos de clase. Para borrar en definitiva el propio concepto de clase social. Ni se le ocurría jugar al oportunista juego de la transversalidad en el altar del populismo.

Paco fue defensor de la paz, enemigo del imperialismo, internacionalista convencido, feroz detractor y crítico de los nacionalismos. Cuando casi toda la izquierda miraba hacia otro lado o agachaba la cabeza ante el golpe secesionista, Paco alzó la voz tan claro y fuerte como siempre. Se erigió en el portavoz de tantos cientos de miles, de todos los que encontramos en él nuestra posición fuerte y firme, expresada golpe a golpe y verso a verso, hasta el final de aquel célebre discurso de octubre de 2017 en que terminó pidiendo que recordáramos a los poetas que habían escrito a Cataluña y a España, como Antonio Machado. En el 145 aniversario del nacimiento del poeta, ha fallecido Francisco Frutos.

No le dolieron prendas ni complejos en tomar la palabra, una vez más. No como dicen algunos maledicentes y mediocres ahora, por su supuesta deriva reaccionaria, sino por su pasmosa honradez intelectual frente a los reaccionarios de esa izquierda vendida y entregada a las oligarquías corruptas de la derecha nacionalista, que habían saqueado al abrigo del clan familiar Pujol las arcas públicas mientras imponían onerosos recortes sociales y destinaban ingentes cantidades de dinero público a la  construcción identitaria, a la privatización del territorio político español, a la extranjerización de millones de compatriotas. Deriva sediciosa que devino en pesadilla. Basada en historietas y mentiras, como brillantemente las definió Paco, desde 1714 hasta todas las demás. Para levantar una frontera entre trabajadores, para dinamitar a la clase trabajadora, para romper los lazos de redistribución, unidad de clase y solidaridad con los trabajadores de toda España.

¿Qué iba a hacer un comunista? ¿Plegarse ante ese híbrida mezcolanza de fanáticos racistas, burgueses insolidarios y traidores a la izquierda, entregados con devoción a la fe nacional-identitaria? Hizo lo que debía, no moverse un milímetro de los principios del movimiento obrero, del socialismo, del internacionalismo. No callar cobardemente, ni acomplejarse ante amenazas y moralinas. Ni siquiera ante vergonzosas admoniciones del que siempre fue su partido, que se desmarcó cobardemente de sus palabras en un infame tuit aquel octubre, como si el comunismo español pudiera estar en otro sitio que con Paco. Visto está que, por desgracia, podía y pudo: en la centrifugación de cualquier izquierda reconocible en el altar del nacionalismo, en la contumaz desactivación de la izquierda, consumada a mayor gloria del engrudo populista.

Botifler, sí, pero al racismo identitario; también a la posmodernidad y al populismo que combinaban ese infantil adanismo de la política de tierra quemada contra toda la labor histórica del PCE, fuerza hegemónica e imprescindible del antifranquismo y  de la reconciliación nacional. Con sus errores y renuncias, claro, pero a una distancia sideral en honradez y consecuencia, en compromiso y tenacidad, que los actuales voceros de la ex izquierda. Los mismos que en el mejor de los casos guardaron un infame silencio ante el proyecto etnicista dirigido a dividir a la clase trabajadora española, y en el peor y más común, llamaron facha a Paco, en el ejercicio habitual de censores y policías contra un hombre ejemplar. Un honor, claro, vista la procedencia de tan infames vituperios.

Ha fallecido Francisco Frutos Gras, un hombre cabal y consecuente, referente indiscutible.  Que la tierra te sea leve y que una izquierda digna de tal nombre honre tu memoria levantando la bandera que sin ti costará sostener.

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5 Comentarios

  1. Pido por favor al autor de estas líneas:
    «No le dolieron prendas ni complejos en tomar la palabra, una vez más. No como dicen algunos maledicentes y mediocres ahora, por su supuesta deriva reaccionaria, sino por su pasmosa honradez intelectual frente a los reaccionarios de esa izquierda vendida y entregada a las oligarquías corruptas de la derecha nacionalista, que habían saqueado al abrigo del clan familiar Pujol las arcas públicas mientras imponían onerosos recortes sociales y destinaban ingentes cantidades de dinero público a la construcción identitaria, a la privatización del territorio político español, a la extranjerización de millones de compatriotas. Deriva sediciosa que devino en pesadilla. Basada en historietas y mentiras, como brillantemente las definió Paco, desde 1714 hasta todas las demás. Para levantar una frontera entre trabajadores, para dinamitar a la clase trabajadora, para romper los lazos de redistribución, unidad de clase y solidaridad con los trabajadores de toda España.
    ¿Qué iba a hacer un comunista? ¿Plegarse ante ese híbrida mezcolanza de fanáticos racistas, burgueses insolidarios y traidores a la izquierda, entregados con devoción a la fe nacional-identitaria?»
    ————————————————
    …. le pido por favor, decía, que me explique cuál es la diferencia entre un falangista de derechas y un falangista de izquierdas, si la hay y puede explicamerla sin tomarme por idiota y sin demostrar que usted lo es.
    Espero su respuesta. Atentamente, un orgulloso enfermo adoctrinado: un independentista.

  2. Qué mania con asociar el independentismo con el racismo. A alguien se le ocurrió esta asociación, hizo fortuna entre los que viven acostumbrados a utilizar tópicos (más cómodo que esforzarse en pensar, ni que sea un poco) y a no confrontar la realidad, no sea que les lleve la contraria. En Cataluña no hay racismo. Y si no se lo cree, venga a comprobarlo personalmente.

  3. Catalunya, tota la massa independentisme no és nacionalista, paraula usada com escarni partint tota l’ens Espanya, d’ençà la fundació, farcida de l’absolutisme etern on s’inspirà Franco i va continuar amb una dictadura gens espontània era congènit en la seva mentalitat farcida d’àligues franquistes i de creus gammades perquè eren amics Franco i Hitler, Franco va agrair-li que l’ajudes a la guerra 1936-39, bombardejant on volia Franco, amb una aviació molt efectiva i ben dotada de bombes, Barcelona el març del 1938 va ser bombardejada matant a més de 900 persones. La dictadura, li ofereixo als que escriuen va ser plena d’encerts la persecució de la llengua: Jo dic amb xanxa, que les escoles varem gaudir, d’ensenyament en català perquè el castellà estava prohibit.

  4. Me deja su artículo bastante anonadada, dice usted que dijo el comunista Francisco Frutos, que desde 1714 todo fue inventado. Pues eso es una GRAN mentira y manipulación de los Borbones y sus súbditos, de los ganadores que x todos es sabido escriben SU historia, nada más hay que ver LA gran mentira, falsedad, manipulación, maldad de tema del mal nombrado proceso catalán. Ese señor sería comunista pero comunista español, que es lo más parecido a un español de derecha o extremaderecha, contra Catalunya tienen la misma visión y actualización. Nada nuevo a la vista, lo llevan en su ADN castellano español.

  5. «Enemigo del nacionalismo» catalán, me imagino… Sobre todo, de los siniestros nacionalistas que roban a los honrados obreros (entre los que no hay independentistas) para dedicar los recursos «a la privatización del territorio político español», «levantar una frontera entre trabajadores…, para romper los lazos de redistribución… con los trabajadores de toda España». Ah! el internacionalismo proletario ahora también es «unidad de destino en lo universal», según parece.

    Cuando un español denosta el «nacionalismo», debemos recordar que el pez será el último a saber que existe el agua. Cuando encima encima habla de etnicismo, ya sabes con qué ralea de individuo te encaras: o es uno de los señoritos falangistas (ortodoxos, digo) de la parte alta de Barcelona, o es un cretino. Afortunadamente, hay miles de trabajadores catalanes (nacidos en muy distintas partes del mundo, incluyendo Albacete) que han visto el plumero al lerrouxismo moderno. No serán los Coscubiela ni los Paco Frutos quienes llevarán la clase obrera a las barricadas, porque para esa gente las barricadas son casi tan peligrosas como las urnas.

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