A José Bono le gustaría que el mundo fuese como en 1982 y que el PSOE volviera a ser un partido fuerte, arrollador, todopoderoso. Pero las cosas han cambiado, los populismos de extrema derecha han retornado tristemente, la izquierda es más plural y está más fragmentada que nunca y España ha sufrido dos crisis de proporciones bíblicas en poco más de una década, agitando movimientos de indignados de uno y otro signo. El PSOE, como todo partido político inmerso en este convulso siglo XXI −el del hundimiento de las ideologías−, está sujeto a los avatares de la historia y tratar de amarrarse a la nostalgia, como ese capitán que se ata al mástil de su barco en medio de la tempestad, asumiendo que se hundirá si es preciso, no tiene demasiado sentido.

El que fuera presidente del Congreso de los Diputados, exministro y barón socialista, sigue anclado en un pasado que no volverá jamás y por eso no es partidario de que el Parlamento investigue a Felipe González por los GAL, algo que ha tildado de “despropósito político que no está en la cabeza de los españoles”, tal como ha asegurado en una entrevista en La Sexta. También ha dicho que “no hay nada que investigar” y que reclamar una comisión de investigación es “una desvergüenza”, en un claro dardo envenenado contra Unidas Podemos, socio del PSOE en el Gobierno de coalición. Está claro que Bono le tiene una alergia genética, crónica e incurable a los morados. Sin embargo, la animadversión del exministro socialista, su inmovilismo conservador y caduco, no están justificados en este caso, ya que Podemos ha mantenido una posición de absoluta lealtad al Ejecutivo de Pedro Sánchez en este caso. De hecho, Pablo Echenique, uno de los duros habituales, ya ha zanjado la polémica al manifestar que no cree necesaria una comisión de investigación para aclarar los puntos oscuros de la conexión de González con la guerra sucia de los GAL, ya que “todo el mundo sabe lo que pasó”. De esa manera, el líder de UP pasó página al supuesto informe secreto de la CIA fechado en 1984 y aireado por La Razón en una exclusiva algo rancia, añeja y anacrónica, que sitúa a Felipe como “impulsor de un grupo de mercenarios que combatió a ETA fuera de la ley”.

El partido de Pablo Iglesias está madurando a marchas forzadas, sus ministros se han hecho mayores en estos meses de gran tragedia nacional, y ya no son esos airados muchachos del 15M que pretendían asaltar los cielos, tal como pedía su líder. Hoy el Gobierno está fuerte, la coalición ha cuajado, y en buena medida es porque los integrantes de Unidas Podemos han asumido el papel de estadistas, dejando atrás el pasado juvenil, agitador, universitario y antisistema. Podría decirse aquello de “tenemos Gobierno para rato”, salvo sorpresa, escándalo o descalabro imprevisto. La gestión de la pandemia dirigida por el doctor Fernando Simón ha dado resultado, la curva se ha aplanado tal como preveía el epidemiólogo, y puede decirse que España tiene controlado el brote mientras otros países occidentales siguen ahogados en un miasma de virus. El propio Sánchez, en un ejercicio de sinceridad poco usual en las derechas, ha reconocido que su gabinete reaccionó tarde ante la llegada de la pandemia pero que después se han hecho las cosas bien. Tan bien que se ha desplegado un gran “escudo social” para proteger a los más castigados por la crisis. Se han aprobado los ERTE, créditos a las pequeñas empresas y autónomos, un ingreso mínimo vital para las clases sociales más humildes, mucho más de lo que hizo el Gobierno de Rajoy tras la recesión de 2008, cuando España se dedicó a rescatar bancos y no personas. Pero a Bono parece que no le vale nada de eso. Está obsesionado con Unidas Podemos, cuando debería estar satisfecho de que la izquierda española, por fin después de cien años, haya conseguido entenderse y hasta trabajar en equipo. Insiste el ex ministro de Defensa en que un Gobierno monocolor, con mayoría absoluta, es “más barato, más coherente y mejor para la ciudadanía”, y añade: “No pudo ser que estuviera solo el PSOE y tuvimos que aguantarnos y pactar con Podemos”. A Bono le chirría que el de Iglesias sea “un partido comunista” y “anti socialista”, un discurso que parece más bien salido de la boca de Pablo Casado o de Santiago Abascal que de un histórico del PSOE.

“Me parece que sería mucho mejor que no hubiese coalición. Hemos de conformarnos y poner cara de que no nos importa sus críticas”, insiste Bono, quien insta a Unidas Podemos a ser “leal”. No debería quejarse el barón manchego, porque si algo está demostrando la formación podemita es que puede ser un socio preparado en quien se puede confiar. Iglesias y los suyos han renunciado a un poco de utopía para hacer política de la buena, de la que se nota en la calidad de vida de los ciudadanos, sobre todo de aquellos que menos tienen. Es una gran noticia para la España que viene y para la izquierda autóctona, que está más unida que nunca. José Bono debería aparcar viejos rencores, prejuicios y glorias pasadas que nunca volverán y alegrarse de esta especie de milagro que será bueno para todos.

Apúntate a nuestra newsletter

2 Comentarios

  1. Este individua al igual que su jefe, Felipe Cal Viva, no hay por donde cogerlo; ambos son agentes norteamericanos. Recomiendo leer “La CIA en España” de Grimaldos.

Dejar respuesta

Comentario
Introduce tu nombre