Albert Rivera en Rentería

El boicot que ayer sufrió Albert Rivera en Rentería por parte de grupos batasunos, que usaron caceroladas y le propinaron insultos en medio de una fuerte disposición de protección de la Ertzantza, sólo ha servido a dar protagonismo al líder de Ciudadanos en un mitin que hubiera pasado desapercibido de no ser por los extremistas.

Rivera se desplazó hasta Rentería, en Guipúzcoa,  para hacer campaña electoral y allí ha sido recibido con multitud de lazos amarillos colgados de las fachadas de los edificios. Grupos de radicales ‘abertzales’ le han organizado un escrache tratando de evitar que celebrara el mitin previsto.

Poco auditorio

Ante unas 200 personas de auditorio y bastantes más contenidos por la Ertzaintza para que no pudieran entrar en la plaza para boicotear el mitin, el líder de Ciudadanos ha intentado hacer oír su voz entre las caceroladas que intentaban ahogarla.

El acto ha dado lugar a escenas curiosas como que los intervinientes se dirigieran tanto a las personas que veían el mitin desde los balcones adornados con lazos y esteladas como a los asistentes sentados en el centro.

Además del líder de Ciudadanos, Maite Pagazaurtundúa, Joan Mesquida y Fernando Savater han sido los oradores. «Vergüenza os debería dar, recibir a los asesinos con aurreskus y no dejarnos decir lo que nos da la gana», les ha increpado la hermana del exjefe de la policía local de Andoain, asesinado por ETA.

Tanto en castellano como en euskera, Pagaza ha negado que puedan considerarse «antifascistas» sino «matones» y ha quitado hierro al ambiente tras compararlo con el de la Universitat Autónoma de Bellaterra durante el acto de Cayetana Álvarez de Toledo la semana pasada. «Lo de la UAB fue peor, esto está siendo un paseo», ha dicho.

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Directora Diario16.com Periodista en cuerpo y alma, licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco, tras 15 años en medíos de comunicación, creó Comunica2 con su compañero de vida y también periodista, Sergio Arestizabal, para demostrar que otra forma de comunicar es posible. Tras sufrir censura y presiones de los poderes públicos en el ejercicio de su profesión, hoy es libre. Durante años ha asesorado personas y empresas en crisis o injustamente juzgados por la opinión pública y publicada. Hoy tiene el reto de que el Periodismo abra un profundo debate interno sobre cómo recuperar la honorabilidad de aquellas personas a las que por error enturbió su imagen pública. Inconformista y crítica, como debe ser una periodista.

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