El sexo nos pone en nuestro sitio; cuando veo a un tipo circunspecto y solemne, me lo imagino en pelotas con el culillo levantado y el coxis dando empujones con la cara descompuesta; o a una señora emperifollada, la pienso entregada a un fino trabajo manual con deleite y sus joyas me suenan menos… No, no vayan por ahí, no soy un psicópata pornógrafo, no teman cuando me encuentren, sólo quiero indicar que la pasta de la que estamos construidos es la misma. Nada más ridículo que el salvajismo inconsciente, o que la consciencia te impida ser la salvaje que llevamos dentro… hay algún lugar intermedio en el que se puede vivir sabiendo lo que somos y manejándolo para ser felices…

Este interludio vacacional me sirve para justificar lo que voy a afirmar: que estamos supercolgados. Aunque vayamos de seda, la boca y otras partes del cuerpo nos pierden y la tranquilidad, la confusión pacífica que nos proporciona creer que tenemos poder sobre los demás, traducido casi siempre en acumulación de bienes con que ostentar (de tantas maneras distintas), al final esa impresión de soberbia como si el mundo no se acabara para algunos es la base de todo movimiento social, y eso no tiene remedio, olvídense de las utopías, me duele la boca de decir que sólo podemos aspirar a domesticar (y no siempre es conveniente) a esta bestia… Creo que era Platón (me pongo fino, en su Filebo) quien afirmó que educar es enseñar sobre qué nos hace disfrutar y qué no, y Aristóteles andaba por esos caminos… no eran muy tontos, aunque sí racistas, esclavistas y más cosas.

Y ahora explico, he pasado una mañana estupenda oyendo esa cala de diagnóstico antropológico que son las grabaciones de Los Chichos de Ricardo Miralles, y ese mundo cerrado de cuernos, atracos, asesinatos, chivatos, muertos en accidentes de coche, niños abandonados, amenazas de muerte, violencia de género, trena, sometimiento religioso irracional, cachimbas y hachís, ni me parece antiguo (lo asociaba al Seat 1430 de mi padre por entonces) ni me parece sintomático de un submundo de hampa y jerigonza en degradación, sólo cambia el envoltorio y nuestra estupidez que prefiere ser un cani o una choni del Barrio de Salamanca a serlo de las Tresmil…

Blesa rima con Paesa. Yo me pregunto: ¿podía este hombre moverse por España con una escopeta y de las gordas?, ¿un tipo implicado en posibles robos (tipología variada) de miles de millones de euros se suicida, se autopsia y se incinera en 24 horas y se acabó para siempre su huella?, ¿ninguna institución judicial ha puesto interés ir más al fondo de la investigación y examinar posibles conexiones?, no niego el suicidio (¿no?) pero ¿no pudo obedecer a amenazas?

No me creo ese mundo tan simple en el que la carrera universitaria, la buena familia, las buenas relaciones (ay, don José María “Ánsar”) y un colchón de dinero te convierten en un Señor, una Señora de clase alta que está por encima de los valores del lumpen. Es todo la misma basura, porque una vida digna no tiene que ver con la imagen de triunfo que los demás tienen de nosotros (señal de debilidad personal) sino con el ámbito de nuestra satisfacción individual, verdadera, da igual querer resaltar con un tatuaje lolailo o unos mocasines hechos a mano o un puesto en la RAE, es la misma estupidez. Oyendo a Los Chichos entiendo mucho mejor a nuestras clases dirigentes llenas de prostiputas, cornudos, chivatos, maltratadores, chulos, bujarras, drogatas, puteros, cocainómanos, cleptómanas, chiquillería abandonada y hembras-herrumbre… todo lo mismo…

Blesa rima con Paesa, no quiero parecer neurótico pero hay gente que muere y después aparece viva allá en la Indochina, no invento. El Poder no es más que una tapadera construida para disfrazar de Historia el ladroneo que los pobres pagan con la prisión. Las pollas y los clítoris pueden saber igual en todas las clases, en función del cuidado que les pongamos, son transversales socialmente; oí una descripción de la personalidad de Blesa en la SER la otra noche que casaba muy bien con la de cualquier psicópata de barriada chunga y familia desestructurada de mafioso de película hollywoodiense. Lo de la investigación sobre Ángel María Villar y su entorno institucional prueba que la podredumbre es estructura, un tipo no puede (supuestamente) hacer eso durante tres décadas sin la connivencia por acción u omisión (a veces muy ventajosa) de todos los que se han sentado habitualmente a su lado, de la prensa, de los cargos con los que compartió canapés en los intermedios de los partidos de fútbol, o los concesionarios de coches que venden esos autos maravillosos a gentes que no ganan tanto en teoría… aquí lo único que pasa es que se puede caer en desgracia y te toca la denuncia, se te acaba el chollo y los mismos que te bailan el agua miran para otro lado o trincan lo que sueltas, que me dejen de rollos: ponen muy difícil contener la rebelión, se ríen en nuestra puta cara. Blesa y Paesa.

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