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Bielorrusia ejerce una violencia brutal contra las personas solicitantes de asilo y migrantes

Espeluznantes testimonios revelan que las fuerzas bielorrusas han asestado golpes de porra y culatazos y han amenazado con perros policía a personas a menudo necesitadas de ayuda inmediata

Eva Maldonado
Redactora en Diario16, Asesora de la Presidencia de la Conferencia Eurocentroamericana.
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Espeluznantes testimonios revelan que las fuerzas bielorrusas han asestado golpes de porra y culatazos y han amenazado con perros policía a personas a menudo necesitadas de ayuda inmediata —incluso a familias con niños—, y que las autoridades bielorrusas y polacas las han obligado a cruzar una y otra vez la frontera en condiciones peligrosas, incluso atravesando un turbulento río.

Las personas solicitantes de asilo y migrantes que al intentar entrar en la UE desde Bielorrusia se enfrentan a devoluciones sumarias y otras violaciones de los derechos humanos en la frontera con Polonia, son sometidas por las fuerzas de Bielorrusia a terribles torturas y otros malos tratos, condiciones inhumanas, extorsión y otros abusos, según revelan nuevas pruebas recogidas por Amnistía Internacional.

La gente que está en la frontera se encuentra entre la espada y la pared. Estas personas, atrapadas en lo que constituye, de hecho, una zona de exclusión en la frontera de Bielorrusia con la UE, se enfrentan al hambre, las inclemencias del tiempo y a la estremecedora brutalidad de las fuerzas bielorrusas, que las obligan una y otra vez a entrar en Polonia, donde, sistemáticamente, son expulsadas sin el debido procedimiento por los agentes polacos. Las fuerzas polacas y bielorrusas, contrarias, juegan a un sórdido juego con las vidas humanas”, ha dicho Jennifer Foster, investigadora sobre derechos de las personas refugiadas y migrantes de Amnistía Internacional. La gente que está en la frontera se encuentra entre la espada y la pared. Estas personas, atrapadas en lo que constituye, de hecho, una zona de exclusión en la frontera de Bielorrusia con la UE, se enfrentan al hambre, las inclemencias del tiempo y a la estremecedora brutalidad de las fuerzas bielorrusas.

Amnistía Internacional entrevistó a 75 personas que fueron introducidas en Bielorrusia entre julio y noviembre de 2021 con la falsa promesa de que podrían pasar fácilmente a la UE y después fueron expulsadas sumariamente por países de la UE, incluida Polonia. La organización entrevistó a 66 nacionales de Irak, 7 nacionales de Siria que viajaban desde Egipto, Líbano y Siria, un hombre libanés y otro de Sudán. Varias de las personas entrevistadas viajaban con familiares y amistades, y los testimonios relatan la situación de un total de 192 personas afectadas.

La investigación de Amnistía Internacional reveló palizas y otros actos de tortura o malos tratos a manos de las fuerzas bielorrusas, como privación de alimento, agua, techo e higiene, así como robo de dinero y teléfonos móviles o extorsión para conseguir dinero.

Las personas entrevistadas por la organización testificaron que se habían enfrentado a estos abusos de las fuerzas bielorrusas en su trayecto desde Minsk a lo que es, de hecho, una zona de exclusión, vallada, en la frontera de Bielorrusia con Polonia, Letonia y Lituania. Las autoridades bielorrusas conducían en grupos a estas personas a “puntos de reunión” situados en la zona vallada y después las obligaban violentamente a cruzar a Polonia, mientras las perseguían con perros y las obligaban a vadear ríos helados.

Un sirio dijo a la organización que lo habían llevado hasta la frontera en un vehículo militar en un grupo de unas 80 personas.

“Nos dijeron que bajáramos […] Había unos diez soldados [bielorrusos] con cuatro perros. Los soldados nos dijeron que iban a soltar a los perros y que, si no corríamos, nos morderían, y fueron tras nosotros golpeando con porras a quien no corría lo suficiente. Tras perseguirnos unos 200 metros, se dieron la vuelta y nos dejaron en la zona de contención, en medio del bosque. Las familias se habían separado. Había personas que sangraban porque los perros las habían mordido.”

Una vez en el “punto de reunión”, a la gente no se le permite irse ni retroceder hacia zonas no valladas accesibles a la población civil, y permanece atrapada en condiciones inhumanas durante días o semanas. Hay testimonios de personas a quienes las dejaron sin alimentos durante días, o con cantidades mínimas de agua o pan y sin saneamiento ni sitio donde guarecerse. Varias dijeron a Amnistía Internacional que sólo habían podido salir de las “zonas de recogida” y de la franja fronteriza después de pagar sobornos.

Una familia siria kurda entrevistada por Amnistía Internacional estuvo 20 días en la zona vallada. Durante este tiempo sólo habían comido una vez al día y, en una ocasión, habían estado 24 horas sin nada con que alimentar a sus dos hijos. El padre describió así su odisea:

“Teníamos hambre y sed. A veces estábamos semiinconscientes y no conseguíamos ayuda, ni de los soldados polacos ni de los bielorrusos.”

Los agentes bielorrusos aprovecharon cuando la gente entraba en las zonas valladas para golpearla , a menudo robándoles los teléfonos y el dinero durante el proceso. Un solicitante de asilo incluso dijo que lo habían golpeado con “puños americanos” y le habían dado patadas con botas con puntera de acero. Un iraquí kurdo contó a Amnistía Internacional:

“Algunos llevaban anillos de hierro de boxeo y botas con puntera de acero. Nos patearon mientras estábamos tirados en el suelo. Nos obligaron a darles los teléfonos y el dinero. Me dejaron el cuerpo negro y azul.”

El derecho internacional de los derechos humanos protege el derecho a pedir asilo, así como el derecho a no sufrir tortura y otros malos tratos. Bielorrusia viola de manera flagrante estos derechos, a pesar de ser Estado Parte en tratados internacionales que los protegen.

Polonia: La devolución sumaria, una práctica común, ignorando los procedimientos de solicitud de asilo y las garantías de derechos humanos

La mayoría de las personas que lograron cruzar la frontera de Polonia fueron arrestadas y devueltas inmediatamente por soldados polacos unos cuantos cientos de metros más allá. Amnistía Internacional documentó también varios casos de personas que consiguieron adentrarse algo más en territorio polaco, llegando incluso a caminar varios días antes de ser recogidas por las fuerzas de seguridad polacas o de acercarse a ellas tras pasar varios días sin comida ni techo.

Todas las personas con quienes Amnistía Internacional habló, excepto una, fueron devueltas a Bielorrusia sin el debido proceso. A pesar de expresar su intención de solicitar asilo en la UE, se vieron envueltas en una larga serie de expulsiones masivas sistemáticas que vulneraban totalmente el derecho internacional y la legislación de la UE.

Las fuerzas de seguridad polacas veían claramente los malos tratos que sufrían las personas solicitantes de asilo y migrantes del lado bielorruso, pese a lo cual las devolvían al otro lado de la frontera.

La mayoría de las personas con las que Amnistía Internacional habló que habían intentado cruzar la frontera más recientemente dijeron que con frecuencia las fuerzas de seguridad polacas dañaban sus teléfonos y en ocasiones trataban violentamente a la gente, por ejemplo, rociando a niños con pulverizadores de pimienta y empujando a adultos a los ríos.

Un hombre sirio que viajaba con su esposa y dos hijos dijo a Amnistía Internacional que miembros de las fuerzas polacas los habían subido a la parte trasera de un camión militar: “Había 50-60 migrantes, y tras conducir más o menos una hora, nos devolvieron a la zona de contención. En el camión, un soldado que nos oyó hablar volvió a rociarnos con un pulverizados de pimienta, y mi hijo y mi hija se pasaron casi una hora entera llorando”.

Un hombre yazidí iraquí, dijo a Amnistía Internacional que, aproximadamente una hora después de cruzar a Polonia, las fuerzas de seguridad polacas lo arrestaron y se lo llevaron, junto con varios hombres más, hasta un riachuelo que señalaba la frontera con Bielorrusia. “Era un río de sólo 10 o 15 metros de ancho, pero profundo y caudaloso. Nos sacaron a la fuerza de los vehículos y nos empujaron al agua. A quien no entraba al río, lo golpeaban con porras. Además, tenían perros. A las mujeres y los niños, y también a algunos hombres, se los llevaron a otro sitio. Vi cómo a un hombre se lo llevaba la corriente. Si no sabías nadar, te ahogabas.”

Polonia viola claramente el derecho y las normas internacionales, incluida la prohibición de la tortura y otros malos tratos. Según el principio de no devolución, las autoridades no deben enviar a la fuerza a ninguna persona a un país o territorio donde corra riesgo de ser sometida a torturas u otros malos tratos.

La Comisión Europea no actúa contra los abusos

A pesar de las atroces violaciones de derechos perpetradas por los Estados de la UE fronterizos con Bielorrusia, la Comisión Europea no ha iniciado ningún procedimiento judicial para defender y hacer respetar la legislación de la UE.

Es más, el 1 de diciembre de 2021, la Comisión Europea propuso medidas de excepción provisionales que permitirían a Letonia, Lituania y Polonia hacer excepciones a normativas de la UE, por ejemplo manteniendo retenidos a solicitantes de asilo en la frontera durante 20 semanas con salvaguardias mínimas y facilitando las deportaciones. Esta decisión de la Comisión es injustificable, y debilitará el marco jurídico de la UE sobre migración y asilo.

“Miles de personas —muchas de las cuales huyen de guerras y conflictos— están atrapadas en Bielorrusia en lo más crudo del invierno y en condiciones extremadamente precarias. En vez de recibir la atención que necesitan, estas personas son sometidas a una brutal violencia. Bielorrusia debe dejar de ejercer esta violencia de inmediato, y los Estados miembros de la UE, dejar de negar a las personas la posibilidad de escapar de estas atroces violaciones, y por supuesto, no devolverlas a Bielorrusia para que las sufran una y otra vez”, ha dicho Jennifer Foster.

A Amnistía Internacional le preocupa que las personas que siguen atrapadas en Bielorrusia en situación irregular, sea en las regiones fronterizas o en la capital, Minsk, y en otras ciudades, estén en peligro de sufrir graves violaciones de derechos humanos. Con un número cada vez mayor de personas solicitantes de asilo atrapadas en su territorio, las autoridades bielorrusas ya han comenzado a devolverlas a sus lugares de origen, incluso de forma ilegítima, sin evaluar sus necesidades de protección. Muchas de las personas con las que la organización habló se enfrentan a ser devueltas a Siria, no a los países de los que partieron, como Egipto, Turquía y Líbano, donde tienen prohibido volver a entrar.

Desde junio de 2021, el número de personas que llega al territorio de la UE desde Bielorrusia comenzó a aumentar, en lo que los líderes de la UE calificaron de “amenaza híbrida” orquestada por las autoridades bielorrusas en reacción a las sanciones de la UE tras las violaciones de derechos humanos generalizadas que siguieron a las elecciones presidenciales de 2020, cuyo resultado oficial fue muy polémico y desencadenó protestas pacíficas multitudinarias.

Amnistía Internacional realizó nueve entrevistas en profundidad a personas sirias, libanesas y sudanesas que viajaron —algunas junto con sus familias— desde Egipto, Líbano, Siria y Rusia con la intención de solicitar asilo en la UE, y que en el momento de la entrevista se encontraban en Alemania, Líbano o todavía en Bielorrusia. Además, la organización viajó hasta Irak, donde pudo hablar con 66 personas que habían sido devueltas a su país, voluntaria o involuntariamente, tras intentar sin éxito llegar a la UE. Estas entrevistas se realizaron en Bagdad, Dohuk, Baadre, Khelakh, Shariya, Zakjo y Raniya o en sus alrededores.

Amnistía Internacional solicitó a las autoridades de Bielorrusia acceso a la zona fronteriza y a las personas atrapadas allí. La respuesta de las autoridades fue: “Por parte de Bielorrusia, no vemos ninguna utilidad a la visita de representantes de Amnistía Internacional con el fin indicado”.

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