Bernardo Montoya Navarro conoce infinitamente más cómo se ve la vida desde la cárcel que qué se siente al respirar el aire de la calle en libertad. Cuando el pasado 28 de octubre puso los pies en la puerta del Centro Penitenciario de Huelva, dejó atrás un larguísimo historial delictivo y saldó hasta el último día sus deudas con la justicia por los incontables delitos cometidos desde su juventud. Hasta que la joven profesora Laura Luelmo, de 26 años y procedente de Zamora, alquiló a comienzos de este mes una casa justo enfrente de la suya en El Campillo (Huelva). El destino los cruzó para siempre. Ella está muerta y él de nuevo en prisión, con un nuevo crimen que sumar a su extenso historial manchado de sangre.

Durante su reclusión, Bernardo no disfrutó de beneficios penitenciarios, excluyendo algún que otro permiso puntual, y cumplió hasta el último día la pena dictada por la justicia. Y ello pese a su buen comportamiento dentro de la cárcel, como confirman a Diario16 fuentes penitenciarias. “Nunca fue un recluso conflictivo, es más, siempre rehuía de otros compañeros que pudieran acarrearle problemas dentro de la prisión”, explican estas fuentes.

Herrero de profesión, su mente estaba puesta muy lejos de El Campillo y Cortegana, los municipios onubenses donde ha residido las últimas décadas su familia, originaria de Barcelona. Quería rehacer su vida lejos, al norte, quizá probar suerte en Barcelona. Como han recordado estos días sus vecinos de El Campillo, apenas ha estado un mes en su casa del número 1 de la calle Córdoba, justo enfrente del número 13, donde la joven Laura Luelmo comenzó a residir desde comienzos de este diciembre para cubrir una plaza de profesora interina en el IES Vázquez Díaz de Nerva. La vivienda alquilada por la joven la construyó en su día el padre de su asesino confeso, que la vendió a la mujer que se la arrendó mientras se prolongara su interinidad de docente en Nerva.

Durante sus largos años de reclusión, Bernardo decidió acudir voluntariamente a cursos de formación en violencia de género, precisamente él, que en el año 2008 intentó agredir sexualmente a una joven en El Campillo, a la que amenazó con un cuchillo para intentar violarla. La intervención de un pastor alemán propiedad de la víctima impidió que cumpliera su propósito. El seguimiento de estos cursos se realiza con la intención de sumar méritos para reducir la pena impuesta por la justicia. Pero Bernardo no pudo salir ‘limpio’ definitivamente hasta el pasado 28 de octubre, sin ningún tipo de reducción de condena.

El asesino confeso de la joven profesora ha pasado casi la mitad de sus 50 años en prisión por asesinato, intento de violación y robo

Más de la mitad de sus 50 años de existencia los ha pasado entre rejas por diversos delitos, entre ellos, asesinato, intento de violación y robo con violencia. Precisamente este último ha sido el que ha cumplido en el Centro Penitenciario de Huelva durante dos años y diez meses.

La condena recibida en 1997 por el crimen de una anciana en diciembre de 1995 la saldó en 2013. Fue condenado a 15 años de prisión y la prohibición de volver a Cortegana durante un periodo de cinco años por el asesinato de una anciana, a dos años y siete meses de cárcel y el pago de una multa de 2.700 euros por un delito de obstrucción a la justicia, y a la pena de dos meses de arresto mayor y 600 euros de multa por un delito de allanamiento de morada.

Por estos hechos, Bernardo entró en prisión el 18 de diciembre de 1995, y ya entonces sufría una grave adicción a la heroína y a la cocaína desde hacía varios años, por lo que la sentencia le reconoció que en el momento de ocurrir los hechos tenía levemente afectada su voluntad, motivo por el que la Audiencia Provincial aplicó en el delito de asesinato una atenuante analógica.

 

Primera inspección de la casa del detenido tras su arresto

Mientras tanto, en referencia a la investigación del caso que intenta aclarar las circunstancias del crimen de Laura Luelmo, la Guardia Civil siguió la pista de Bernardo desde el mismo instante en que la familia denunció su desaparición el pasado jueves 13 de diciembre. Pero mientras los agentes del cuerpo armado inspeccionaron ocularmente la casa de la joven asesinada el mismo día de la denuncia de su desaparición, la vivienda del número 1 de la calle Córdoba, donde residía el asesino confeso, no fue inspeccionada por los agentes de la Guardia Civil hasta este martes 18, una vez detenido Bernardo Montoya a mediodía tras huir de unos agentes que los seguían, según ha confirmado a Diario16 un portavoz del instituto armado.

La UCO se hizo cargo de la investigación al poco de denunciarse la desaparición de Laura y ha dirigido el interrogatorio que ha finalizado con la confesión del crimen por parte de Bernardo Montoya. Los agentes disponen de un plazo legal máximo de 72 horas antes de pasar al detenido a disposición de la jueza de Instrucción número 1 de Valverde del Camino, que ha decretado el secreto de sumario tras asumir la investigación.

¿Quieres recibir las novedades de Diario16?

3 Comentarios

  1. Confesión de un miserable asesino
    El periódico ABC y varios programas policiales reportaron el testimonio que ofreció a la Guardia Civil.
    La chica salió de su casa y se me acercó a preguntarme algo. Yo estaba sentado en una silla en la puerta de la mía, que están frente a frente. Ella me dijo: ‘Hola vecino, oye sabrías de algún supermercado por aquí? Es que soy nueva’
    Yo le respondí: ‘Claro mujer’, y le di una dirección. La engañé porque la mandé a un callejón sin salida donde no había supermercado ni nada.
    En cuanto se alejó un poco yo corrí a por mi coche. Me monté y dando un rodeo llegué primero al callejón. Allí esperé a que llegara. Cuando la chica apareció en el callejón sin salida, se quedó como sorprendida y me preguntó: ‘¿Qué haces aquí?’ Y mirando hacia los lados dijo: ‘¿Y dónde está el supermercado?’
    Entonces sin decir palabra, la agarré y golpeé con violencia su cabeza contra el maletero de mi coche. Quedó inconsciente en el suelo. Tenía una cuerda en el vehículo y aproveché un trozo para atarle las manos a la espalda.
    La metí en el maletero del coche y la envolví en una manta con el propósito de agredirla sexualmente después. Conduje hasta el lugar donde la encontraron.
    Al llegar, la desnudé de cintura para abajo y traté de violarla, pero a pesar de que ella estaba inconsciente no lo conseguí. Lo intenté pero nada. Juro que al final no la agredí sexualmente.
    Luego me asusté. La saqué del coche y la trasladé como pude hasta la zona de las jaras. Y me fui corriendo, pero juro que cuando yo la dejé allí, ella todavía estaba viva.
    Me fui corriendo. Llevaba en el coche las zapatillas de la chica y el teléfono. De regreso a casa tiré el teléfono en un contenedor y unos minutos después las zapatillas en otro contenedor.
    Llegué a casa e intenté dormir, pero no lograba conciliar el sueño. Así que decidí salir a andar. Salí de casa a dar un paseo.
    Los días siguientes iba a ver a gente, a conocidos, a amigos y luego regresaba a casa, hasta que un día vi a la Guardia Civil. El sábado por la tarde traté de entrar en mi casa, pero estaba allí la pareja de la Guardia Civil. Al verles, salí corriendo para no volver.

  2. ¡Qué utiles fueron los cursos de violencia de genero de 2008 que se le impartieron a Montoya…!

    Claro, si es que, como dice el juez Ximo Bosch de Jueces para la Democracia ( parentesis y pregunto, ¿¿¿es que los jueces de las otras asociaciones no son para la democracia ???), digo, que como dice esa lumbreras deBosch, lo verdaderamente util es ésto, cursillos, charlitas, y seminarios…lo de la prision permanente es una atrocidad, con lo bien que se reinserta esta gente cuando se les da un cursillo, no hay mas que verlo…..cretinos papanatas, complices de la maldad por idiocia criminal.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here