Y que bien se nos da lamentarnos día tras día dejando a un segundo plano las reacciones.

Así empezaría este artículo después de una semana sin publicar para seguir viendo el escenario al que nos enfrentamos desde las elecciones en Andalucía.

No esperen que yo siga dando protagonismo a quien no lo tiene. Pero sí lo tienen los verdaderos protagonistas que no son otros que los votantes.

No se trata de buscar culpables, como tampoco tener que estar constantemente diciendo que estamos a borde de una guerra… ¿civil?

Claro, también habría que definir que entendemos por una guerra, porque para mí llevamos décadas en guerra continua. ¿O es que ver el planeta con datos escalofriantes sobre la pobreza en todo su contexto, o el cambio climático que se acelera más de lo que pudiésemos pensar, no es estar en guerra?

La guerra también podríamos extenderla a la falta de valores, en el que todo funciona a través de robots que están consiguiendo hasta pensar y decidir por nosotros.

Podrían tacharme de fría e incluso de ilusa, pero quizás soy yo la que no lo es, y simplemente me limito a desbloquear este proceso de desolación, indignación y frustración.

Seguimos estando escasos de autocrítica y de enriquecimiento social.

Somos cangrejos dando un paso para adelante y tres para atrás. Así funcionamos.

No, yo no creo que estemos en un túnel sin salida. Más bien estamos en la postura cómoda de mantenernos arrinconados, culpando a los demás de nuestras frustraciones, que son exclusivamente nuestras.

Me mantengo en no nombrar a esos que entraron al escenario político por la obra y gracia de los grandes partidos de este país, a quienes tampoco pienso mencionar.

Pero sí voy a mencionar a la constitución- anti constitución que tanto se nombra ahora aparte por su 40 aniversario, porque parece ser que también pretenden barrer en algunos apartados de ella. ¿Y si nos ponemos de nuevo a repasar la constitución y contabilizamos los artículos que se vulneran? O es que quizás no tienen nada que ver y yo sigo mezclando las cosas.

Las reacciones pasan por empezar analizando que estamos haciendo mal ya que debemos plantearnos para dar ese giro quienes creemos en una sociedad igualitaria.

Quizás a mí lo que sí me da miedo es escuchar. “Penalizar el aborto cuando éste sea un capricho”: “Aniquilar la ley contra la violencia de género”: “La reasignación de sexo no será cubierta por la sanidad pública”” Terminar con la inmigración a no ser que se venga con los papeles arreglado para trabajar” … Y así podríamos seguir.

Pues creo que está claro. Queda precisamente eso, tomar nota y ver que pretendemos hacer quienes creemos en una sociedad igualitaria en el que nadie se quede fuera de los derechos humanos, quienes no pueden ser medidos según interesa a quienes creen en la división de clases sociales.

Impidamos que Cataluña o Podemos sean el objetivo para así tapar nuestros propios errores, porque eso no les corresponde ni tan siquiera a quienes nos hacen despertar los fantasmas del pasado no tan pasado. Nos corresponde mirarnos adentro y reaccionar.

Las lamentaciones forman parte de los derrotados, y las reacciones forman parte de la valentía para seguir luchando por aquello en lo que creemos.

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Madrileña de 52 años, afincada en Tenerife desde el 2002. Auxiliar de enfermería, pero desde hace catorce años, inspectora de seguros. Mi pasión por los medios de comunicación me ha llevado a colaborar en diferentes medios audiovisuales en la isla, donde actualmente dirijo “El Rincón de Ana Vega”.

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