Messi en el fatídico día del 2-8 ante el Bayern.

¿Recuerdan aquellos tiempos en los que Real Madrid y Barcelona mandaban en el fútbol europeo con mano de hierro? Pues no hay que retrotraerse en exceso para evocar aquella sensación de dominio absoluto. No en vano, entre ambos se han repartido seis de las últimas diez ediciones de la Champions League. Cuatro para los blancos (tres de ellas de manera consecutiva), y dos para los culés. Sin perder ni una sola final. Hace, pues, no tanto que el fútbol español ejercía un régimen casi dictatorial en Europa. Madrid y Barça hacían temblar al resto de equipos. Con Cristiano y Messi como principales baluartes.

Las cosas han cambiado mucho en la actualidad. Si uno piensa en los principales candidatos ha alzar la orejona en la temporada 2020-2021, se le vendrán a la cabeza nombres como Bayern Munich, Liverpool, PSG o Manchester City. Ya no hay miedo en los rivales al pensar en vencer a Barcelona y Real Madrid. Prueba de ello es el descaro y valentía con la que el Shaktar Donetsk, un equipo de tercera línea, asaltó Valdebebas hace tan solo unos días. Por no hablar de la inolvidable goleada que le infringió el Bayern al Barça en Agosto. O lo remotamente cerca que estuvo el Madrid de eliminar al City. Toda época gloriosa tiene su fin, y éste parece haber llegado. Nada de esto es casual, obviamente. Ambos clubes han tenido gestiones, cuanto menos de dudoso acierto, de sus plantillas.

Se fue CR, se fue el gol

El Real Madrid, perdió prácticamente todo su punch al vender a Cristiano Ronaldo. O mejor dicho, al no contratar un sustituto para el luso. CR generaba pánico en las defensas rivales. Condicionaba partidos. Un sinfín de goles. Desde su marcha, los de Zidane (con otros entrenadores mediante) se han convertido en un equipo vulnerable. Con un centro del campo al que le pesa el paso de los años, y una defensa que se convierte en un coladero a la mínima que Sergio Ramos tose, o que a Courtuios se le ocurre fallar.

Su arranque de temporada nos deja el mismo cuerpo que el final de la pasada: el de ser una escuadra previsible, sin alternativas de juego y con graves problemas de cara el gol. El Madrid es segundo en liga, viene de vencer 1-3 en el clásico, pero las sensaciones transmitidas son las de ser uno más en Europa. Sin ir más lejos, mañana, a las primeras de cambio, afronta un duelo a vida o muerte ante el Inter. Un duelo que podría haber sido más dramático, de no ser por el gol de Casemiro en el 93 en Mönchengladbach.

Quizás, los blancos se agarren a la exquisitez de Benzema, al peso del escudo del 13 veces rey de Europa, o al deseo de que Hazard sea el que maravilló al mundo en el Chelsea. Lo que está claro es que mucho ha de cambiar el Madrid si desea optar a todos los títulos. Margen hay. Armas, no demasiadas.

El tsunami que no cesa

Por otro lado, está el FC Barcelona. El club catalán lleva años instalado en un terremoto institucional constante. Desde destituciones polémicas, hasta presuntas campañas internas de desprestigio hacia sus propios jugadores. Todo ello bañado en multitud de declaraciones incendiarias de personas con mucho peso en el Barca. Y por supuesto marcado por la petición de salida del club de Messi este mismo verano. Un no parar. Finalmente, el argentino seguirá un año más en el club de sus amores, y Bartomeu al fin ha dimitido. Habrá elecciones en Diciembre y la situación solo puede mejorar. Aunque, nubes negras se ciernen sobre el futuro económico del club. Papelón para el próximo presidente.

Deportivamente hablando, el Barça aún arrastra sus famosos fracasos en Roma, Liverpool y Lisboa. Fallando a la hora de la verdad. Para colmo, el Barça viene de desperdiciar una renta de ocho puntos con su eterno rival en la pasada Liga Santander. Sin embargo, no ha habido cambios de excesiva relevancia en la plantilla. Marchas sin recambios, una defensa raquítica y sin un nueve de referencia.

El arranque de temporada sume al Barça en un mar de dudas. El equipo catalán es 12º en Liga (con dos partidos menos) y acumula ya cuatro jornadas consecutivas sin ganar. A ocho puntos del Madrid. Con una falta de puntería preocupante. Bien es cierto que el comienzo en competición europea ha sido fulgurante: paliza al Ferencvaros y exhibición en Turín.

La realidad es que el juego culé ha mejorado notoriamente en los últimos partidos. El balón circula con cierta fluidez, Messi se va encontrando, Jordi Alba parece haber rejuvenecido, y los jóvenes Pedri, Trincao, y Ansu Fati ponen ilusión a este proyecto. Pero el feeling dista mucho de ser el mejor. Koeman sigue sin encontrar solución a los equipos que se parapetan atrás. Parece no haber un plan B. Además, la evidente decadencia de Busquets y la eterna espera a De Jong, hacen que el Barça haya perdido ese dominio del balón que tanto le caracterizó en la última década.

El Madrid siempre ha de ser tenido en cuenta. Por su actitud, experiencia y calidad en muchos de sus jugadores. No podemos olvidar que en el Barça juega el mejor jugador de la historia. Esto hace que nunca podamos descartar a nuestros dos titanes de pelear por las cotas máximas de éxito. Pero resulta evidente que ambos han de dar un giro radical, para que el día que se vean las caras con Lewandowski, Müller, Guardiola, Klopp o Neymar-Mbappé, puedan estar a la altura, y al menos, competir por recuperar el trono del fútbol europeo y mundial.

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