EL CONTEXTO: No es necesario que simpaticen o que detesten la reivindicación de gran parte de los catalanes para ver el contexto actual. La contundencia policial a manifestantes pacíficos el 1 de octubre al grito de “a por ellos” de tantos españoles y medios; activistas pacíficos en prisión, considerados presos políticos por Amnistía Internacional y por el Grupo de Trabajo sobre la Detención Arbitraria de las Naciones Unidas; una Presidenta de Parlamento encarcelada; medio gobierno elegido democráticamente encarcelado y otra parte en el extranjero donde, como mínimo, se ponen en duda las órdenes de extradición. Europarlamentarios votados por el pueblo sin poder acceder a su escaño cuando, en el momento de su elección, no estaban condenados por nada; y una serie de juicios pendientes (Trapero…). Todo ello son hechos, tanto si los justifican o los creen injustos. Estaremos de acuerdo, más allá de la ideología de cada uno, que la situación, muy normal, no es.

DEPORTE: Hay quien se escandaliza de que se mezcle deporte y política. Parece ser que el deporte es intocable. Curiosamente, muchos de ellos son los que se sirven de la imagen o alguna declaración del tenista Nadal para encubrir sus mensajes; o que usan la selección nacional (la Roja) para ello; o que pasan de puntitas cuando se otorga todo un premio Príncipe de Asturias a Fernando Alonso con la residencia en Suiza (entonces) para pagar menos impuestos (“pasar de puntitas” es hacer política por omisión, como nos enseñó Mariano Rajoy). Parece que es más importante un partido de futbol que bloquear un aeropuerto, cortar carreteras, una frontera (obligando a la policía de otro país a intervenir). ¿Por qué? ¿Por amor al deporte?

EL BARÇA: Desconozco si es oficial u oficioso el lema del Barça de “Més que un Club”. Para un aficionado o simpatizante del Barça de Huelva, Buenos Aires o Dakar, seguramente solo se trata de un club, y ya está. Para muchos catalanes, no, es algo más: desde cerrar el estadio durante la dictadura de Primo de Rivera porque se silbaba la Marcha Real; la relación del presidente Suñol con la política (diputado por ERC); que el régimen franquista designara directamente el presidente del club hasta mediados de los ’50, castellanizándolo y, durante un tiempo, cambiando la bandera catalana de su escudo por la española; o que el estadio fuese un lugar de libertad de expresión y de embajador de ésta en el extranjero, y muchos otros aspectos, lo convierten en ese “Más que un Club”. El precio de ese eslogan o lema es aceptar que el Club pueda constituir un vehículo para reivindicar asuntos “más allá” del mero deporte. En Cataluña, esto es un hecho, se entienda o no, guste o no. Desconocerlo, simplemente, es ignorancia.

EL CLÁSICO: ¿Qué es lo que incomoda? ¿Lo que escandaliza? Pues, sencillamente, una cuestión de cifras: el clásico se estima que lo verán unos 650 millones de personas de 180 países (más que la final de la Champions). Se entiende el pánico a que Tsunami Democràtic (nadie sabe cómo) consiga transmitir a toda esa audiencia que la situación, en este país, no es normal. Hacer esta reivindicación posible y visible y que una parte de los espectadores mundiales se pregunte qué ocurre: por pequeño que sea el porcentaje de personas que se interesen, que sientan curiosidad, es tal la magnitud de la audiencia que serán muchos. Si Tsunami será, o no, capaz de montar una reivindicación que sea llamativa (por ejemplo, podrían convocar todas las “collas” de Cataluña y envolver el estadio con Castells, uno por cada preso o exiliado, eso seguro que saldría por las teles), si consiguen ser visibles sin crear antipatías y una cierta curiosidad solidaria, esto ya lo veremos, que no es tan fácil. Es este otro partido lo que horroriza a la Corte Capitalina. ¿Por qué? Si creen que han obrado correctamente, con justicia y salvaguardando los Derechos Humanos, no tendrían nada que temer.

TSUNAMI: Por cierto, los de Tsunami Democràtic no piden la independencia, sino que piden que el Estado Español se siente y hable de la reivindicación que más se extiende entre la población catalana: decidir por nosotros mismos nuestro propio futuro político. Hacerlo democráticamente, pacíficamente y aceptando los resultados. El Estado Español, más allá de la represión (que ustedes pueden pensar que solamente es justicia), nos ignora, calla. Así, no parece tan extraño que se use ese multitudinario altavoz para transmitir un mensaje e incomodar un poquito al Estado. A ver si deja de darnos la espalda que, por el momento, creo que también somos ciudadanos que lo constituyen. Aunque me temo que, si tan poco les preocupa por España lo que diga Amnistía Internacional, lo que haga la gente de Tsunami les importará un pepinillo. Pero, a lo mejor, a otros, no. Esto lo iremos sabiendo con el tiempo, a base de insistencia. A los que les incomodan las protestas porque creen que el contexto actual es “normal”, no se llamen a engaño: que muchos catalanes puedan vivir su propia normalidad (el día a día obliga) en esta situación anormal, no significa que la acepten sin más. Tarde o temprano la gente encontrará un canal para expresar el rechazo al desprecio con que nos trata el Estado y sus medios, con el respaldo de gran parte de la población española. Entonces, se mirará atrás y acontecimientos como las protestas de Tsunami serán meras anécdotas, casi contempladas con cierta nostalgia.

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Estudiante durante 4 años de arte y diseño en la escuela Eina de Barcelona. De 1992 a 1997 reside seis meses al año en Estambul, el primero publicando artículos en el semanario El Poble Andorrà, y los siguientes trabajando en turismo. Título de grado superior de Comercialización Turística, ha viajado por más de 50 países. Una novela publicada en el año 2000: La Lluna sobre el Mekong (Columna). Actualmente co-propietario de Speakerteam, agencia de viajes y conferenciantes para empresas. Mantiene dos blogs: uno de artículos políticos sobre el procés https://unaoportunidad2017.blogspot.com y otro de poesía https://malditospolimeros.blogspot.com."

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