Diario16, a lo largo de los años, ha dejado bien probada la crueldad de Banco Santander hacia las mujeres trabajadoras. En estas páginas se han plasmado los testimonios de diferentes exempleadas que han sufrido las consecuencias de unas políticas laborales basadas en exprimir al máximo a la plantilla y, en consecuencia, a dejar en la cuneta a las trabajadoras con reducción de jornada para cuidar a sus hijos e hijas pequeñas.

En estas semanas se está ya iniciando la comunicación de despidos forzosos dentro del ERE, por más que luego pretendan vestirlos de «voluntarios», cuando esa voluntariedad se logra a través de la imposición y el chantaje hacia los trabajadores y trabajadoras a los que se pone en la tesitura de firmar su salida voluntaria y que, de no hacerlo, perderán todos los beneficios económicos aprobados en el acuerdo del ERE.

Nuevamente, como ya ocurrió en 2018 y 2019, el Santander se volverá a cebar con las mujeres y es la mejor muestra de que el feminismo que va pregonando Ana Patricia Botín es tan impostado como su compromiso en la lucha contra el cambio climático o contra el blanqueo de capitales. La propia presidenta del Santander es, en sí misma, la representación humana del oxímoron.

El último ejemplo que se ha hecho público sobre el ataque de la entidad cántabra hacia la mujer lo hallamos en el despido de una trabajadora del banco tras quedarse embarazada. Según ha publicado VozPópuli, una empleada de Estados Unidos ha sido despedida tras ser madre, hecho que ha provocado una demanda contra el Santander. La relación con la entidad presidida por Ana Patricia Botín comenzó a deteriorarse tras quedarse embarazada de alto riesgo. En principio se le ofreció teletrabajar pero de manera sorprendente se la obligó a volver a su oficina y amenazó con el despido si no lo hacía. La empleada volvió pero se vio obligada a acudir a urgencias por complicaciones en el embarazo. Además, por dos ocasiones le recortó sus beneficios variables. En 2020 volvió a quedarse embarazada y ahí se produjo el despido.

Según ha declarado el Santander a VozPópuli, esa ruptura de contrato se produjo en el contexto de una reducción de personal. Sin embargo, la demanda señala que se mantuvo en su puesto de trabajo a hombres con peores resultados que la mujer. Todo un ejemplo del feminismo de Ana Patricia Botín que, tal y como afirmó en la Junta General de Accionistas de octubre de 2020, ella era feminista porque es bueno para el negocio.  

Sin embargo, lo denunciado en Estados Unidos no es nuevo en el Santander. Diario16 publicó en exclusiva cómo en Brasil, la filial más rentable, un tribunal de Sao Paulo condenó a la entidad presidida por la autoproclamada feminista Ana Patricia Botín por los daños morales causados a una empleada tras comunicar a su gerente que estaba embarazada. Ante esta noticia, el director, en presencia de varias personas, le replicó que acababa de firmar un «contrato de estupidez». Con estas palabras quería hacerle entender a la trabajadora que el embarazo le iba a dificultar su ascenso profesional y que eso le iba a quitar recursos para mantener a su hijo.

Volviendo a España, en el actual ERE, las empleadas ya están denunciando que el Santander ha puesto su punto de mira en las madres. «No hay igualdad. En el ERE de Banco Santander se está cometiendo una injusticia con las madres con hijos menores de 5 años. Desde que soy madre está claro que ni carrera profesional ni nada. Soy una persona muy cumplidora y responsable y en el banco me han confirmado que no gustamos las madres con niños pequeños. El trato de Recursos Humanos conmigo ha sido muy agresivo. Somos las madres las que estamos siendo seleccionadas para salir del Santander. Esto no es igualdad».

Con estos comportamientos, el Santander demuestra que miente respecto a sus políticas de igualdad y a la defensa de los derechos de la mujer cuando en su página web afirma que «la igualdad de género es un derecho fundamental que sirve de motor para conseguir una sociedad más justa y prospera en todos los niveles. En el caso concreto de Santander, trabajamos cada día para lograr la igualdad real entre nuestros profesionales. Este trabajo se ve reflejado en nuestras cifras».

Ana Patricia Botín lleva años defendiendo que es feminista, pero tiene que estar justificándose y dando explicaciones constantemente porque nadie se lo cree, puesto que, en realidad, la presidenta del Santander no es feminista o, al menos, no representa con sus actos los valores del feminismo.

Incluso llegó a publicar un artículo en la red LinkedIn que fue definido por Manuel Domínguez Moreno del siguiente modo: «El fondo del artículo de la señora Botín no es más que un alegato a las desigualdades que genera el liberalismo extremo al que representa la presidenta del Banco Santander ya que va acompañado de una importante carga ideológica en la que no podían faltar los clichés de la competitividad sin medida en la que se basa el credo ultraliberal que Ana Patricia Botín representa».

El Santander incorporó a sus productos un fondo de inversión con un pretendido perfil feminista: Santander Equality Acciones, el cual catalogaron como «el primer fondo español que invierte en empresas con políticas sólidas de igualdad de género». Pura mercantilización del feminismo. Es un fondo que la propia Ana Botín valoró como sostenible, con criterios de igualdad y liderazgo femenino. Una inversión para obtener beneficios de aquellas empresas que son «feministas». Una forma de atraer a inversores especulativos con conciencia social hacia las necesidades de fondos del propio Banco de Santander. Una mercantilización de la lucha por los derechos de las mujeres para un beneficio privado. El feminismo de Ana Patricia Botín es impostado y predicado para una necesidad y una finalidad puramente económica, una campaña de marketing de cara al lanzamiento de este nuevo producto.

Hay que recordar que el Santander fue acusado e investigado en Estados Unidos por prácticas discriminatorias, incluidas a las mujeres. Un informe de febrero de 2017 de la asociación Committee for Better Banks  que evidenciaba como el Santander utiliza prácticas discriminatorias que le convertían en el banco del noreste de Estados Unidos que más préstamos deniega a las mujeres y a la población afroamericana.

Estas prácticas llevaron a la Ciudad de Providence a demandar al Santander y a que el Departamento de Justicia iniciase una investigación sobre estas prácticas discriminatorias. El informe pone el ejemplo de la ciudad de Philadelphia donde, en 2015, el Santander denegó el 32% de los préstamos a las mujeres lo que representaba un 21% de rechazo superior a los del resto de bancos.

Por otro lado, y volviendo al trato que se da a sus trabajadoras, el Santander lanzó una campaña de marketing en relación a sus políticas para que sus empleados compaginen la vida profesional y personal. «Creemos que este equilibrio puede lograrse con un sistema de flexiworking: una forma de trabajar que mejora la eficiencia y la productividad de nuestra plantilla, impulsando horarios flexibles, el teletrabajo y la conciliación de la vida profesional y personal», afirmaba la campaña.

¿Cómo se puede hacer un planteamiento tan hipócrita cuando aún estaban calientes los rescoldos de un Expediente de Regulación de Empleo que se cebó con las mujeres, precisamente, con las personas que más necesitan conciliar?

Sin embargo, el Santander fue a más: «somos conscientes de esta necesidad [en referencia a la conciliación] y por ese motivo centramos nuestros esfuerzos en facilitar la conciliación laboral y familiar de nuestros trabajadores.  Para conseguirlo nos hemos adaptado a los nuevos tiempos y a las nuevas tecnologías a través de sistemas de trabajo que permitan a nuestros empleados trabajar de forma eficiente adaptándose a las necesidades de su vida personal».

¿Se puede ser más hipócrita? Sí, evidentemente, sí y el nuevo caso de la empleada de Estados Unidos da muestra de cómo el banco presidido por Ana Patricia Botín defiende una cosa de cara al público y hace la contraria porque las reducciones de jornada o las necesidades de la mujer cuando va a ser madre no son buenas para el negocio. Ese es el verdadero rostro del Santander, no lo que anuncian de manera rimbombante en su página web o en las palabras vacías de su presidenta.

Aquí tiene Irene Montero, ministra de Igualdad, un asunto muy grave para trabajar en defensa de los derechos de las mujeres, la diversidad en general y los derechos de las personas trans. Sin embargo, a la ministra tal vez le resulte más cómodo y rentable sonreírse a la señora Botín en los actos oficiales en los que coinciden.

2 Comentarios

  1. es/kissinger-en-1976-sobre-juan-carlos-i-en-la-transicion-su-actuacion-es-muy-creible-ha-sabido-manipular-muy-bien-las-fuentes-de-poder/

  2. …y de hacer mobbing, y de maltratar a los trabajadores, y de fomentar los comportamientos poco éticos, y de fomentar el pésimo clima laboral, y de amenazar, y de romper familias, y de promocionar a la peor calaña, etc.Pero tienen comprados a todos los sindicatos y partidos políticos, así que a seguir aguantando….

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