Diario16 ya advirtió en el mes de abril de 2020 que el impacto del cambio de divisas en las cuentas de Banco Santander iba a ser muy negativo para la entidad presidida por Ana Patricia Botín. Y así ha sido.

En concreto, en 2020 el Santander ha perdido 10.400 millones de euros por el tipo de cambio que, como viene siendo habitual, no ha imputado en la cuenta de resultados, sino que lo ha cargado en el patrimonio. Esto ya es habitual en el banco cántabro, puesto que, tal y como publicamos en exclusiva en este medio, en el ejercicio 2017 perdió más de 8.000 millones por este concepto.

Puede que sea legal hacerlo así, pero no es ético ni para los clientes ni para los accionistas, puesto que, en realidad, lo que se está haciendo es alargar la imputación de esas pérdidas hasta el momento en que la entidad decida vender, en el corto o en el largo plazo, las filiales en el extranjero. Entonces será el momento en que el Santander se vea obligado a imputar pérdidas milmillonarias en sus cuentas. ¿Qué ocurrirá entonces, sobre todo cuando está en juego una más que probable macro fusión con uno de los bancos más grandes del mundo?

Tal y como advertimos en Diario16 en el mes de abril, la devaluación frente al euro del real brasileño, de la libra esterlina, del dólar o del peso mexicano podía propiciar lo que ha ocurrido.

Además, se pone de manifiesto que la calificación de «peligro sistémico» que el FMI dio al Santander era cierta. En concreto, un informe de este organismo afirmaba lo siguiente: «tiene más de la mitad de sus activos en el exterior y depende en gran medida de las ganancias de sus operaciones internacionales. La gran confianza en subsidiarias extranjeras en la generación de ganancias podría implicar vulnerabilidades significativas si las condiciones financieras en los países de acogida se deterioraran».

Pues dicho y hecho. El Santander sigue sumando pérdidas por el cambio de divisas que carga contra el patrimonio hasta que decida vender las filiales que le han provocado dichos quebrantos que entonces tendrá que cargar, sí o sí, a la cuenta de resultados.

Por otro lado, los propios movimientos del Santander indican que esa imputación de pérdidas en las cuentas no podría estar lejos. Tal y como publicamos en Diario16, haciéndonos eco de lo afirmado por fuentes financieras al digital Merca2, la intención del banco cántabro pasa por deshacerse de su filial en Reino Unido para potenciar, precisamente, su negocio en Estados Unidos, sobre todo después de que HSBC, acorralado por las investigaciones de las autoridades norteamericanas por sus operaciones de blanqueo de capitales, pudiera ser el siguiente gran banco en salir del mercado estadounidense. Los intereses de HSBC y de Santander, por tanto, se cruzan, lo que podría generar una compra cruzada de los diferentes negocios de los que las dos grandes entidades quieren deshacerse. ¿Casualidad? En el sector financiero, ni en la vida, existen las casualidades. Todo podría enmarcarse en esa fusión a medio plazo entre los dos bancos para crear la mayor entidad del mundo por activos.  

Diario16, en el mes de julio de 2020, ya publicó la posibilidad de que el Santander estuviera pensando en vender su filial en Reino Unido tras la presentación de los resultados del primer semestre de 2020, en los que se comunicaron unas pérdidas de 10.798 millones de euros a causa, según lo indicado por la entidad cántabra, a una actualización del fondo de comercio y los créditos fiscales de sus filiales de Reino Unido, Polonia y Estados Unidos.

Fuentes financieras consultadas por Diario16 indicaron que esas pérdidas se producen por una limpieza de su propio balance y es significativo cómo en lo referente a Santander UK han aplicado una rebaja del valor del 50% de lo invertido, hasta llevar el fondo de comercio a 6.200 millones.

Las mismas fuentes señalaron «es como si estuvieran preparando la venta en esos países y sacar liquidez».

Si así ocurriera, ¿qué pasará entonces con el Santander? ¿Volverá a acudir al mercado en una macrooperación de ampliación de capital para cubrir esas pérdidas y que los minoritarios vuelvan a ver una nueva dilución de su pequeña inversión? Ante esta situación, ¿cómo está en realidad el Santander?

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