Los accionistas minoritarios del Banco Santander están viendo cómo sus pequeños ahorros invertidos en la entidad cántabra se están diluyendo a un ritmo que sólo se recuerda en España en el caso del Popular. En el día de ayer el valor cerró en 2,16%, después de la recuperación que ha tenido en esta semana en la que ha presentado unos resultados trimestrales en los que ha perdido un 82% respecto al primer trimestre de 2019. Esa caída viene provocada, según indicó el banco, por las provisiones ante las posibles pérdidas que provoque la crisis del coronavirus.

Sin embargo, unos días antes de que presentara los resultados del ejercicio 2019 tanto Citigroup como Jefferies rebajaron el potencial del Santander, lo cual indica que las grandes firmas de inversión mostraban su desconfianza respecto al valor de la entidad presidida por Ana Patricia Botín, sobre todo teniendo en cuenta que, antes del coronavirus, el banco había perdido un 60% desde que se produjo el cambio en la presidencia tras el inesperado fallecimiento de Emilio Botín.

De ahí que sea muy importante para la actual presidenta dar un golpe encima de la mesa con una gran operación corporativa y, tal y como publicamos en Diario16 haciéndonos eco de una noticia de Bolsamanía, una fusión con el BBVA no era ya una utopía. Incluso se hablaba de una ampliación de capital de 20.000 millones de euros.

Por otro lado, hace unos días publicamos en este medio, el impacto negativo que estaba teniendo en las cuentas del Santander la devaluación de las divisas latinoamericanas, lo que, al igual que ocurrió en 2017, podría obligar al banco cántabro a hacer una operación de refuerzo de capital de más de 10.000 millones de euros.

Cualquiera de las dos operaciones supondría un nuevo debilitamiento del valor de la acción, algo que los accionistas minoritarios no podrían soportar puesto que, con el precio actual, podría situar la acción por debajo de 1 euro, según confirmó a Diario16 un analista financiero.

Esto no es nuevo en el Santander. Un ex directivo de banca afirmó a este diario que «así como la normativa contable exige que el balance que sea la foto real de una empresa de la empresa, el balance de un banco es una fotografía pixelada. Es algo totalmente subjetivo».

Desde que estalló la crisis financiera global hasta el año 2.016, el Santander declaró en sus cuentas unos beneficios netos de 55.715 millones de euros. Además, captó capital por un total de 15.990 millones. Hasta aquí todo normal. No obstante, hay aspectos en las cuentas del banco presidido por Ana Patricia Botín que no están nada claros y que son los que demuestran su verdadera situación y por lo que necesitaba, por ejemplo, al Popular a un precio muy bajo: la depreciación del valor de sus acciones que en 2.007 cerraron con un precio de 14,79 y en el cierre de 2.016 estaban a 4,96. Por otro lado, según especialistas financieros consultados por Diario16, el propio valor del dinero invertido en el Santander es muy inferior porque, con una reinversión de los dividendos repartidos en esa década, los accionistas del Santander han perdido un 20,7% de su inversión.

Según los estados financieros remitidos a la CNMV, entre 2.007 y 2.016, el Santander pagó 24.650 millones de euros en concepto de dividendos. Por tanto, si los beneficios netos declarados por la entidad cántabra fueron de 55.715 millones, en realidad los beneficios no distribuidos fueron de 31.000 millones. A esta cifra se añade el patrimonio declarado por el Santander (44.850 millones) y el capital captado (15.990), lo que nos da una valoración total de 91.840 millones.

No obstante, la realidad es que el número de acciones ha crecido por encima del patrimonio y los beneficios, por lo que su valor contable se ha reducido. En este periodo, por las ampliaciones de capital, el Santander ha incrementado el número de acciones de los 6.254 millones con las que contaba en 2007 hasta más de 16.000 millones que tiene en la actualidad. Esto tiene un impacto brutal en el beneficio por acción ya que se ha depreciado en un 31%.

Todo esto demuestra un hecho: el Santander ha sobrevivido en el siglo XXI gracias a esas ampliaciones de capital y que, sin ellas, probablemente sus resultados hubieran sido negativos en más de un ejercicio. Es decir, que el banco presidido por Ana Patricia Botín ha necesitado captar más de 2.500 millones de euros por año, la misma cantidad con la amplió capital el Banco Popular en 2016.

Además, si nos ceñimos a los datos desde el repentino fallecimiento de Emilio Botín (2014), nos damos cuenta que la actual presidenta ha ampliado capital en más de 19.600 millones de euros, incluyendo la aprobada en el mes de julio para operaciones en México, es decir, que Ana Patricia Botín ha necesitado cada año captar capital por valor de 3.920 millones.

Por tanto, si para cualquier operación de envergadura el Santander necesita captar más capital, la lógica contable indica que la situación del banco no es tal como la pintan y que, por muchos beneficios que estén declarando en los respectivos ejercicios, la entidad podría estar en una situación límite que está afectando, sobre todo, a los minoristas. Ya se lo dijo directamente a la presidenta un accionista de 92 años en la Junta de Accionistas: «Ana, si el banco va tan bien, ¿por qué baja la acción?».

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