Ya es un clásico que la Junta General de Accionistas de Banco Santander se celebre el viernes previo a la Semana Santa. Antes de la pandemia este evento se realizaba en la propia ciudad de Santander, lo que, coincidiendo con una fecha de muchos traslados y en un día laborable, hacía muy difícil que los pequeños accionistas se trasladaran a la capital cántabra.

Sin embargo, el Santander ha encontrado en la pandemia la excusa perfecta para quitarse de encima a esos minoritarios cuyas quejas tanto molestan porque se salen del escenario de las grandes cifras y lo llevan al de las preocupaciones reales de quienes tienen unas pocas acciones como sistema para sacar un poco más de rentabilidad a los ahorros de toda su vida y no como una estrategia especuladora, como ocurre con los grandes accionistas.

Si echamos un vistazo a los datos publicados del propio Santander, nos damos cuenta de que la gran mayoría de los accionistas de la entidad cántabra son minoritarios:

Como se puede comprobar, los grandes accionistas controlan un 60,98% del banco y son sólo 875. El resto, 4,02 millones se han quedado prácticamente sin voz con los nuevos cambios estatutarios, que adelantamos en Diario16, aprobados en la Junta General del pasado viernes.

En un principio, el Santander convocó la Junta a través de un sistema híbrido en el que los minoritarios podrían asistir presencialmente a la Ciudad Financiera, mientras que se brindaba la oportunidad de hacer un seguimiento telemático de la misma para quienes no pudieran, algo que, por cierto, ya se lleva haciendo muchos años tanto en el banco cántabro como en otras empresas cotizadas y que, además, fue el sistema que se utilizó en la Junta de octubre de 2020, cuando los datos de la pandemia eran mucho peores que los actuales.

Sin embargo, de la noche a la mañana y sin hacer una comunicación personalizada a todos los accionistas, el Santander cambió el día 19 de marzo al formato exclusivamente telemático con una comunicación que se colgó en su página web. Un día, por cierto, en que varias comunidades autónomas celebraban el festivo del Día del Padre.

El formato telemático anula definitivamente la poca visibilidad que tenían los accionistas minoritarios y, según las modificaciones estatutarias aprobadas en esta Junta General, ha llegado para quedarse. Tal vez haya una tendencia en las grandes empresas cotizadas de quitárselos de encima porque incomodan con sus quejas heterogéneas que se salen del discurso oficial, porque muestran elementos de desacuerdo con los que ninguna empresa está cómoda ya que llevan la actividad del banco a las preocupaciones reales, las de carne y hueso, no las de las grandes cifras.

El Santander alega que no se les quita la voz porque los miembros de la mesa leen las intervenciones que los accionistas envían a través del canal reglamentario. Sin embargo, esto ya supone un control superior en el que tienen la capacidad de omitir las partes más incómodas o polémicas que pueden afectar a la reputación de la entidad porque un banco que no trata bien ni a sus clientes ni a sus minoritarios no está bien visto por el mercado. Ese control previo a las intervenciones se comprobó en esta Junta, puesto que se hicieron bloques temáticos, pero no se individualizaron en la persona que criticaba o hacía menciones a la gestión de la actual dirección.

De hecho, alguna de las empresas del Ibex-35 ya ha reconocido que en las juntas exclusivamente telemáticas el derecho de los accionistas a la participación podría verse limitado al no poderse garantizar la asistencia y participación telemática de todos los interesados en asistir.

En el Santander deberían hacer caso de la historia y recordar lo que ocurrió en Francia cuando Luis XVI se alejó definitivamente del pueblo, porque, al final, como dice la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, «cuando una larga serie de abusos y usurpaciones, dirigida invariablemente al mismo objetivo, evidencia en designio de someter al pueblo a un despotismo absoluto, es su derecho, es su deber, derrocar ese gobierno y proveer de nuevas salvaguardas para su futura seguridad».

Evidentemente, los minoritarios del Santander no van a derrocar por la fuerza ni de forma violenta a los actuales gestores. Sin embargo, Diario16 tiene conocimiento de que son muchos los que ya están preparando acciones asociativas que les dé fuerza tanto en las Juntas como en la dirección del banco, pretendiendo, de este modo, acumular una fuerza participativa que les dé el derecho a tener un puesto en el propio Consejo. En concreto, los dos primeros tramos de la tabla anterior sumarían más participación que la familia Botín y la suma de los tres primeros tramos, es decir, de aquellos que tienen hasta 3.000 acciones, convertiría a una sindicatura en el máximo accionista con un 8,76% del banco.

Lo ocurrido en Abengoa, que tanto temor ha generado en algunas de las grandes empresas cotizadas, ha abierto muchos ojos y no sería descartable que, en el corto plazo, los actuales gestores del Santander se encuentren con que el máximo accionista del banco sea una sindicatura de minoritarios para evitar, precisamente, que nadie les vuelva a quitar la voz que el sistema telemático les arrebata.  

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