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Tal y como publicamos en Diario16, los organismos económicos del Estado conocían a la perfección las dificultades por las que estaba pasando el Santander y se pusieron a trabajar para evitar su caída. Un hombre clave de esa operación fue el entonces subgobernador del Banco de España, Fernando Restoy, quien, en primer lugar, presionó para que la entidad cántabra se hiciera con el portugués Banif para, posteriormente, plantear movimientos y operaciones con el Popular.

Restoy sabía que para tomar el control de la sexta entidad española tenía un problema: derribar a Ángel Ron, que gozaba de la absoluta confianza del gobernador Luis María Linde. En su declaración en la Audiencia Nacional Ron hizo referencia a una reunión en el Banco de España en marzo de 2016, en la que, según el ex presidente del Popular, Linde apoyó la ampliación de capital ante el cambio regulatorio que se iba a producir a través de una circular con la que el Banco de España pretendía incrementar las provisiones. En esa reunión, según confirman fuentes del antiguo consejo del Popular, Fernando Restoy presionó hasta la extenuación para cerrar una fusión Santander-Popular, diciéndole a Ron que Ana Patricia Botín y José Antonio Álvarez (CEO) le esperaban en Boadilla, sede del Santander. Cuando Restoy, contrariado, dejó la reunión, Linde le dijo a Ron que la ampliación de capital era lo mejor para el Popular…, mucho mejor que unirse al Santander.

Consciente de los problemas del Santander, Restoy aprovechó la aparición de Antonio del Valle para presionar a Ron y redoblarla sobre este último. A Restoy no le venía bien el interés del BBVA por Popular, que estaba dispuesto a pagar 1,25 € por acción en octubre de 2016 (valorando el Banco en más de cinco mil millones de euros) y acabó por recibir a Reyes Calderón —”apoderada” por Del Valle e interlocutora ilegítima del Banco con Restoy— para, sobre la base de la evolución de la acción, cambiar a Ron, banquero comercial, por Emilio Saracho, banquero de inversión.

Restoy antepuso el riesgo para el país que suponía Santander a la neutralidad del supervisor en un proceso interno y favoreció la llegada de Saracho, después de que Ron se negase en marzo a sus pretensiones y oír al gobernador que «para el Popular una ampliación es mejor que casarse con el Santander…».

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