Ni sé lo que es un fuera de juego, ni me importa. No me va la vida en ello.

Desde mi ignorancia, no entiendo cómo es posible idolatrar con sobredosis de información a unos señores que se dedican a jugar al balón, para que otros lleguen al delirio, e incluso a la violencia, por seguirlos. Todo me parece sectario: Has de vestir unos colores y defenderlos a muerte ante quien no lleve los mismos que tú, y sobre todo, has de dejar claramente manifiesto, tu amor por lo tuyo y tu desprecio por lo demás.

Resulta sorprendente que mientras estos señores corren causando admiración con cualquier cosa que hagan, yo decidí elegir la carrera universitaria más larga, cuya línea de meta fuera una oposición que me permitiría formarme durante 3 años más para poder ejercer como Médica de Familia. Después de marcar ese gol, no me quedé satisfecha con eso, y continué jugando más partidos, aprendiendo hasta día de hoy cosas que no me contaron en la facultad.

Creo que he estudiado tanto en mi vida, que si juntara las letras que han pasado por mis lóbulos cerebrales podrían dar la vuelta al mundo.

Me siento fuera de juego cuando me encuentro en un país donde no son necesarios sacrificios para ponerse a dar recomendaciones acerca de la salud o para valorar si una terapia es efectiva o no.

Cuanto más sé, más me sorprende mi ignorancia sobre tantos y tantos aspectos del cuerpo humano que nunca llegaremos a descifrar.

Los ciegos de retina son capaces de ver con el tacto, pero los ciegos de mente usan sus ojos para ver sólo lo que quieren ver y son capaces de despreciar a los que no lo son.

Como no entiendo de fútbol, no me meto en tertulias deportivas.

Ojalá todo el mundo se limitara a hablar de temas de los que tiene experiencia y formación, mejor nos iría a todos. Por desgracia y cada vez más, las redes y los medios de comunicación son tan descaradamente atrevidos que llegan a insultar a la inteligencia.

Cuando juegas al frontón sola, eres tú quien lanza y quien recibe contra una pared, en un partido de vóley la pelota va y viene desde todos los ángulos posibles combinando la destreza de unos, con la oportunidad de otros y así el partido es más armónico.

Me dedico al bello arte de la medicina en el que también hay agujeros negros ocupados por aquellos que decidieron hacer negocio de la salud.

Me siento insultada cuando alguien sin la evidencia ni la formación necesarias, saca conclusiones sobre mi trabajo sin conocerlo, pero como eso es complicado de erradicar, tendré que aprender a dejar resbalar por mis huesecillos del oído todo lo que no debe entrar en mis neuronas y seguiré utilizando todas las herramientas que los años de estudio me han proporcionado, para mejorar la salud de quien entre a mi consulta en la Sanidad pública.

Un saludo afectuoso desde el otro lado del campo.

Apúntate a nuestra newsletter

Dejar respuesta

Comentario
Introduce tu nombre