Veo con preocupación y con sorpresa la incitación a la rebelión lanzada por la presidenta de la Comunidad de Madrid y por Vox. Tengo que empezar diciendo que las caceroladas y las protestas contra el Gobierno están legitimadas por el derecho de reunión y manifestación que recoge la Constitución Española, esa que muchos de los «palodegolfflautas» estarían dispuestos a derogar o que tienen edad como para haber votado en contra en 1978. Sin embargo, lo que no se puede permitir es el incumplimiento de la ley ni, mucho menos, propiciar ese incumplimiento desde foros políticos o parlamentos regionales.

Por un lado, no me resulta extraño que Vox, con su ideología de extrema derecha, intente propiciar la desafección absoluta hacia el Gobierno utilizando sus mentiras, sus bulos y los trucos de la magia de Steve Bannon. Como hizo Hitler en Alemania, el partido de ultraderecha está provocando que el odio penetre en las personas y para ello están sacando del baúl términos como «comunistas», «bolivarianos» para meter todo lo que odian en un mismo saco para simplificar al enemigo, tal y como indican los principios de propaganda de Goebbels. Es más fácil imbuir el odio hacia alguien o algo si está centralizado en un único objetivo. En este caso, los sociocomunistas. Fue lo mismo que hicieron los falangistas y Franco: todo el que no estuviera de acuerdo con la dictadura era un «rojo». Dentro de ese calificativo consiguieron meter a curas, cardenales, sindicalistas, políticos de centro derecha y de la izquierda. Todo un berenjenal, un totum revolotum, pero que es muy efectivo.

Sin embargo, es más preocupante cómo Isabel Díaz Ayuso se ha creído el papel de «revolucionaria» después de vestirse como La Pasionaria (Dolores, perdónala porque no sabe lo que hace) en una sesión de fotos. La presidenta de la Comunidad de Madrid ha utilizado su escaño en la Asamblea para, en primer lugar, amenazar al Gobierno central con las manifestaciones del Barrio de Salamanca y, por otro, alentar a que aumente la «facharrevolución». ¡Cayetanos y Cayetanas del mundo, uníos!, le ha faltado decir a quien para trabajar dignamente necesita una suite de lujo del hotel quien hizo (o hace) negocios Felipe González.

Todos estos movimientos no son más que le preámbulo de la desafección que pretenden llevar a cabo la extrema derecha con la complicidad de la derechita cobarde. Todo ello sería posible porque los liderazgos en el PP están ocupados por personas y personajes que han crecido bajo el manto de los imperios, las flechas y los pelayos, que están ideológicamente más cercanos a los ultras que al centrismo conservador que, teóricamente, debería representar el PP.

Lo que más me preocupa es que esta «facharrevolución» o «fake revolution», que para el caso es lo mismo, pueda tener como objetivo final dar un golpe de corte pinochetista para derribar la democracia y al Gobierno legítimamente elegido por los españoles y españolas. Lo preocupante es que desde la extrema derecha y sus cómplices genoveses se pretenda instaurar el hecho de que si ellos no ocupan el poder no lo pueda ocupar nadie. Lo alarmante es que esa respuesta de la «pijomanifa» no sea más que el prólogo de algo más grande y peligroso.

Resulta extraño ver a personas con polos Spagnolo envueltos en banderas de España en la calle actuando como rojos revolucionarios. El Barrio de Salamanca era otra cosa pero ha cambiado porque en él ya no sólo habitan los Cayetanos, las Cayetanas, los Pelayos, los Borjamari o las Alejandras (con apellidos compuestos y de rancio abolengo, claro está) de toda la vida, sino que ahora sus vecinos son los chavistas que se enriquecieron de la corrupción, los que fueron de verdad bolivarianos hasta que llenaron sus carteras y se ocultaron en ese barrio de Madrid para, como nuevos ricos, intentar encastarse con lo más de lo más, o sea, tú sabes.

En el Barrio de Salamanca no había manifestaciones, eso era para los suburbios de las afueras donde habitaba la turba trabajadora. Ahora ya no. El odio inculcado desde la extrema derecha y algunos genoveses-genovesas ha hecho que los habitantes del distrito más chic y fashion del sur de Europa, que sólo huele a Armani Code o a Terre D’Hermès, se vuelvan rebeldes y salgan a las calles ataviados con su Spagnolo, su palo de golf y sus cacerolas golpeadas con el cucharón de plata de la cubertería familiar, aquella que se traspasa de generación en generación desde Fernando VII. Nada como un buen palo de golf, si puede ser el drive mucho mejor, para manifestarse.

Si la «pijomanifa» hubiera sucedido en la Avenida de la Albufera en vez de en la calle Núñez de Balboa, las cosas hubieran sido muy diferentes y la reacción policial menos complaciente pero, claro, cómo se va a atacar a quienes siguen creyéndose el rancio abolengo de la raza hispánica.

6 Comentarios

  1. Aqui los unicos que son fachas ,comunistas ,bolivarianos y mentirosos son Pedro y Pablo.Elmayor error que tuvo el Pedro en su p. vida fue unirse al Pablo.

  2. enserio este personaje es «periodista» ?? pero si es artículo podría haberlo escrito cualquier niño de 5 años y lo escribría mejor que el retrasado mental este.

  3. repito como duele la verdad como jode que en un gobierno segun vosotros este un comunistas ni pablo ni unidas podemos son comunistas gente de izquierda progresita si pero no comunista el unico comunista que puede haber es garzon y tampoco mucho y punto dejar de echar tanta rabia por favor

  4. Estos fachas lo unico Que tienen es odio van sembrandolo por todos lados Secreen que conllamar comunista nos ofenden . PODEMOS y cientos de partidos al rededor del mundo Son Social democracia y progresistas no comunistas de hecho el PCE renuncio al MARXISMO LENINISMO nada mas llegar la TRANSICION lo sabéis

  5. Despues de 40 años añorando una dictadura, cuando finalmente se produce, resulta que es de los rojos y ademas es legal, legitima y apoyada por la mayoria de la poblacion. Ironias de la vida.
    Entiendo que esten tan frustados, pobres.

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