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Auctorĭtas, auctoritātis

Cruz Galdón
Cruz Galdón
Escritora
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análisis

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La autoridad es el poder que se tiene sobre otra persona, independientemente de si es merecido o no. Dicen que existen doce tipos de autoridad, la formal, la moral, la tradicional, la carismática, la racional, la coercitiva, la democrática, la inconsistente, la laissez-faire o permisiva, la operativa, la administrativa, la informal, pero yo entiendo que hay tantas como conceptos de libertad.

Hoy me he despertado preguntona, cuestionándome si estamos siendo excesivamente laxos con nosotros y con lo todo lo que nos rodea. Y si esta actitud nos está llevando por lugares demasiado oscuros con un concepto de autoridad cada vez más desvirtuado y vacío. ¿Por qué pienso esto?

Ayer mientras realizaba la compra, como tantas otras veces, un niño de unos ocho años respondía a su madre insolentemente. Y ella, incapaz de reprobar esas formas, lo cual parecía habitual, únicamente le decía que se calmase. Hace unos días, mientras esperaba a que saliera mi hijo del colegio, una niña reprobaba abruptamente a un profesor, que imagino le había regañado o castigado previamente por algún hecho notorio, y el padre le quitaba autoridad al profesor, sin tan siquiera haber escuchado a la otra parte. No hace tanto, todos hemos visto, como una ley que debía nacer para la defensa de los derechos de la mujer, se convertía en su peor enemiga, dando viabilidad a la puesta en libertad de sus sañudos acosadores. En fin, podría seguir en un sinfín de ejemplos donde el concepto de autoridad se ha visto constreñido o, mas bien diría yo, modificado.

Y todo creo que parte por la necesidad que tenemos de justificar lo injustificable, y de la necesidad de conseguir quedar por encima de todo y de todos. El yo, entendido como la libertad absoluta y el nacimiento de un concepto de seres ilimitados, ha cortado las ataduras de lo que, a mi modo de ver, funcionaba y es necesario, la autoridad bien entendida.

Porque cuando yo era niña, la palabra de mis padres era ley, me gustase, la compartiese o renegase en mi interior. Y no digamos si un profesor simplemente te mandaba callar, tu barbilla se hincaba en tu esternón y no había más que hablar. Son ejemplos que, en un modo absolutista del concepto de autoridad, se rechazan a primera vista. Sin embargo, esa autoridad que en muchos casos era bien entendida y ejecutada, se ha desvestido de fortaleza, dando lugar a una actitud ácrata que en nada es buena. Porque si cada quien hace lo que le viene en gana y no existe un límite claro, esto se convierte en una batalla campal. Y así está pasando en muchos lugares de nuestro globo terráqueo que no hace falta mencionar, porque todos los días podemos ver crueles imágenes de guerras, violaciones, asesinatos.

Y hasta el amor se ejerce en una libertad marcada por la autoridad que cada uno ostenta, en el tiempo entregado, en las caricias dadas y aceptadas, en la respuesta de un te quiero dentro de los límites que la autoridad de nuestros sentimientos establece. Porque nada es tan libre como el respeto que ha de tenerse al prójimo en todas sus dimensiones. De no ser así, tampoco seremos amados y respetados con honestidad. Y es ahí donde entra la autoridad de nuestros mayores con su experiencia de vida, que se traduce en la autoridad (que no imposición) que tienen sus consejos, o en la necesidad de respeto a los profesores, o a los filósofos, o a los emprendedores, o a los que en su día a día, y bajo los límites de un verdadero buen vivir, hacen que sus actos sean coherentes y respetados, haciéndose autoridades sobre la vida y su devenir.

Las normas, las costumbres, los valores, en nada coartan las ilusiones, las metas y las creencias. Romperlas, tirarlas a la basura hace que el ejercicio de la libertad sea una pose que no un derecho bien defendido.

Mi libertad está bien dirigida cuando se ciñe a las normas de buena conducta, encuadradas en las leyes y en la espiritualidad que me acompaña.

La autoridad no es mala, son malos quienes la usan en perjuicio de los demás o en beneficio propio.

Simplemente una reflexión.  

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2 COMENTARIOS

  1. La autoridad y lo que sucede con ella por estos días es un buen tema para reflexionar. Y, esta, la reeflexión, debe comenzar por la educación o su falta de ella de las personas que la poseen, debiéndose entender que la palabra autoridad se torna anodina sin el acompañamiento de la educación que aparece ausente en aquellos que la ejercen a su albedrío dejándose llevar por una omnipotencia momentanea, haciendo que el concepto de autoridad se desvirtúe y se convierta en un algo banal y sin virtudes.
    Una muestra de ello es aquella frase que expresara el Papá Francisco en su encuentro con jóvenes de todo el mundo en Asunción, Paraguay en el año 20l5 cuando, ante la euforía de la concurrencia, entre ellos muchos casi párvulos, les dijo…”hagan lío y organícenlo bien….frase altisonante que se impuso al resto de su mensaje que hablaba de buscar y encontrar la palabra de Dios, después de conocer a Jesús, para que ésta los ayude ante la mundanidad sin esperanzas que los rodea.
    Como muestra basta un botón dice el refrán popular y botones existen muchos más para tratar de encontrar una respuesta ante esta realidad cuando la educación y el respeto están ausentes en los que tienen la responsabilidad de dar el ejemplo. Desde allí, creo yo, comenzaron a gestarse estos egoismos que, por doquier, se ven en los que solo entendieron y/o quisieron entender una parte del mensaje abriéndoles la puerta para permitirse hacer lo que quieran y cuando quieran, sin importarles nada más. Buena nota Cruz Galdón. Buenas horas.

  2. Vivimos tiempos groseros con la realidad, yo mismo, como docente, puedo decirte que las nuevas generaciones desconocen por completo ese principio de autoridad que formó a nuestra generación. Y ello da paso a la más absoluta de las desidias y del por que yo lo valgo, basta con observar los índices de delincuencia, la escasez de valores y mucho más la escasez de respeto para darnos cuenta que ésta generación goza del egoísmo y del onanismo mental, se creen con derecho a TODO sin el más mínimo esfuerzo y sin ni siquiera la más mínima actitud ni aptitud y eso se refleja, por desgracia en su forma de actuar ante sí mismos y ante la sociedad. El yoismo, la piel excesivamente sensible para los demás y el escándalo por lo que te digan y no por lo que hagas es la medida de la nueva balanza, donde no puedes ser sincero porque causas traumas a los ofendiditos, hemos criado una generación de débiles mentales sensibleros, que ni siquiera tienen claro su propia identidad sexual y mucho menos su compromiso con la vida, mientras puedan parasitar a los padres y a los de su entorno, esperando a parasitar con la mayoría de edad a un gobierno permisivo con los subsidiados a cambio d eun puñado fácil de votos….De nuevo, mi adorada Cruz, das en el clavo con tus preguntas, dulces preguntas que vuelven a situarnos en la más cercana realidad…Tu pluma magnífica hace honor atu maravillosa persona….FELICIDADES, de nuevo…

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