Bruselas ha dado un serio toque de atención a varios socios comunitarios por no respetar los principios básicos de cualquier Estado de derecho y los aludidos se han revuelto vetando los fondos de ayuda contra el covid que todos los Estados de Europa, entre ellos España, esperan como agua de mayo para iniciar la recuperación económica. La rebelión de los llamados “estados gamberros” –mayormente Polonia y Hungría, a los que ahora se suma Eslovenia− amenaza con implosionar la Unión Europea desde dentro. De ahí que en las últimas horas países como España e Italia hayan mostrado su preocupación ante la grave crisis institucional desencadenada por una serie de líderes nacionalistas, populistas, euroescépticos y xenófobos que están en Europa pero nunca han creído en el proyecto europeo.

Los expertos en Derecho de Bruselas consideran que pilares básicos de la democracia como la independencia judicial, la lucha contra la corrupción y la libertad de prensa pueden estar seriamente amenazados en la tríada de los estados gamberros. ¿Pero quiénes son los hombres fuertes, los instigadores que están manejando las riendas de la rebelión contra la UE y pretenden poner en peligro los 140.000 millones en ayudas a la reconstrucción que debe recibir, por ejemplo, nuestro país? Los tres ideólogos del bloqueo son, sin duda, el húngaro Viktor Orbán, el polaco Mateusz Morawiecki y el esloveno Janez Jansa. Un somero análisis de la trayectoria política de estos tres personajes nos lleva a comprender que Europa tiene un serio problema en su corazón mismo, un cáncer que se llama populismo ultra, eurofóbico y racista. Pero vayamos por partes.

El presidente húngaro, Viktor Orbán, es ese hombre que ve a los inmigrantes no como refugiados sino como invasores de los que es preciso protegerse. Ultranacionalista hasta la médula, detractor del multiculturalismo, solo le mueve una obsesión casi enfermiza: mantener intactas las fronteras de la gran patria húngara. Orbán sería algo así como el Santiago Abascal de la patria magiar, alguien que ha logrado instalar en su pueblo la ficción de que un enemigo externo viene a contaminar la pureza de la sangre. En realidad se da la gran paradoja de que, según las encuestas del Eurobarómetro, Hungría es el país más xenófobo de toda la UE y ello pese a que su población inmigrante apenas supera el 1,6 por ciento. Además, desde que el “Gran Purificador” Orbán se encuentra en el poder, el tránsito de migrantes se ha desplomado todavía más y apenas llegan extranjeros a tierras húngaras. Es evidente que las políticas del odio han calado hondo por aquellas latitudes y están generando problemas de convivencia entre la población autóctona y los expatriados. El control de los medios de comunicación y la exaltación nacionalista de “lo húngaro”, en definitiva el populismo ultra, cuando no el nuevo fascismo siglo XXI, están en el siniestro programa de Orbán. Como dato curioso, el dirigente derechista que gobierna su país a la manera de un pequeño dictador lleva años dando rienda suelta a su euroescepticismo y arremetiendo contra la UE mientras su círculo íntimo se enriquece con los fondos de Bruselas, según las denuncias de algunos periodistas locales.

El siguiente gran saboteador de los fondos europeos es Mateusz Morawiecki, actual primer ministro de Polonia. Al igual que de casta le viene al galgo, a este la raza le llega por el pedrigrí económico, ya que es banquero de profesión, además de político, abogado e historiador (cabe pensar que de la línea revisionista ultra, como ocurre en España con algunos de Vox). Morawiecki es miembro de oficio de la Junta de Gobernadores del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura y del Fondo Monetario Internacional, es decir, otro trumpista que compagina sus negocios con la función pública. Su carrera política empezó en la calle, agitando huelgas generales y distribuyendo panfletos clandestinos del sindicato Solidaridad contra el régimen comunista. De él se cuenta que fue detenido y apaleado por la policía secreta, de modo que no guarda muy buen recuerdo de los tiempos soviéticos. Finalmente, en marzo de 2016, se unió al partido Ley y Justicia, el Vox polaco. Tanta represión y palos policiales debieron generar en él un profundo sentimiento de rencor, ya que Ley y Justicia es un partido profundamente ultraconservador que apuesta por la pena de muerte, el euroescepticismo, el proteccionismo frente a la globalización, la abolición de la eutanasia, del aborto y del matrimonio homosexual y por supuesto el patriotismo a ultranza. Su lema ganador es “la UE debe beneficiar a Polonia y no al revés”, una nueva versión de la consigna trumpista “America first”.

Y por último tenemos al esloveno Janez Jansa, el hombre que pasará a la historia por haber felicitado a Donald Trump por su “victoria” electoral cuando en realidad el presidente de EEUU ha cosechado una sonora derrota en las pasadas elecciones presidenciales. A finales de los ochenta, Jansa fue uno de los fundadores del SDZ, el primer partido de oposición a la antigua Yugoslavia. Encargado de dirigir la guerra de independencia, de hacer frente a las reivindicaciones territoriales de los neofascistas italianos y a las tensiones fronterizas con la nueva República de Croacia, en 2003 ingresó en el Partido Demócrata Esloveno y en 2012 se convirtió en primer ministro. Sin embargo, fue acusado de corrupción por aceptar un soborno de 2 millones de euros en la compra de material militar a Finlandia. Aunque comenzó a cumplir la pena, finalmente fue absuelto en una polémica sentencia del Tribunal Constitucional de Eslovenia en 2015. En 2020 ha regresado como primer ministro del país esgrimiendo un fuerte discurso nacionalista (cierre de fronteras), xenófobo (endurecimiento de los controles migratorios, rechazo a la política de cuotas de la UE) y euroescéptico (no cree en la Unión Europea). Sin duda, es un populista radical que ha labrado una estrecha amistad personal con Orbán, su gran aliado en el intento de voladura de la UE.

Estos son los tres personajes de la extrema derecha del viejo continente que están poniendo en serio riesgo las ayudas de Bruselas, entre ellas el paquete de subvenciones que recogen los Presupuestos Generales del Estado de Pedro Sánchez. Euroescépticos que están en la UE pero no creen en Europa. ¿No es como para empezar a pensar en una expulsión del selecto club de todos estos Estados gamberros que han llegado para sabotear el sistema?   

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1 Comentario

  1. Que ayudas ni que leches,o es que a los 1200.000 españoles que robo el gobierno del PPladron,estes no tienen que comer como los demas,estes no necesitan ayudas sino que les devuenlvan lo robado.Me refiero al ROBO del Banco Popular.

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