La pobreza energética que sufre España se ha agudizado estos días a causa de la pandemia, la crisis económica y las olas de frío cada año más intensas como consecuencia del cambio climático. Miles de familias no pueden hacer frente a la factura de la luz, totalmente disparada desde que empezó el temporal Filomena. Como cualquier otro fenómeno sociológico, la pobreza energética tiene sus causas políticas y económicas y hunde sus raíces en el pasado, concretamente en los años 80 y 90, cuando nuestro país decidió privatizar grandes compañías públicas como Endesa, que hasta ese momento suministraban luz a los españoles a precios más que asequibles. 

Desde que Felipe González y José María Aznar consumaron el expolio (Zapatero y Mariano Rajoy tampoco hicieron nada por evitar la privatización) la empresa estatal energética quedó en manos del capital extranjero. Desde entonces, la factura de la luz no ha hecho más que engordar hasta alcanzar precios desorbitados producto de la especulación bursátil que se está haciendo con la energía, sin duda un abuso que está en el origen mismo del problema de la pobreza energética.

Los sindicatos han denunciado en numerosas ocasiones el expolio que sufre Endesa desde que la italiana Enel se hizo con la mayoría del accionariado de la compañía española, hoy totalmente privatizada. El frío de miles de españoles que no pueden poner la estufa porque no disponen de recursos para pagar la factura, un drama humano del que aún no hemos tomado conciencia, es la consecuencia directa de una ideología neoliberal concreta abrazada tanto por el PSOE como por supuesto por el PP, los dos partidos que han asumido responsabilidades de gobierno en democracia.

Se puede decir que la venta a trozos de Endesa fue su certificado de defunción como gran multinacional española de la energía. Desde el nombramiento de Francesco Starace como consejero de Enel en 2014, Endesa ha dejado de ser la empresa puntera que era, limitando su ámbito geográfico exclusivamente a España y Portugal, según fuentes sindicales. Es decir, la privatización que ha costado a los españoles un inmenso tarifazo en el precio de la luz ni siquiera ha servido para alcanzar los objetivos empresariales marcados, aquella supuesta ambiciosa expansión internacional de Endesa que se pretendía conseguir en los próximos años. El sindicato UGT, en su documento El expolio de Enel a Endesa, doce motivos para la huelga, denuncia “el nulo crecimiento” de la energética nacional en los últimos 10 años. “No ha habido incremento de clientes ni de instalaciones, a excepción del negocio de gas, ni en el último año en renovables, por la recompra de Endesa a Enel de EGP (operación por la que abonó 1.207 millones en 2016 cuando en 2010 el valor de la venta fue de 326 millones). Esta operación supuso unos ingresos para Enel de más de 880 millones de euros, según datos de UGT. En general, la política de reparto de dividendos del cien por cien de los beneficios impuesta por Enel como accionista mayoritario ha supuesto más de 28.600 millones para la firma italiana entre 2006 y 2018. Es decir, un inmenso pelotazo energético para la firma extranjera que confirma con qué falta de inteligencia y ligereza hemos malvendido el buque insignia a nuestros vecinos italianos.

El importe del dividendo se ha incrementado en los últimos años y se prevé que continúe creciendo en 2021. En este período se ha producido una reducción de la plantilla de más de un 30 por ciento en 10 años y se ha incrementado el beneficio por empleado en más del 50%. A pesar de que parte del negocio es regulado, el nivel de inversiones ha descendido hasta mínimos en los últimos años. Endesa ha pasado de superar los 3.000 millones de inversión a tan sólo 1.100 millones en 2017, inversión mínima exigida por el organismo regulador incluyendo el despliegue de los “contadores de telemedida”, adquiridos en su totalidad a Enel.

En cuanto a los ingresos (en torno a 20.000 millones de euros anuales en los últimos 5 años), al ser un 70 por ciento del accionariado propiedad de la italiana los impuestos devengan y tributan en Italia. Es decir, los beneficios vuelan al extranjero y ni siquiera nos quedan las migajas de los tributos. A su vez, y aunque todos los servicios están externalizados en todas las áreas de la empresa, “la reducción de inversiones y mantenimiento de instalaciones, así como la paralización de pagos, está provocando la asfixia financiera de las empresas contratistas, temporalidad del empleo, precariedad laboral y expedientes de regulación de empleo”, denuncia UGT.

Estos días Unidas Podemos ha reabierto el debate de la pobreza energética generada por la voraz especulación de las grandes compañías eléctricas y ha apostado por recuperar la titularidad pública de Endesa cuanto antes. Pablo Echenique cree que el Gobierno debería plantear la posiblidad de crear una empresa energética pública que “compita con el oligopolio privado”, frenando así la especulación con la energía. Sin embargo, en una decisión que no se entiende, el PSOE ya le ha dicho a su socio de coalición que por ese camino antiliberal no.

Hoy puede decirse que Endesa ha sido una suculenta tarta que se han repartido unos cuantos aprovechados (con permiso de nuestros sucesivos gobiernos) y ahora que el pueblo tiene frío cae en la cuenta de que no disponemos de una gran compañía energética estatal o pública que ampare a los más vulnerables, vigile por un suministro de luz de calidad y cobre precios sensatos y razonables por el megavatio hora. O sea un servicio esencial sin abusos para el ciudadano, como correspondería a una democracia avanzada y a un fortalecido Estado de bienestar.

Apúntate a nuestra newsletter

Dejar respuesta

Comentario
Introduce tu nombre