Vo’ Euganeo, un pueblo de apenas 4.000 habitantes de la región del Véneto, incrustado entre las colinas volcánicas y a media hora en coche de Padua, era, hasta la llegada del coronavirus, famoso por su parque natural y por su vino prosecco. Sin embargo, el COVID-19 gransformó lo paradisiaco en pesadilla, puesto que la localidad se convirtió en el primer epicentro de la pandemia en Italia. Sin embargo, lo ha sido no sólo porque el primer muerto italiano fuera un hombre que vivía en Vo’, sino porque sus habitantes y sus dirigentes han logrado, a través de un experimento único en Europa, contener la expansión del virus.

Todo empezó a principios del mes de febrero, cuando dos vecinos del pueblo fueron ingresados en un hospital regional con síntomas de pulmonía. En principio, los médicos no encontraron síntomas de COVID-19 y no les hicieron los test. No obstante, pasadas dos semanas no hubo mejoría y un doctor decidió saltarse los protocolos y les realizó los exámenes a los dos vecinos que dieron positivo. Ambos fueron trasladados a Padua.

¿Cómo se pudieron contagiar si no habían estado en China ni entrado en contacto con personas que mostrasen síntomas? Los demás vecinos de Vo’ afirmaban que ambos enfermos habían pasado muchas horas jugando a las cartas en uno de los bares del pueblo. No se sabía más.

El 19 de febrero murió uno de ellos y dos días después el otro. El alcalde de Vo’ Euganeo, farmacéutico de profesión, decidió entonces cerrar el pueblo y declararlo en cuarentena. Obligó a los vecinos que se quedaran en sus casas y cerró los colegios, los bares, las tiendas y las iglesias. El 23 de febrero, el Gobierno italiano envió a policías y militares para bloquear las salidas del pueblo. Nadie, salvo los camiones de abastecimiento, podían entrar o salir. Una situación que en Vo’ no se había visto desde la II Guerra Mundial.

Para descubrir cómo había llegado el coronavirus al pueblo, lo cual aún seguía siendo un misterio, el personal sanitario instaló en uno de los colegios un centro de análisis para realizar el examen a todos los vecinos que quisieran. En apenas una semana, todos se lo habían realizado gracias a un kit elaborado por la Facultad de Medicina de la Universidad de Padua. Los resultados demostraron que 89 personas estaban infectadas, de los cuales un 60% no mostraban síntomas, algo que, según ha ido avanzando la pandemia por el mundo, es una de las causas de su rápida expansión puesto que los asintomáticos continúan con su vida normal y contagian de manera absolutamente involuntaria.

Los responsables de la Universidad de Padua propusieron al gobernador de la región del Véneto, Luca Zaia, transformar Vo’ Euganeo en un laboratorio donde experimentar actuaciones para evitar la expansión del coronavirus. Al ser un pueblo pequeño se daban una serie de condiciones para entender el comportamiento de la enfermedad, dado que la muestra de personas permitía ver la evolución de la enfermedad en un entorno de aislamiento absoluto.

Mientras el COVID-19 se expandía por Italia, el equipo de la Universidad de Padua regresó a Vo’ 12 días después de los primeros test. Se detectaron 8 nuevos casos, de los que 6 habían tenido contacto directo con los diagnosticados en el primer examen. Esto demostró a los científicos de Padua que, en primer lugar, el periodo de incubación era de, cuanto menos, dos semanas y, sobre todo, que cualquier estrategia que se implante en el mundo debe tener muy en cuenta del peligro de los pacientes asintomáticos.

Dos semanas después de la primera muerte se levantó el aislamiento de Vo’ Euganeo. La vida en el pueblo volvió a la normalidad y, desde el día 14 de marzo, no se ha registrado ningún nuevo caso. Los científicos de Padua inquirieron que levantar la cuarentena tan temprano fue un error, puesto que no se tuvo en cuenta a los asintomáticos. Y tuvieron razón, puesto que el día 20 de marzo, se detectó un nuevo caso.

El experimento tuvo un coste de 150.000 euros y no es replicable en ciudades grandes, pero sí fraccionando la acción a los barrios para identificar tanto a los asintomáticos como a las personas que presentan síntomas. De este modo se lograrán identificar brotes que hagan que se imponga aislamiento que frene el crecimiento de los contagios.

El éxito inicial del experimento de Vo’ ha hecho que la región del Véneto haya iniciado una campaña para realizar 13.000 test dirigidos por los mismos profesionales de la Universidad de Padua y orientados a población de riesgo.

 

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