La crisis de los refugiados sirios es una realidad lacerante que no sólo no se frena sino que continúa creciendo con cifras alarmantes que los organismos internacionales exponen sin resultados positivos visibles por parte de las autoridades públicas competentes para evitar este problema global. Las zonas del planeta en guerra o cuyos habitantes sufren persecuciones y vulneración de los derechos humanos logran récords negativos tras récords negativos. El pasado 2017 fue el año con más personas sin poder regresar a sus hogares desde la Segunda Guerra Mundial.

Según los datos de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), en 2017 huyeron de sus hogares una media de 31 personas cada minuto, 11 más que los registrados sólo un año antes. Un año más, los conflictos bélicos de Sudán del Sur y Siria y el repunte de la violencia contra la etnia rohingya en Myanmar son las causas principales de este fuerte repunte de los exiliados.

A la espera de que los correspondientes acuerdos de paz pongan freno a tanto desatino institucional por parte de los dirigentes de estos estados y de buena parte de la comunidad internacional, ACNUR prosigue su labor incansable de entrega de ayuda humanitaria a estas personas que huyen de sus hogares con lo puesto en busca de un lugar seguro donde poder rehacer sus vidas, marcadas ya para siempre por el desastre de las guerras.

El balance de más de siete años de guerra civil en Siria arroja unos datos estadísticos escalofriantes de horror y destrucción. Entre 320.000 y 450.000 personas han perdido la vida en un conflicto brutal, con un registro provisional de 1,5 millones de heridos y el 50% de las infraestructuras del país completamente destruidas.

Por lo que respecta a los refugiados, más de cinco millones de sirios no han tenido otra opción que huir del país, principalmente a Turquía, aunque también han optado por buscar refugio en Líbano y Jordania, entre otros países. Además, entre seis y ocho millones de sirios han dejado atrás sus hogares y han migrado a otras zonas supuestamente más seguras de Siria.

Este drama de los refugiados se acrecienta cuando miles de sirios no hallan otra opción de supervivencia que lanzarse a la odisea de subir a embarcaciones clandestinas sin un rumbo fijo por el Mediterráneo. Las mafias han acaparado un mercado potencial que no solo no cesa sino que los estados europeos no ponen freno y además cierran sus fronteras a la acogida, como los casos recientes de Italia o Malta, entre otros países.

ACNUR realiza campañas de sensibilización y de ayuda al refugiado allá donde encuentra población desplazada de sus hogares, gracias a una labor coordinada entre estados, socios y diferentes ONGs.

El método empleado por ACNUR para intentar salvar el mayor número de vidas posibles de los refugiados sirios se basa en proporcionar ayuda económica en efectivo a los más vulnerables para emplearla en medicinas y alimentos, estufas y combustible para calefacción, aislamiento para tiendas de campaña, mantas térmicas y ropa de invierno. Para aquellas personas que se han visto forzadas a desplazarse dentro de Siria, ACNUR proporciona un kit de construcción y artículos no alimentarios, así como servicios de protección y asistencia psicosocial.

A principios de 2017, ACNUR unió sus recursos a los de otras agencias humanitarias y de desarrollo de las Naciones Unidas para solicitar 8.000 millones de dólares en nuevos fondos vitales para ayudar a millones de personas en Siria y en toda la región.

El primer aspecto de la solicitud es el denominado Plan Regional para los Refugiados y la Resiliencia para el 2018-2019, que pide 4,4 billones de dólares para apoyar a más de cinco millones de refugiados en los países vecinos de Siria y más de cuatro millones en las comunidades que los acogen. El segundo aspecto es el Plan de Respuesta Humanitaria para Siria de 2017, que busca casi 3.200 millones de dólares para proporcionar apoyo humanitario y protección a 13,5 millones de personas dentro de Siria.

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