¡Solidaridad!, gritaba el capitán empoderado en la toldilla, mientras una reyerta incontrolada, que acabó en motín, tenía a toda la tripulación ocupada en la cubierta. Unos, en principio, miraban como corrían las navajas. Otros participaban en defensa de algún compañero implicado.

El Bribón, no era un galeón como los demás. Era un barco, sí. Una portentosa embarcación que traía y llevaba ultramarinos, pimienta, clavo, canela, porcelana, marfil, laca o telas como el tafetán, la seda, el terciopelo o el raso, además de algún que otro esclavo. Pero el Bribón no tenía un capitán al gusto de los dueños del negocio sino un inepto, engreído y petulante farfullas, hijo ilegítimo del virrey del Perú y un caradura bergante que trataba con desdén a sus mandos y con crueldad a la tripulación. Era habitual que este malandrín llevara escondidas varias mujeres, poco más que niñas, en un cuartucho concebido por el armador como camarote secreto dónde poner a buen recaudo el oro y la plata que el barco traía en un principio del nuevo mundo. Los comerciantes que costeaban cada viaje, hartos de que el malvado capitán se quedara con más de un tercio de los metales preciosos, que descargaba, junto con una parte del marfil y las telas preciosas, en un varadero a dos días del puerto de La Habana, dejaron de confiar el oro y la plata al randa. Este no desperdició un valioso espacio que nadie, salvo él, conocía y desde el segundo viaje en el que ya no transportaba la preciada carga, utilizó el espacio para sus jovencitas, a las que, bajo promesas de convertirlas en grandes señoras, traía desde Cuba a la península y metía cada noche en su cama durante la travesía y luego vendía a un usurero y antiguo tratante de esclavos en Sevilla.

Juan Puigmoltó, que así se llamaba el pérfido mercachifle capitán del galeón cuyo nombre no podía ir más acorde a la actitud de quién ostentaba el poder en el barco, no solo engañaba a los patrones de la embarcación. Era norma, en ese barco que la comida escaseara y que a los marineros, se les redujera la paga por faltas que imponía el capitán. Los 7 oficiales del Bribón habían sido elegidos por el Puigmoltó personalmente y todos eran unos ladrones como él. A estos, también los engañaba aunque ellos siempre encontraban la forma de resarcirse y de hacerse con una parte de lo robado en los varaderos de descarga fraudulentos de Cuba y el Guadalquivir. Los 20 marineros, que formaban parte de la tripulación, eran ignorados por el capitán con el que jamás mediaban palabra. Las quejas eran para el piloto quién resolvía las disputas como podía. Los 20 grumetes y los pajes (niños aprendices), ni siquiera tenían derecho a la queja.

En la mañana del día de San Miguel, un marinero pendenciero tropezó con un cabo que un grumete había atado mal. Este sin mediar palabra, sacó la navaja y apuñaló al grumete. Así empezó una tremenda pelea que en un principio ocupaba a dos marineros y a 10 grumetes y que acabó en un motín, con dos oficiales muertos y el capitán pidiendo a gritos solidaridad entre los marineros y que los propios insurgentes abortaron cuando ya habían ganado, porque pensaron que estando en mitad del atlántico, no serían capaces de llegar a puerto.

Un error de principiantes porque el capitán apenas sabía interpretar una carta de navegación y quién realmente dirigía la embarcación era el timonel que, sin mostrarse, estaba con los amotinados.


Artejos

Leo, mientras espero que las meigas del día de Santiago me iluminen para comenzar el artículo, que el rey de España le pide al apóstol una salida solidaria a la crisis económica derivada de la pandemia vírica llamada COVID. Y me pregunto así, para mis adentros y sin intención de molestar, si este señor es un caradura, un inepto o simplemente un jeta que se está riendo de todos nosotros. En un estado aconfesional en el que el Jefe del Estado debe siempre representar a todos los ciudadanos del país, rogar a una estatua de escayola que arregle lo que un sistema basado en el hijoputismo, la insolidaridad y la explotación de las personas y recursos en beneficio de unos pocos destroza día a día, es, como poco, una broma de mal gusto propia de un cínico enfermizo. Quizá su antepasado “el mastuerzo” que diría la gran Nieves Concostrina, podía permitírselo. Él, en una democracia parlamentaria (o eso dicen) en la que sus ciudadanos contribuyen obligatoriamente al sostenimiento de la iglesia porque de ser voluntario, los obispos estarían bebiendo cartones de vino en las esquinas de oscuros callejones, no solo no puede, sino que debiera saber que es de un mal gusto y una chabacanería propia de quién vive en el inerte mundo de los querubes. Si además se pide solidaridad, mientras se viaja en un Mercedes-Maybach S600 Guard, que nos ha costado 549.945 € (el salario de 579 meses (48 años) de un trabajador), mientras todos los días hay un escándalo de donaciones, dinero negro y comisiones del rey padre o mientras se defiende a los poderosos en contra de los más necesitados, es de un cinismo impropio de quién, lo único que se le pide, es prudencia y ejemplaridad.

España es un estado fallido, en el que las principales instituciones se empeñan en seguir actuando como un poder dictatorial a pesar de los años transcurridos desde la muerte del eunuco, cobarde y genocida que ganaba medallas desde del bar de oficiales en el Rif. Así, tenemos al Poder Judicial, un poder cuyos órganos de gobierno llevan dos años pendientes de renovación conforme a lo establecido en la sacrosanta Constitución y que sin embargo sigue haciendo nombramientos como si se cumpliera la carta magna. Bajo la ideología de un partido que no solo no tiene ya mayoría en el Congreso, sino que apenas supone un 13,6 % de la representación nacional, no se cortan y publican cosas como esta: “En lo que respecta al desafío independentista, el presidente del #TS ha destacado la labor de los jueces y magistrados en una situación de especial trascendencia para la democracia en España. La Justicia respondió con la firmeza necesaria.” Que por si no se ha dado cuenta usted, querido lector, le explico que “desafío independentista” no forma parte de ninguna cuestión jurídica, sino más bien de una OPINION política. Quienes se suponen que deben impartir justicia, no deben responder a ninguna cuestión ideológica o política, sino a la ley. Si el Poder Judicial, como ellos mismos reconocen, están juzgando bajo una perspectiva ideológica, malamente pueden dar una resolución acorde a la legalidad. Y es que como vengo diciendo hace tiempo, estos señores suponen el mayor problema que tiene este país porque actúan bajo criterios políticos como una tercera cámara sin que nadie los haya elegido democráticamente. Una actuación que tiene pátina de impunidad porque no hay instancia que nos proteja de sus actuaciones, lo que supone una evidente falta democracia y una indefensión propia de cualquier estado dictatorial.

Todo esto no sería posible sin un pueblo abducido por la servil prensa del movimiento (hasta en eso hemos vuelto a los tiempos del franquismo de Franco. Solo que ahora la censura se auto impone, y los criterios ideológicos son fomentados por miedo a quedarse sin trabajo o simplemente porque ya casi no hay profesionales del periodismo y si correveidiles a los que se les da cancha porque participan de la misma miseria ideológica que quien pone la pasta). Una indecencia periodística que abusa del poder para mantener un constante acoso y derribo contra formaciones políticas sobre las que constantemente se inventan financiaciones ilegales o semejanzas terroristas y sobre las que se están difundiendo un odio que ya hemos visto esta semana, en un par de avisos, que va a acabar con la muerte o la agresión grave a alguno de sus miembros. Todo ello con la connivencia de un Ministerio del Interior que o no sabe o no quiere obligar a quienes deberían estar para servir y proteger a cumplir con sus obligaciones. Que alguien me cuente quién ha tenido que aguantar durante dos meses todos los días en la puerta de su casa a unos indeseables fascistas dando voces, poniendo soflamas con altavoces que atruenan a toda la urbanización o insultando a sus propietarios cada vez que salen de casa, todo ello en presencia de la Guardia Civil. El propio PP, ante la avalancha de escraches por sus corruptelas (que no por su opinión política), no tardó en cambiar el artículo 172 del Código Penal (ley Ley Orgánica de 1/2015, de 30 de marzo) que quedó redactado de la siguiente forma:  «será castigado con la pena de prisión de tres meses a dos años, o multa de seis a veinticuatro meses el que acose a una persona llevando a cabo de forma insistente y reiterada, y sin estar legítimamente autorizado, alguna de las conductas siguientes y, de este modo, altere gravemente el desarrollo de su vida cotidiana: 1ª La vigile, la persiga y busque su cercanía física; 2ª Establezca o intente establecer contacto con ella a través de cualquier medio de comunicación, o por medio de terceras personas; 3ª Mediante el uso indebido de sus datos personales, adquiera productos o mercancías, o contrate servicios, o haga que terceras personas se pongan en contacto con ellas; 4º) Atente contra su libertad o contra su patrimonio, o contra la libertad o patrimonio de otra persona próxima a ella». Parece que a la fiscalía, al CGPJ y al Ministerio de Justicia se les ha olvidado este artículo ahora que los que de verdad sufren acoso, son otros.

En esta España que se considera el paradigma de la democracia mundial (Franco nos consideraba la reserva espiritual del occidente, en eso tampoco han cambiado), con un sistema electoral que prima que los votos de unas circunscripciones valgan diez veces lo que en otras (13.833 votos en Soria frente a los 184.313 de Barcelona), la palabra democracia queda grande. Porque las instituciones siguen velando porque nada cambie. Y si encima estamos en una coyuntura mundial en la que el fascismo se extiende como la pólvora, el panorama no es muy alentador. La mentira y el engaño se han convertido en el modus operandi del panorama actual. Hasta nos han vendido como un triunfo un acuerdo en la Unión Europea para capear el temporal económico que no es consecuencia de la pandemia del COVID sino de un sistema podrido hasta las trancas que no puede alargar eternamente que unos pocos vivan de la pobreza de muchos porque llegará un momento que ya no haya nada de lo que apropiarse, y que no sólo no es lo como nos lo han contado, sino que es un casi más de lo mismo. Préstamos a entidades bancarias para que éstas presten a los gobiernos (desde 2015, el BCE ha creado 3 billones de euros al 0 % que los bancos han prestado a los estados entre el 2 y el 5 %), acceso a los mercados de deuda para que ciertas empresas de calificación controlen la Prima de Riesgo y comiencen como en  2008 a especular con ella. O fondos que siguen yendo acompañados de una cláusula de condicionalidad, que no va a impedir que, para su acceso, se tengan que seguir haciendo reformas a favor de los ricos y empobreciendo aún más a los más desfavorecidos. Ahora nos quieren quitar lo único que nos queda, la vejez tranquila, haciendo que esos ladrones a los que protegen, se acaben apoderando de los fondos de pensiones públicos para que esos buitres sigan ganando a costa de empobrecer a los de abajo, dejando a la gente en la indigencia cuando la edad y la enfermedad ya no les permite trabajar para ganarse el pan nuestro de cada día.

Decía Jacinto Benavente, que «los pueblos débiles y flojos, sin voluntad y sin conciencia, son los que se complacen en ser mal gobernados». El francés André Malraux (1901-1976) estableció que «No es que los pueblos tengan los gobiernos que se merecen, sino que la gente tiene los gobernantes que se le parecen». Sea como fuere, personalmente creo que la indolencia, el costumbrismo y la tunantería, son genes de una sociedad acomplejada, envidiosa e individualista a la que no le gusta que le timen, pero que soporta las corruptelas porque espera en algún momento estar en la parte que obtiene el botín y que además, en su ignorancia suprema y como forma de calmar su falsa moralidad cristiana, cree que el pillaje es inevitable y que todos están en él. Con esos mimbres, es imposible salir a flote. Y recuerdo, por si se nos ha olvidado que España ha tenido en los últimos doscientos años, cinco guerras civiles (tres carlistas, una mal llamada de independencia y la del golpe de estado del 36) lo que le convierte en un país a la fuerza, o lo que es lo mismo una sociedad sin cohesión ni objetivos comunes, en la que siempre los intereses de unos pocos se han establecido como generales.

Por higiene mental, apaguen sus televisores. Lo demás vendrá rodado.

Salud, feminismo, república y más escuelas públicas y laicas.

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2 Comentarios

  1. Cristiano sin saberlo, añora el paraíso perdido, que en su infancia le enseñaron los libros de religión. Cuando piensa en él y lo compara con el mundo de los hombres se indigna y cual profeta airado no dudaría en destruir el mundo por impuro.

    Pero el paraíso nunca existió. Venimos de hordas de monos depredadores, hambrientos y antropófagos que desde la noche de los tiempos se asesinan los unos a los otros para apropiarse de las mejores tierras y de los siempre escasos recursos.

    Si en lugar de comparar el mundo que tenemos con el paraíso, lo compara con el de las hordas, se daría cuenta lo mucho que hemos avanzado.

    Tenemos el mejor mundo de todos los tiempos, y la mejor España de todos los tiempos. En ningún tiempo pasado los monos disfrutaron de tanta paz, tanta igualdad, tanta justicia, tanta comida, ni tanto bienestar.

  2. Tengo una radio estropeada
    y tengo un loro que no habla,
    tengo un mono que no sabe imitar
    y una mosca que no me deja en paz.
    Manolo Tena

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