Los empresarios españoles han convocado una gran cumbre para buscar salidas y soluciones a la crisis que deja la pandemia de coronavirus. El foro que comienza hoy y que se prolongará durante ocho días es una iniciativa digna de ser aplaudida, ya que España solo podrá salir de esta recesión de proporciones bíblicas dejando atrás el cainismo estéril y apostando por la unidad y la colaboración de los diferentes agentes sociales y políticos. Desde este punto de vista, resulta positivo que a la cumbre vayan a asistir miembros del Gobierno y de los sindicatos. El diálogo es el mejor camino para la reconstrucción del país.

Si la cumbre empresarial sirve para algo más que para un posado fotográfico y para firmar un documento de conclusiones contra la derogación de la reforma laboral que prepara el Gobierno solo el tiempo lo dirá. De momento, quedémonos con lo bueno: el espíritu colaborativo y de unidad en la reconstrucción parece haber regresado. Lo cual no es poco.

No obstante, más allá de que estemos ante un foro de la máxima importancia para el futuro de nuestra economía, la prudencia aconseja esperar al desarrollo y contenido de las diferentes reuniones que se han programado para comprobar si esta vez el gran capital va en serio y está dispuesto a arrimar el hombro o se trata de un nuevo concilio bizantino donde se debatirá sobre el sexo de los ángeles (en este caso sobre el sexo del dinero) y poco más. Desde que estalló la pandemia, la patronal CEOE no ha hecho más que confirmar que sigue perfectamente alineada con los postulados económicos y financieros de las derechas española en su intento por derrocar a un Gobierno que no le gusta porque lo considera chavista y bolivariano. De este modo, mientras la plaga de coronavirus arreciaba, el empresariado, la banca y el dúo dinámico PP/Vox formaban un potente bloque opositor al nuevo Nicolás Maduro español (o sea Pedro Sánchez), un club poderoso al que se sumaba alegremente la Iglesia católica, que en medio de la epidemia, cuando el país se llenaba de contagiados y colas del hambre, también dejaba alguna que otra perla ideológica, como considerar despectivamente que el ingreso mínimo vital −una renta imprescindible para que más de dos millones de personas puedan salir de la absoluta pobreza−, era una ayuda para “subvencionados” y aprovechados. Bajo el argumento de que el “programa Sánchez” olía demasiado a socialdemócrata, a intervencionista y rojo, el trío de poderes fácticos no ha parado de intrigar en la sombra contra cualquier medida económica que el Gobierno de coalición trataba de poner en marcha.

Finalmente, la lógica de la realidad se ha terminado imponiendo. El mundo ya no es el que era hace apenas tres meses, las economías globalizadas se han derrumbado con estrépito y ha quedado sobradamente demostrado el fracaso de las recetas neoliberales, inútiles para superar los estragos que deja la pandemia. Si algo nos enseña el drama de las últimas semanas es que el coronavirus se supera con más Estado de Bienestar, con sistemas públicos sanitarios mejor dotados y preparados y con prestaciones sociales fuertes que den cobertura a las legiones de afectados por la recesión. En definitiva, con más intervencionismo estatal y más gasto público. La solidaridad se impone al beneficio a toda costa y al poder omnímodo del dinero; la filosofía política socialdemócrata vuelve a abrirse camino tras años de profunda crisis de identidad; y el viejo eslogan ultraliberal laissez faire, laissez passer  (“dejen hacer, dejen pasar”) −con el que a menudo se denigraba el importante papel del Estado en la economía, invocándose una supuesta libertad total y absoluta de los individuos y los mercados−, ha quedado debidamente desmontado por la crudeza de los hechos. Hoy mismo, una personalidad tan relevante como Kristalina Georgieva, directora general del Fondo Monetario Internacional (un organismo nada sospechoso de filocomunista) daba el visto bueno a las políticas emprendidas por el Gobierno de coalición español en una entrevista concedida al diario El País. “Estamos diciendo a los gobiernos: gasten cuanto puedan, hay que salir de esta crisis”, ha asegurado con rotundidad Georgieva, que tras ser preguntada sobre las políticas sociales emprendidas por Sánchez no ha podido por menos que soltar un eufórico “bravo”. Nadie, salvo Pablo Casado y Santiago Abascal, discute ya que el camino a seguir es el que ha emprendido el Gobierno de izquierdas formado por PSOE y Unidas Podemos. Hasta el FMI alaba las bondades del escudo social, mientras el líder del PP sigue instalado en su no a todo lo que proponga Sánchez, una obtusa intransigencia que a menudo le lleva a incurrir en flagrantes contradicciones. Así, Casado se ha pasado media epidemia criticando el ingreso mínimo vital y cuando le ha llegado el turno de debatirlo en el Congreso de los Diputados ha votado a favor.

La patronal (que puede ser elitista y de derechas pero está formada por gente inteligente) se ha percatado del contrasentido de algunas de las posiciones defendidas por el jefe de la oposición, a menudo coincidentes con las ideas de la extrema derecha de Vox. La cumbre que comienza hoy puede ser un primer paso para dejar atrás la demagogia y el sectarismo que han impregnado la vida política del país cuando lo que tocaba era trabajar todos unidos para superar la lacra de Wuhan. A la reunión ya han confirmado su asistencia Pablo Isla (Inditex), Juan Roig (Mercadona), Ana Botín (Banco de Santander), José María Álvarez-Pallete (Telefónica), Jordi Gual (CaixaBank), José Ignacio Goirigolzarri (Bankia), Luis Gallego (Iberia), José Ignacio Sánchez Galán (Iberdrola), Antonio Brufau (Repsol), Esther Koplowitz (FCC) y Víctor del Pozo (El Corte Inglés). No solo acudirán a la cumbre las grandes multinacionales, también las pequeñas y medianas empresas y los autónomos. Todos los sectores, desde el financiero hasta el energético, pasando por los seguros, el turismo, el transporte, la industria, la agroalimentación, la construcción, la cultura, los deportes y la innovación digital, estarán representados.

“Cada empresario va a plantear no en una mesa, sino de forma directa, cuál es su opinión y lo que piensa que habría que hacer y cómo habría que trabajar para poner en marcha el país”, ha asegurado Antonio Garamendi, presidente de la CEOE e impulsor de este foro de reflexión para la reconstrucción económica. “Es importante que la sociedad visualice que los empresarios y las empresarias están ahí”, ha insistido, al tiempo que reconoce que estamos ante un nuevo tiempo económico. Algo parece estar cambiando. Un nuevo espíritu se abre paso. Lo decía esta mañana el periodista Iñaki Gabilondo, siempre atinado en sus análisis políticos. “Dicho en plata y por derecho: hay en la izquierda quienes ven en el empresariado a la mafia; hay en la derecha quienes ven en el sindicalismo al diablo, al enemigo del progreso. Hay quienes creen que un foro de empresarios es cosa del PP y del ABC; que un foro de sindicalistas es cosa del PSOE, de Podemos y de Prisa. En fin, que no paran de fabricar micro Españas y que se sienten más cómodos en las trincheras, disparate siempre mayúsculo, especialmente grave en este momento dificilísimo”. Una vez más, Gabilondo ha dado en la diana. Ahora falta que la clase empresarial esté a la altura de las circunstancias.

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