El ignorante afirma, el sabio duda y reflexiona (Aristóteles, filósofo griego, 384-322 a C.).

Aunque ya nada sorprende en ella, la presidenta Ayuso no dudó el pasado 6 diciembre en dar un patadón a la historia, con toda la fuerza de la que es capaz. Inauguraba el portal de Belén en Madrid cuando arremetió contra la historia, anunciando que “con el nacimiento de Cristo se fundó nuestra civilización”. Ya tenemos una nueva tesis: nuestra civilización se ha originado con el nacimiento de Cristo. Nos dejó estupefactos con tal disparate un crónico, porque la historia que nos han enseñado no lo dice así. Acaso seamos tan ignorantes que nos quede mucho que aprender, incluidos los historiadores. El oráculo Ayuso acaba de revelar su sabiduría.

Lo exasperante es que no han faltado medios de comunicación para calificar su discurso de profundo. Al hacerse dios hombre, los hizo humanos, por eso hay que celebrar este hecho trascendental. Así nació la civilización que hoy denominamos Occidente y que en otros tiempos era la Cristiandad. Se trata de extensos conocimientos teológicos, antropológicos e históricos de una periodista de profesión, que perdió la fe a los nueve años, el tiempo de hacer la primera comunión. Qué atrevida es la ignorancia.

Otro converso como ella, el ex ministro Fernández Díaz, acudió prontamente en su ayuda para decir que “Ayuso pronunció un breve pero magistral discurso, que merece ocupar un lugar de honor entre las piezas oratorias de los políticos de estos tiempos”. La Encarnación nos hace hijos y hermanos en Dios. Ahí es nada, pero todavía dijo más Ayuso. Definió la Epifanía de Reyes como “la manifestación de Dios a todas las razas”. Esto es así porque católico significa, por definición, universal. Todas las razas, es decir, orientales, blancos y negros. Alguien ha recordado que no se puede confundir razas y etnias, pero ella no se detiene en tales menudencias.

Semejante mezcolanza de opiniones funda un imperialismo cultural en la línea de la Iglesia, que supo succionar a las otras vidas de la historia de entonces, anexionándose todo lo que consideró adecuado. Aprovechó la moral judía para establecer los mandamientos éticos del cristianismo. Desde el razonamiento y la argumentación griega creó la teología. De la jurisprudencia romana promulgó leyes canónicas. Del imperialismo del ejército romano centralizó, jerárquicamente, a la Iglesia. Sincronizó todo y lo aprovechó para sí misma. ¿Qué decir de la fiesta de la Navidad? Fue de origen pagano para celebrar el solsticio de invierno en el norte de Europa. La fecha exacta del nacimiento de Jesús no la conocemos. Los romanos celebraban a Saturno, dios de la agricultura y la cosecha, que duró hasta el siglo cuarto, cuando el Papa Julio I la sustituyó por el 25 diciembre. La verdad es que sólo celebramos tradiciones paganas, qué más da. La cuestión es celebrar, porque así consumimos y disfrutamos de fiestas. Ay, la fe, que mueve montañas. De este modo se ha hecho la historia.

¿De dónde viene nuestra civilización? ¿Cuál es su origen? Sí que lo sabemos, pero conviene recordarlo ante estas figuras eminentes, que no temen tergiversando todo con su vergonzoso desparpajo, lleno de una ignorancia total. La civilización occidental tiene la influencia de culturas diferentes y diversas. Por eso no podemos menospreciar la diferencia, ni rechazar la diversidad, porque de ellas nació nuestra civilización. Sin embargo, hay una civilización destacada sobre las demás, la de la Antigua Grecia, que ha sido la base y el fundamento de nuestra historia, mal que les pese a algunos. Grecia representa el pensamiento de Platón y Aristóteles, y anteriormente de Sócrates. Grecia inventó la democracia, o gobierno del pueblo. Todavía conservan la palabra original todas las lenguas del mundo más de dos mil años después. En Grecia nacieron las polis, o ciudades. Conservamos aún obras de admirable tecnología, como túneles, tumbas o construcciones arquitectónicas. Seguimos leyendo con admiración sus grandes poemas y celebramos los Juegos Olímpicos. Arquímedes sigue siendo un referente y la medicina tiene como su modelo el juramento hipocrático. Los ejércitos griegos nos siguen sorprendiendo hasta en sus derrotas y el discurso de Pericles nos conmueve. Su teatro y sus personajes modélicos continúan entusiasmándonos.

Otro tanto podría decirse de Roma con sus acueductos, conducciones de agua y puentes, que todavía tenemos en nuestras ciudades. Decaería, pero su historia y cultura, más próximas a nosotros, se mantienen. Roma es un Estado civil, pero dentro de ella se encuentra el Estado de El Vaticano. No cabe mayor simbiosis en una actuación impecable de convivencia y respeto, que solo pueden lograr miles de años de historia.

Queda hacer una referencia a los ejércitos musulmanes, que atacaron la Península ibérica en 711 y permanecieron aquí hasta 1492. Ortega escribió con cierta ironía en España invertebrada: “no entiendo cómo se puede llamar reconquista a una cosa que dura ocho siglos”. Luego están también los judíos, perseguidos por la monarquía visigoda y la Iglesia y aliados de los árabes desde su invasión. Trasmitieron la cultura árabe y realizaron una gran labor en la Escuela de Traductores de Toledo. Después serían perseguidos nuevamente y expulsados de España en 1492 por los Reyes Católicos

Todo esto puede borrarse de un plumazo por quien no conozca la historia, ni tampoco la respete. Para ello hace falta una osadía de campeonato y el atrevimiento jamás visto por quienes osan tumbar de golpe la historia. Es uno de los ejemplos más negativos de desprecio a la verdad histórica, tanto si lo ha descrito la presidenta, como sí lo ha hecho algunos de sus asesores. Esto no se lo puede consentir un cargo público, que tenga cierta dignidad intelectual. Que no se pueden escribir ya los relatos que hacía para el perrito Pecas de Esperanza Aguirre, porque ahora se mueve en otra dimensión, aunque siga con su populismo barato.

Alguien ha pensado introducir en la nueva ley de educación Historia de las religiones para ocupar a los estudiantes que no se apunten a Religión Católica. No estaría la decisión tan desencaminada. Mejor todavía: esta sería la única asignatura para estudiar religión, sin privilegiar a ninguna, que podrían explicar los historiadores. Dado el analfabetismo vigente, quizás podría resultar útil. Así nadie aceptaría oír tales barbaridades. Por otra parte, que mal lo tiene que estar pasando Ángel Gabilondo en la oposición, teniendo que enfrentarse a una mentalidad tan obtusa como la de la presidenta de la Comunidad de Madrid. Qué pensara este buen hombre de quien ni siquiera da la talla mental mínima.

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6 Comentarios

  1. No está bien aprovechar que el Pisuerga pasa Valladolid para atacar a Ayuso.

    La tradición cultural griega perduró en el mundo musulmán, mientras desapareció y estuvo ausente en el mundo cristiano durante mil años. Los musulmanes conocían y estudiaban los textos griegos antes que en occidente supieran que existían.

    Las dos grandes religiones dividieron nuestro mundo en dos bloques enfrentados durante siglos y configuraron dos mundos muy diferentes. En esa configuración la religión tuvo un papel decisivo.

    Sin el cristianismo es muy difícil explicar occidente. Como es difícil explicar por qué la tradición griega, más conocida por los musulmanes que por los cristianos, tuvo un desarrollo y una repercusión tan distinta en uno y otro mundo.

  2. No se trata de atacar a nadie, sino de poner en vigor la perspectiva histórica, que recortó Ayuso en su discurso unilateral. Usted mismo habla de dos bloques y no de uno solo. La religión, mejor dicho, las religiones, tuvieron su papel, pero una interpretación tan interesada y populista no es aceptable. Además, la religión católica se anexionó todo por la fuerza: romanos, griegos, judíos, etc. Acabó expulsando a todos para proclamarse única en un pésimo estilo. Esto también hay que saberlo, tanto como que el Pisuerga pase por Valladolid.

  3. Y querían quitar la Filosofía como materia universitaria. Gracias Julián (perdón por la confianza), de nuevo un desarrollo filosófico desmenuza con acierto las barbaridades intelectuales que expresan políticos mentacatos y que algunos asienten.

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