(Ilustración: Jaume Prat)

Apilar i ordenar


Me gustaría entrar al 2019 comentando una de las noticias de arquitectura más importantes del año que, creo, ha pasado demasiado desapercibida. Me refiero a la declaración de los márgenes de piedra seca de ocho países diferentes, España entre ellos, como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por parte de la UNESCO. En estos ocho países, y sospecho que en bastantes otros, el territorio se ordenaba repitiendo miles de millones de veces un gesto tan simple como tomar una piedra del suelo y apilarla al margen de una extensión delimitada que ha de quedar tan limpio como sea posible para su uso agrícola. Pensad en ello: un solo gesto ha sido capaz de ordenar terrenos muy diferentes conectando el territorio con su uso. Posteriormente hemos aprendido a mirar esta obra, valorarla y declararla paisaje. El término paisaje es demasiado afortunado y precioso como para que se use de la manera inconsciente en que se usa actualmente incluso por parte de técnicos encargados de velar por él. Un pequeño recordatorio: el paisaje es una construcción humana. Siempre. Humana y artificial. A veces es tan sólo una mirada sobre un territorio. A veces se refiere a una intervención de proporciones bíblicas. Hablas de ríos anchos o estrechos es paisajismo. Hablar de montañas altas o bajas es paisajismo. A las montañas les de igual su altura, a los ríos su caudal y al viento erosionar o no las paredes de piedra caliza.

En España todo lo que nos rodea es artificial. ¿Montserrat, los Pirineos, el Bierzo y Doñana también? Sí, también. En todos estos lugares hemos de sumar a su consideración de paisaje (consideración artificial ya de por sí) una capa antrópica, es decir, hecha por la mano del hombre, a menudo olvidada. La capa antrópica tiende a olvidarse con una facilidad flipante. Muchos de los paisajes de estos parajes se deben a explotaciones mineras abandonadas centenares o miles de años antes. Pero es que la capa antrópica se puede extender fácilmente a la vegetación y a la fauna. Los bosques no estratificados en altura por especies son siempre artificiales. Es decir, las pinedas de los Pirineos, los hayedos de Navarra, los sabinares milenarios de Soria son completamente artificiales. La presencia de osos o la sobrepoblación de jabalíes o conejos es artificial, tan artificial que no pocos ecosistemas del país entrarían en crisis sin la presencia de los cazadores.

La técnica de la piedra seca ha conformado nuestros paisajes con tal naturalidad que puede llegar a parecer poco antrópica. Su importancia es muy bestia porque no conforma sólo márgenes, sino todo lo que es necesario para servir los campos: barracas, bodegas, caminos. Límites de propiedad. Ha ordenado el territorio con tanta potencia que se han llegado a mezclar con nuestro sistema vegetal. Al mosaico de cultivos separado por márgenes hay que sumar una curiosidad: el mapa de árboles singulares. Fijaos: buena parte de los árboles singulares de nuestro país, aquellos con troncos de muchos metros de diámetro y gran altura y belleza impresionante, están guardados, asociados, fundidos con los márgenes de piedra seca. Y es que, históricamente, estos árboles no se talaban precisamente por estar en los márgenes, márgenes sometidos a disputa que contenían vegetación que, al ser de propiedad incierta, se dejaban crecer a su aire. Cuando la vegetación (y los árboles, por descontado) tienen propiedad se veían sometidos a un sistema de explotación que incluía su tala y el uso de la madera fuese en construcción, fuese en el mismo campo, fuese en la calefacción. Los márgenes de piedra seca eran las venas que daban continuidad al territorio.

Justo lo que no tenemos ahora. En España, con más del 50% de sus poblaciones amenazadas de extinción, menos que en cualquier otro lado de Europa. Pensemos en nuestra estructura territorial actual. Ciudad-suburbios-tierras de nadie-campos mayormente amenazados por la obsolescencia de su producción, por su consideración de parque temático o, simplemente, por su olvido. Por no hablar del desprestigio asociado a los paisajes productivos(1). La desestructuración de nuestro territorio empieza a ser un motivo serio de preocupación, porque este desequilibrio afecta tanto a la población como a su calidad de vida.

Quizá un ejemplo en positivo ayudará a entender lo que estoy hablando. Pensemos en los Estados Unidos de América. Su primer presidente, George Washington, es militar, y asegura la viabilidad del país. Su segundo presidente (antes vicepresidente del primero), John Adams, es el jurista que afianza su constitución. Su tercer presidente será Thomas Jefferson. Jefferson es arquitecto. Su proyecto más importante se llama Estados Unidos de América.

La ordenación territorial de los EEUU es un proyecto de arquitectura. Jefferson, hijo de su tiempo, cuadricula los estados a escuadra y cartabón. Construye las fronteras. Si superpone una red de carreteras eficaz, carreteras que surcan el país de norte a sur y de este a oeste. También una de ferrocarriles, y una de ciudades, y un mosaico de cultivos, y los parques naturales y mil etcéteras. Actualmente esto está construido. No vayáis al mapa geográfico de los EEUU: id a Google Maps. Está construido. Y, con todos los defectos y todas las críticas que se les pueda hacer, funciona. No sólo ha creado un paisaje singular perfectamente reconocible incluso para quien no haya estado jamás en el país. También ha conseguido que incluso en tiempos de Donald Trump el país sea el principal productor de O2 mundial. Sí: los Estados Unidos de América producen más oxígeno que el Amazonas.

En Europa esto no se da. Nuestro paisaje está, de momento, indefenso, y carece de una visión conjunta excepto, quizá, en parajes como los Países Bajos o la Toscana o excepciones así. En el resto, demasiadas tierras de nadie.

Catalogar, calificar, valorar los márgenes de piedra seca no sólo es una buena noticia por lo que significa de preservación del paisaje que esta cultura ha creado. También es un buen momento para recordar que es esto lo que nos falta y que necesitamos ponerlo al día. Es urgente.

 


(1) O si no pensad en la ausencia casi total de turismo que se da cuando el campo rinde, como en las regiones de regadío extensivo o de olivo. Ya no hablemos de los paisajes de cereal.

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Arquitecto. Construyó hasta que la crisis le forzó a diversificarse. Actualmente escribe, edita, enseña, conferencia, colabora en proyectos, comisario exposiciones y fotografío en diversos medios nacionales e internacionales. Publica artículos de investigación y difusión de arquitectura en www.jaumeprat.com. Diseñó el Pabellón de Cataluña de la Bienal de Arquitectura de Venecia en 2016 asociado con la arquitecta Jelena Prokopjevic y el director de cine Isaki Lacuesta. Le gusta ocuparse de los límites de la arquitectura y su relación con las otras artes, con sus usuarios y con la ciudad.

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